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Octavio y Montxo, en Lagun








En estas "Crónicas", que yo remitía al diario a finales del pasado siglo, -de ahí el título-, voy argumentando sobre las notas y noticias curiosas de aquí y de allá, a veces tremendas, como el capítulo del terrorismo que tanto nos marcó, donde tantas personas murieron, todo para forzar la independencia, lo que ahora se debate en Cataluña como si de cualquier otro asunto se tratase. Coincide en aquel momento, la muerte de Octavio Paz, la presentación del libro "Herejías Vasco-Navarras", del escritor Montxo Goicoetxea, -ya fallecido- y la conjunción de ambos en una librería siempre presa de las iras de los vandálicos: me refiero a la librería Lagun de San Sebastián.




Froilán De Lózar
Publicista



A últimos de Noviembre de 1997 la agencia "France Press" anunciaba la muerte del escritor mexicano Octavio Paz.

Mientras tanto, en Pamplona, arropado por el parlamentario de Herri Batasuna Patxi Zabaleta, presentaba su libro "Herejías Vasco-Navarras", el escritor Montxo Golkoetxea, de 61 años, quien señaló que, "esta obra donde se dilucida sobre el concepto de vascos y navarros-, constituye su testamento político". Repuesto de una grave enfermedad, este escritor que ha pasado ya por multitud de redacciones: "Diario Madrid", "La Codorniz", "Punto y hora", "Deia", "Egin", "Radio París... recuerda en este libro la respuesta de Manuel Aznar Zubigaray, abuelo de José María Aznar, a la "Gaceta del Norte", cuando le entrevistó en 1968: "Yo soy vasco de Navarra", dijo aquel periodista de Etxalar, que llegó a ser embajador de Franco en la ONU. Mientras temblaban algunos teletipos recogiendo a una velocidad de vértigo la larga trayectoria del Nobel mexicano, este tudelano, que publicó junto a Chumy Chúmez el libro "H de humor" y a quien el franquismo le censuró su libro "Viaje a la España franquista", después de una larga vida gastada en las publicaciones abertzales, vuelve para pedir a la organización terrorista que delegue en HB la negociación del futuro de ambas sociedades.

Este tipo de actos que, sin duda, dejan indiferentes a las partes más fanáticas, y a las partes más alejadas para quienes todo lo que se mueve en ese entorno representa lo mismo, nos vienen bien a quienes nos encontramos en medio, porque a la postre, son otros hombres, con otros pensamientos, los que están pidiendo a quienes piensan casi como ellos que es necesario e imprescindible dejar las armas para entablar conversaciones, amén de lo que ya dijo o diga mañana monseñor Setién.

Frente a un escritor conocido y reconocido en el mundo entero como es Octavio Paz, un autor navarro por cuyas manos habrán pasado alguna vez, seguramente, los textos del primero, de pensamientos muy alejados a los de él, pero, al fin y al cabo, un punto más de referencia para encontrar los nuestros. Y en medio, justo en medio también, María Teresa Castell, propietaria de la Librería Lagun, de San Sebastián, galardonada este año (1997) por el Gremio de Editores con el Premio al mejor Librero del Año.

Un gran escritor que sonríe ante su propia muerte, un escritor local que defiende la provincia y que pide la paz y una librería que da cobertura a ambas historias, frente a quienes sólo viven por y para las suyas.

No es fácil renunciar a la palabra cuando bulle dentro de un maremoto de preguntas. Hay demasiada gente pendiente de una estela como la de Octavio Paz, esperando que muera para dar la noticia antes de que amanezca.

Hay muchos columnistas como Montxo, que desde diferentes tendencias políticas han venido desempeñando su labor en silencio, arduo silencio, ¡ncomprendidos muchas veces, enfrentados a muchas dificultades, pero firmes en un propósito loable como es de la Paz, que se escribe al final, entre líneas. Y al fondo, una Iibrería, Lagun, que no sabe de ideologías, que vende a izquierda y a derecha; historias de autores de todas las tendencias. Pero, sobre todo, que vende amenazada, en una tierra marcada por cócteles molotov y botes de pintura, por individuos que desean arrasar todo el legado cultural, como en Alejandría.

"Yo creo que no hay que morirse, -dijo Octavio Paz en Televisa-, pero si uno se muere hay que hacerlo a tiempo y sonriendo. La sonrisa es indispensable. Los portadores de augurios fúnebres jamás saben sonreír".

Escribamos. Leamos. Sonriamos.

________

Nota: 
Una selección de las crónicas deportivas y políticas de Francisco Cerecedo, de humor de Moncho Goicoechea y de las viñetas de Chummy Chummez, publicadas en el diario 'Madrid' desde 1967 a 1971, fueron editadas a mediados de 2007 por la Asociación de Periodistas Europeos y la Comunidad de Madrid.

Miguel Ángel Gozalo, que fuera subdirector del diario "Madrid", dijo a propósito que los escritores recordados en las publicaciones "tiene en común dos cosas: que los tres se han muerto y que coincidían en hacer un periodismo con calidad y humor".





Cuaderno de @Froilán
De la sección del autor "La Madeja", para "Diario Palentino" y Globedia.

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