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Felipe II, el Largo




Alfonso Pascal Ros
De Reyes de un Reyno, Pamplona, Diario de Navarra, 2008. Reeditado el mismo año.




Felipe, "El largo" (1316-1322) Dinastía Capeta
Un rey que no quiso conocer su reino


Hitos:
1316. Felipe II el Largo (1294-1322), rey de Navarra (1316-1322) y rey de Francia como Felipe V.
1318. Separa del trono a Juana, hija de Luis, para imponer la línea masculina.
1319. Presta juramento en París como rey de Navarra.
1322. Muere Felipe sin descendencia y le sucede su hermano Carlos I el Calvo.

Digno hijo de su padre, Felipe el Hermoso de Francia, y digno hermano de sus hermanos, Luis I el Hutín y Carlos I el Calvo, y rey maldecido como ellos, se repite más de lo mismo con el nuevo capeto, y Felipe hace de su capa real un sayo, sentando precedentes de ley Sálica en el trono de Francia y usurpando el de Navarra, todo en detrimento de su sobrina Juana, hija de Luis I el Hutín.Sería porque la soberbia se le había multiplicado por su nueva condición que en 1317 remite misiva al gobernador de Navarra para convocatoria de Cortes y que se le envíen allí, a París, como si fueran recaderos, a diputados que le juren fidelidad para que él les jure ser su rey pero todo, eso sí, sin moverse de Francia. Y será que los navarros de entonces se calentaron y esperaron dos años a que se les pasase el calentón, contribuyendo a la calma las buenas maneras del nuevo obispo pamplonés, Arnaldo de Barbazán, porque fue ese tiempo, dos años, el que tardaron en dar la respuesta a su real carta y que sí, que vale, que le ponían en ruta a cuarenta y pico procuradores y al obispo para la jura y aunque era momento y oportunidad, llegados a tan singular presencia le tomaron juramento pero callaron sin echarle en cara que Juana representaba la sucesión directa y, aunque era niña menor de edad, una cosa era entronizarse como regente y otra como lo hacía él, Felipe, con el taburete de Navarra en propiedad y sin ampararle ningún derecho, porque si en Francia la ley Sálica valía desde entonces bajo el feliz argumento de que una mujer no hereda regir Francia, aquí no. Pero sería por no complicar más las cosas con líos de regencias, o por no hacer más sangre con la infidelidad de la estrangulada Margarita de Borgoña y la bastardía en entredicho de Juana, que silenciaron discurso de contrafuero y así siguió el monarca de Navarra dirigiendo a Navarra a larga distancia, carta va y carta viene, como la remitida para sostener a los de Viana en sus fueros, usos y costumbres, por ser fronterizos y advertirse alguna perturbación por la parte de Castilla.

Prueba de cómo se las gastaba Felipe el Largo, y de que mejor que el vulgo no le viera por aquí, fue la manera en que se manejó con los leprosos. Lepra y peste fueron grandes plagas en la Edad Media y los leprosos eran considerados infieles, castigados del cielo con la lepra por ser pecaminosos en los actos sexuales y de pensamiento, desgraciados que debían llevar la cabeza sin pelo y amordazada la boca, heréticos a los que se daba oficialmente por muertos aunque estuvieran vivos, muertos en vida, enterrándoles aparte cuando les daba por morirse de verdad, más que suficiente para que Felipe, en un periodo de hambruna, acusara a los leprosos de una conjura para hacerse con el poder, cuando lo único que reclamaban era vivir más dignamente, y de contaminar con sus labios el agua de los pozos y las fuentes de Francia, dictando edicto para que se les quemara vivos a todos por delito de lesa majestad, cumpliéndose en París el fuego en cientos.

Poco antes se había producido también la matanza de “pastores”, bandas de campesinos a los que se sumaban ladrones y prostitutas, mendigos y excomulgados que asolaron Francia por culpa del hambre y que se lanzaron a matar judíos, a los que Felipe ordenó proteger, que también hay textos que le señalan como buen rey para Francia, que unificó moneda, pesos y medidas, favoreció la labor de la Justicia y la liberación de siervos para reinar sobre un país de hombres libres y que si la emprendió con los leprosos fue porque no tenía como su padre un chivo que ofrecer a sus vasallos, que Felipe el Hermoso lo mismo descargaba culpas sobre los templarios, que sobre el Papa, que sobre los judíos.

Fuese como fuese, que según qué libros y para quién una visión u otra, tras varias fiebres altas y disentería falleció el Largo de muy larga enfermedad, quizá por haber bebido de aguas impuras, y para Navarra lo mejor que cabe decir es que en el reino y en sus fronteras durante este reinado no ocurrieron grandes cosas.




Alfonso Pascal Ros, nació en Pamplona en 1965. Colaborador en publicaciones de turismo sobre Navarra en la editorial Everest. Javier del Cura, dirigió su primera obra teatral breve (“El legado”) estrenada en la III Semana del Misterio de Obanos (2005). Froilán tuvo tiempo de llevarlo a los útimos números de la Revista Pernía y desde entonces la amistad ha ido creciendo entre ambos.


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