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El cosmócrator

( II.2) SIMBOLOGÍA CRISTOLÓGICA

El Cosmos se representa con un doble valor, por una parte, en sentido físico, terrenal, diríamos, con el círculo del Menologio, los vientos cardinales, el sol, la luna y su camino por la vuelta celeste con el año, tiempo concreto terrenal. Pero otra parte, tiene un sentido eterno, más amplio, al estar presidido por el Pantócrator. El tiempo es, ahora, eterno, la imagen de Cristo-cronócrator coincide con el l´Aion griego rodeado del Zodíaco.
En la Alta Edad Media, el ritmo cósmico, la alternancia del día y la noche, de los meses y las estaciones, marca el trabajo y la vida del hombre. La realidad se vuelve cosmoteándrica y lo oculto, lo velado, ahora se revela en las Escrituras y en la Creación. Son las dos vestiduras de Cristo.



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El pantócrator

( II.1) SIMBOLOGÍA CRISTOLÓGICA


Es el Señor de la Creación, ordenador del tiempo y del espacio. El mundo en su último grado de manifestación. Pero como Él no pertenece al mundo, se le separa por la almendra mística que le rodea y sobre la que posa los pies. A su alrededor se disponen los cuatro vivientes, asimilados desde el principio del cristianismo a los cuatro Evangelistas. Son los cuatro elementos de la Naturaleza, las cuatro direcciones cardinales, el Mundo dominado por Cristo. Son el Mundo, la Naturaleza, el Cosmos y los que anuncian la Buena Nueva. El Pantocrátor y los tetramorfos unidos, simbolizan toda la aventura humana pendiente de la Divinidad. 



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La torre campanario

(I.14) SIMBOLOGÍA ARQUITECTÓNICA.

Siendo anterior, más antigua y de primicial objetivo distinto, ceden su nombre a su posterior uso, pues como bien sabes, se erigieron como torres de defensa (de ahí su solidez y forma), altas y anchas, como puntos de vigía, allá por el S.VII y, sin embargo, el origen de las campanas que alberga y que le dan nombre, no data hasta un siglo después.

Yo creo que es una construcción típica medieval; expresión de una época en que el fervor religioso se traducía en todas las grandes obras del hombre, y que aquellas agudas torres de piedra o de ladrillo, no eran sino símbolo del intento por acercarse y glorificar a Dios, de pedirle su bendición. Los primitivos campanarios románicos se hallaban en entrantes en los muros, pero las vibraciones de las campanas, terminaron por agrietar y derrumbar la estructura. Por eso, en Francia, los más antiguos, serán construcciones exentas, como torre albarrana del templo.

Muchas son sus formas, encontrándolos con base circular, cuadrangular, rectangular, hexagonal, octogonal y aún cambiando de forma de la base a los cuerpos superiores. Los hay que terminan en agujas, en pináculos o terrazas, en campaniles o en modesta espadaña premonstratense sobre el propio tejado e, incluso, adosados, como en el Serralbo.


¿Su simbología?. Tan diversa como su forma, número, posición y material. Para unos, eje axial que conecta los centros de los estados existenciales; para otros, verdaderas torres de Babel expresivas del vano orgullo humano y rivalidad magnificente, señal de poder, lujo y vanidad. Para mí, en definitiva, "inmortales ojos que miran al infinito…".


La torre es símbolo de poder, de fuerza. Equivalente fálico… Que el resto del mundo sepa que aquí estoy yo y que puedo. Después, se le añadieron campanas e incluso horribles altavoces de color gris perla, por los que como en el cuento de “Los Tontos” (también de Cela) babean pasodobles cuando llega el vendedor ambulante de turno. Plegaria vertical que apunta más allá de nuestra bóveda. Gnómon pétreo que cual obelisco testifica con su alargada sombra por dónde anda el dios Sol en su recorrido por el mundo de los vivos antes de volver a morir como cada día. Refugio de cigüeñas, francotiradores y arrojadores de cabras para deleite tradicional del ¿respetable?...La torre. ¡Que gran motivo para nuestras cámaras!.

Al final va un elegido muestrario:
Torremormojón: Recia y de aspecto militar dominando la llanura de Tierra de Campos. 
Tahull: poema en piedra. Capricho lombardo.
Al pie hay una iglesia, Lárrede

¿Quién voceó desde estos vanos rehundidos?
¿A qué Dios invocaba?.




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Ornamentación exterior: los canecillos

(I. 13) SIMBOLOGÍA ARQUITECTÓNICA.


Son el lugar privilegiado de expresión de los maestros constructores, por su colación alta y su aparente insignificancia. En ellos se explayan con total libertad, sin reservas, plasmando sus símbolos, su mundo y a ellos mismos.


Se retratan en forma de perros (de ahí su nombre) por obedecer a la voz de su amo, el maestro constructor; de monos, en el caso de los aprendices, porque deben imitar a los compañeros sin saber todavía muy bien lo que hacen (como el burro flautista o arpistas que también hacen música o tallan sin saber cómo) o de lobos solitarios (el maestro).

Aunque actualmente nos resulte extraño relacionar un cantero con un perro, es la asociación retórica más importante. El juego de palabras " canto=cantero=can" junto a los hábitos de vida de los trabajadores de la piedra, propiciaba esa mutua identificación. Un can, aparte de ser el mejor amigo del hombre, es también un guijarro o trozo de piedra. Un can labrado es la parte más sobresaliente de la moldura que carga una cornisa. Es una piedra esculpida, un perro adiestrado. Cuando un can o un trozo de piedra caía por accidente y dañaba una de las extremidades del cantero, se decía que le "había mordido" la mano o el pie.

Si el can aparece rascándose la cabeza, se trata del maestro de obras, ya que se le atribuye más razón que intuición.

Si retorciéndose sobre sí mismo o lamiéndose el trasero, es el maestro escultor, que es capaz de llegar a cualquier rincón para plasmarlo con su imaginación.

Si el can lleva una piedra en la boca, se tratará del aprendiz, la piedra bruta que le ha hecho recoger el maestro para que la pula con su trabajo.


Por tanto, en los casos que el cantero se represente en el canecillo sujeto a figuración, siempre será reconocido por los instrumentos con los que se retrata (cincel, puntero, pico, maceta, etc).

Pero siempre quedará la libertad como grito de su pensamiento.



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Ornamentación interior

(1.12) SIMBOLOGÍA ARQUITECTÓNICA.




El Románico es un arte sublime. Su concepción teológica se encuentra en perfecto acuerdo con el sentimiento estético y su simbología establece hasta la jerarquía del lugar y tema. En nuestro Templo, seguiremos la jerarquía ascendente que contribuye a acentuar su imagen cósmica. Distinguiremos tres zonas: una, el Cielo, otra reservada para los Misterios de la vida de Cristo y la inferior para los mártires y confesores. Los serafines, a cierta altura, en las pechinas, de tal manera que la cúpula aparezca aún más ligera, sostenida por sus alas. O también, la representación de los cuatro evangelistas, o de los cuatro Misterios centrales: Anunciación, Nacimiento, Bautismo y Transfiguración.



En el punto más elevado, la cúpula, el Pantocrátor, inmóvil, perdido en el seno de esa inmensidad, sumergido por el infinito en el corazón de ese espacio ilimitado y deslumbrado por la luz, material y mística que irradia de la cúpula. Y en el ábside, la Virgen María. Finalmente, en los planos inferiores, los mártires y santos, quienes, como símbolo de iniciados, abren la vía que conduce al Padre, mediante su vida ejemplar.




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La luz

(1.11) SIMBOLOGÍA ARQUITECTÓNICA

Ascendamos. Ayúdame, amigo/a, a encontrar la Luz.


Es elemento "arquitectónico" para el constructor del románico que intenta hacerla "pasar" por tres ventanas en el ábside significando que, como la Trinidad, entran tres haces de luz pero la luz es una sola, y al penetrar sobre el altar a hora prima, asemeja lux mundi, con lo que el fiel que entra al templo se siente sobrecogido por la iluminación, deslumbrado por la luz, material y mística; esa mística en que la inmaterialidad humana impide el acercamiento a la luminosa inmaterialidad de Dios, y por ello todos los recursos técnicos y estilísticos se combinan en una forma que tiene como fin elevar el alma del espectador a Dios.

Por medio de la luz adquirimos, aprehendemos y comprendemos el mundo, porque ella da carácter a la objetividad del espacio. No lo determina, sino que determina el espacio que de él tenemos ya que nada hay en la oscuridad que pueda convertirse en verdadero.


La luz del sol se derrama constantemente como un bien inefable, hace vibrar la materia, le da vida. A través de ella tomamos consciencia de su transcurrir sin pausa; de su linealidad y comportamiento cíclico, pero no sólo la luz; es necesaria la materia iluminada frente a la sombra.

La luz en el Románico, conscientemente utilizada como recurso arquitectónico, es capaz de emocionar. Hacer vibrar el espacio y lleva al hombre a estados de ánimo que trascienden lo ordinario.

" Arquitectura sine luce, nulla arquitectura est". Interesa su simbolismo en las construcciones del templo porque contiene valores imperecederos que van más allá del aspecto externo, capaces de perseverar en la incertidumbre del transcurso de los tiempo del alma.


Y el constructor del templo se vale de ella. Unas veces como luz cenital abriendo un hueco en el plano horizontal del techo para vaciarla sobre la nave; otras, la luz panthei sacralizando el espacio divino previo profundo nártex para permitir su acceso mediante el óculo de la cúpula que hacen convertirla en un cilindro de luz sólida sacralizando el espacio con un milagro inmaterial como aquella cegadora que tiró del caballo a San Pablo; una luz de orden divino que nos desarma porque trasciende a lo eterno. La luz transversal, que se tamiza por los huecos verticales de los muros del ábside llenando el espacio más sagrado, el tabernáculo, de un potente fogonazo trinitario, o la luz mística, dramática, efectista, que pone el foco en el ábside principal sacralizando el espacio con decidida voluntad escenográfica.



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La cripta

( I. 10)  SIMBOLOGÍA ARQUITECTÓNICA.


Bajo el altar, la cripta. Hay que arriesgarse como los antiguos cristianos que sobreviven en ese momento histórico de tinieblas y catacumbas. Descendamos a ella como para penetrar en nuestra propia alma-personalidad. Bajemos lentamente los escalones que ingresan en el submundo de nuestro cuerpo sutil e íntimo, pues ahí habita la revelación de las verdades por conocer.

Gruta natural y no obstante fruto de la mano del hombre.

Mejor sería denominarlas “templos inferiores”. Símbolo del mundo de ultratumba, necesario para regenerarse y renacer al nivel superior, a la luz. Caverna alquímica. Funeraria, pero al tiempo iniciática. Punto interno y central, centro espiritual. Corazón del templo interior donde se efectúa la comunicación con todos los estados superiores ( supraterrenales) e inferiores (infernales).

La cripta simboliza la raíz del universo – entendido este último como el conjunto del templo –; aquello oculto que origina la vida de todo el conjunto, pues no en vano su etimología griega significa “esconder”. Simbólicamente la tierra es la madre de todo lo viviente, de ella surge toda vida y a ella regresa.


Ni siquiera la cripta de San Antolín de Palencia, que en efecto está bajo el nivel del terreno pero que posee unas delatoras ventanas que hoy no dan a parte alguna y que en su momento si tendrían función, por estar el nivel del piso más bajo que en la actualidad.


Camino de la salvación de los asistentes, desde la oscuridad del infierno del templo inferior a la gloria dorada del superior.

"Sabe tú que este Agni, que es el fundamento del mundo eterno y principial, y por el cual éste puede ser alcanzado, está oculto en la caverna ( del corazón)".




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El altar

( 1.9) SIMBOLOGÍA ARQUITECTÓNICA.

Expresión máxima del sincretismo e hibridación del románico y resimbolización de constantes en antiguas religiones universales (desde el altar nicho de los lares romanos de PORQUERAS en la gerundense Bañolas, hasta el altar baldaquino de los hislanis persas en la soriana SAN JUAN DE DUERO).

Lugar de culto en todas religiones. Mesa de sacrificio, pero también donde se reúne el colegio apostólico de compañeros iniciados, de alimento y libación e institución eucarística.

Símbolo de lo celeste, de lo telúrico y de lo místico. Instrumento de ofrenda y libación a la divinidad pagana; de sacrificio cruento, o escenario de transfiguración eucarística. Monte Tabor de transmutación mística del Pan y Vino en Cuerpo y Sangre. Lugar de encuentro con la divinidad, en definitiva.

Construido sobre piedra (“ Simón, yo digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”) no labrada " porque al picar piedra con el escoplo queda profanada" (Ex. 20,25) y no debe ser contaminado por el trabajo del hombre, sino permanecer pura y virginal y consagrada según rigurosas Ordines con su lipsanoteca.

Mesa, en fin, sostenida por CUATRO columnas (símbolo totalizador de plenitud que se espiritualiza con lo soportado, pues 4 son los elementos vitales,4 los ríos del Edén, 4 los puntos cardinales, 4 las fases lunares, 4 los ciclos vitales, 4 los Evangelistas...) y dirigida hacia la salida del Sol. Ubicado en la cabecera, antesala del cielo, lugar redondeado y perfecto reservado para el sacrificio y renovación de la alianza y que, como en el abrahánmico (capitel de la portada de la Catedral de JACA) simboliza la humilde resignación al destino personal determinado por Dios.


Mantel blanco que evoca la sábana que envolvió el cadáver del Inmolado; cinco cruces incrustadas en su piedra, cinco llagas; y las Virtudes como peldaños necesarios para acceder.
 


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La cúpula

(1.8) SIMBOLOGÍA ARQUITECTÓNICA.


Cuatro arcos que se enfrentan entre sí. Surgen cuatro triángulos, paños, que se cubren con plementería. Unas veces sobre tambor dividido por pilastras, losería o bandas lombardas y arquerías ciegas; otras, sobre trompas y pechinas: Lo cuaternario (trompa) símbolo de lo terrestre, y lo ternario (pechina) símbolo de lo celeste, armónicamente conjugado, dotándola de una imagen como suspendida en el aire y desprovista de toda gravidez. Si la bóveda representa el cielo, la Cúpula es el alto cielo, el Cielo de los cielos, el cielo visible que, como velo, separa el mundo presente, Tierra, del mundo futuro, Cielo.

Estamos llegando a lo más alto de nuestro templo. Y en uno de los puntos críticos del mismo se alza la cúpula. En los más antiguos templos, el paso del cuadrado al octógono se resuelve por medio de trompas como en el bello lugar de Santa Eufemia de Cozollos (María Bustamante insiste en que no es Cozuelos, sino Cozollos). En muchos templos, como en el que cito, en el arranque de las trompas se hallan esculturas de los cuatro Tetramorfos. Mirar hacia la cúpula es contemplar un Pantócrator, en el que la imagen de Cristo en majestad se sobreentiende en la propia esencia de la bóveda, “El cielo de los cielos”.

En alguna ocasión el sistema de trompas es doble, como en Loarre donde el arquitecto volcó todo su arte en la vertical, porque no le cabía un templo de tres naves en la angostura del precipicio. Mas tarde, soluciones copiadas de modelos bizantinos resuelven la cuadratura del círculo por medio de pechinas. Y es obligado disfrutar de la que hay en Zamora, aunque nos acabe doliendo el cuello de mirar a lo alto. Y hay que considerar cómo aquellos “compañeros constructores” las edificaron. También necesitaron de una cimbra, en forma de media esfera esta vez; y colocaron hiladas concéntricas de piezas en forma de cuña, con el mortero.


Giros y giros cada vez más pequeños (¿no será el laberinto?) hasta que la última de las piezas, la piedra angular, la clave, cierra el conjunto ("Este Jesús, a quien crucificasteis, es la piedra rechazada por vosotros los edificadores, la cual ha llegado a ser la cabeza del ángulo", Hec. 4,11).




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El capitel

(1.7) Simbología arquitectónica



Encima de la columna, hacia abajo, todavía terrenal pero encaminado ya hacia el cosmos. Es en esa esfera donde se desarrollan los contenidos de la escultura románica. El capitel románico es derivado del corintio clásico, en origen decorado con motivos vegetales como la hoja de acanto. Su función es doble, estructural y decorativo-docente. En lo funcional, punto de transmisión de cargas de bóvedas y arquerías hacia el suelo. Simbólicamente, elemento interpuesto entre la bóveda celeste y el sustento del templo, a imagen de los intercesores celestiales. Adosados al muro, nos muestran, como el iceberg, solo una parte del bloque en que se labraron. El resto se hunde en el muro, a tizón, contribuyendo a la trabazón de sus tres capas y sirviendo de apoyo “per se” a la carga que en él converge de tal modo que aunque se elimine el fuste, sigue ejerciendo su función. Exentos, sobre lo alto de una pilastra cilíndrica, magníficos, al modo de lo visto en la catedral de Jaca. Múltiples, como los que coronan los machones de un claustro… De una u otra forma, y de su decoración inicial vegetal, sirvieron en la época románica como excelente “percha” (junto con tímpanos y la decoración pictórica) para difundir las ideas del Nuevo Testamento. También ideas profanas así como un sinfín de seres monstruosos que agazapados en lo alto de las columnas y en la penumbra del templo aun nos infunden un cierto escalofrío.



 Plenos de simbología, quizá por ello, la reforma de la reforma, los alisó (¡Cuidado!) o a lo sumo decoró con leves motivos vegetales o geométricos deviniendo de nuevo en meros transmisores de cargas. Evolucionan pues desde el primer románico, sin decoración, meras zapatas de apeo, pasando por la fase exuberante del románico pleno y declinando con el Cister llegando a perder incluso su forma en favor de grandes ménsulas embebidas en el propio muro.




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La columna

(1.6)  Simbología arquitectónica

La columna sustenta la bóveda, forma simbólica del universo donde vive Dios y entre estos dos elementos, como elemento intermediario entre el soporte y la carga. Son los pilares de estriba del empuje vertical de la bóveda. Los hay circulares, cuadrifolios, cruciformes, embebidos y fasciculados. 


Mientras alguien me explica su función sustentante de muros de las naves laterales y cubierta y el por qué de una solución constructiva u otra, simbológicamente anoto su sentido topográfico y principial de verdadero ómphalos, que a la vez que separa, une como un puente conectando todos los estados existenciales. El pilar es el eje vertical del templo que permite transitar desde el suelo a la bóveda, desde el mundo terrestre al celestial; es un axis mundi, un Pilar Cósmico, una verdadera Escala de Jacob, es decir, un Centro.

Es sabido que por lo general no se empieza la casa por el tejado, sino por los cimientos y por las estructuras de apoyo de las cubiertas que hayan de generarse. El buen maestro de obra tiene esa idea clara en su mente, desde antes de iniciar la misma. Sabe cuál ha de ser el resultado final, y dispone pilares, pilastras, muros y contrafuertes de acuerdo con su planteamiento general. Pues bien, prescindid de mirar las bóvedas y fijaos solo en los elementos de apeo vertical. Según sea su hechura y sección, deducid cómo debió de imaginar el magíster el resultado final de la bóveda. Después, levantad la vista y evaluad el resultado.

     
Este ejercicio, en muchas ocasiones no va acompañado de la “solución al problema”, ya que por diversas circunstancias la hechura de la bóveda ha variado del proyecto inicial. Puede ser que por derrumbe, incendio, demolición para adecuarla a los gustos cambiantes del arte, o por que se cambiase el inicial planteamiento a mitad de su ejecución. En el Alto Aragón no son infrecuentes las estructuras en las que hallo pilares de triple arista y cuando levanto la mirada, hallo que la central que había de generar la bóveda de arista, se trunca y da paso a un sencillo fajón adecuado a medio cañón como solución de compromiso. Es el caso de la cripta de Samitier, o la nave de Toledo de la Nata, entre otras. Obras iniciadas por maestros lombardos, con su bagaje de recursos técnicos, que por algún motivo las dejaron inconclusas y quienes las acabaron, hicieron buenamente lo que sabían hacer. Otras veces son columnillas adosadas a pilastras, rematadas en capitel que no recibe ningún apeo y que debió de continuarse con nervaduras… Mirar viendo no es fácil. Pero también se aprende. Y llega un momento que te das cuenta, no de lo que hay, sino de lo que debía de haber. Entonces es mayor la satisfacción personal, y el número de fotos a esa estructura que no está. Se detiene el tiempo y uno entra en comunión con aquél anónimo magíster.




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El pavimento

(1.5)  Simbología arquitectónica 

Superada la pila, reparo en el pavimento. Unas veces cubierto de losas; otras por pequeñas lajas de piedra; más raramente de mosaicos; mayoritariamente, por humilde, tiene el suelo de tierra apisonada que se cubre con esteras. Y reparo en que mis pies están en contacto directo con el suelo como parte más impura del cuerpo (el pie desnudo del Pantocrátor refiere libertad de cualquier contingencia temporal).


En ocasiones, sobre el pavimento existe trazada, incrustada, tallada o dibujada la representación del Laberinto... . ¿ Permite o impide el acceso?. No todo el mundo puede entrar a determinados lugares. Sólo los “cualificados” podrán recorrerlo. Los otros, se verán impedidos de penetrar o se extraviarán. Es “selectivo”, pues representa la admisión o no a la prueba iniciática e incluso en determinados santuarios y para determinados grupos ( los masones), no es sólo acceso, sino que se erige en la prueba misma del ritual.

También es “peregrinación”, como cuando se trazan en las lajas del suelo de ciertos templos. Hacer el camino del laberinto de Chartres u otras catedrales, sobre todo si se hacía de rodillas, equivalía en la edad Media a hacer la peregrinación a Jerusalén. Aunque se recorría tan solo una distancia de doscientos sesenta metros, este camino duraba una hora si se hacía de rodillas, el tiempo que se tardaba en recorrer a pie una legua, o cuatro kilómetros y medio.

Como “medio de protección táctica y/o ritual”, pues no sólo se utilizará para confundir la entrada a los enemigos humanos, sino contra los influjos psíquicos hostiles en las marchas laberínticas o danzas rituales apotropaicas...

No sólo en Creta sino en la India y Egipto se ha dado el espacio mitológico y simbólico que conocemos como el Laberinto. Herodoto visitó un laberinto, allá por el siglo V a.C, en Egipto, que siglos más tarde describiría Plinio en su Historia Natural. Los laberintos sagrados solían tener un solo camino que lleva a un viaje al interior a través de sus meandros. Son los llamados unicursales, frente a los multicursales, que presentan diversas opciones al caminante, aunque una sola lleva a la solución. También se han encontrados laberintos en los mosaicos de los suelos romanos. En el cristianismo abundan los laberintos pintados en los suelos de las iglesias. El más antiguo conocido es el de la basílica de San Reparado en Orleansville, en Argelia, del siglo IV. En el suelo de la catedral de Chartres hay un laberinto de un solo camino de doce metros de diámetro. Estaba formado por doce anillos concéntricos en los que discurría el camino formando meandros hasta llegar al centro que formaba un rosetón. Otros laberintos se encontraban en los suelos de las catedrales de Amiens, Arras, Auxerre, Bayeaux, Poitiers, Reims y Sens. Pero la mayoría fue suprimida durante el siglo XVIII. El de Chartres lo fue en 1825. Laberintos se encuentran en Italia en Santamaría di Trastavera en Roma en la catedral de Lucca. Los hopos de Norteamérica tenían el laberinto de los siete caminos que se relacionaba con la diosa madre.


Otro tipo de laberintos son los que llevan a callejones sin salida. En la mitología griega, Dédalo arquitecto e inventor construyó el de Creta donde se encerró al minotauro. La lucha contra el minotauro que habita en el Laberinto, se interpreta como la lucha contra el mal en el camino de la vida. Ariadna le entregó el hilo mágico a Dédalo para que pudiera guiarse en el intrincado camino. En la iglesia de San Vitale en Rábena, existe un laberinto multicursal. Se le relaciona con el enigma de la vida, ya que hay que acertar el camino correcto en cada elección.

¿Qué es si no Camino que obliga al hombre a moverse?. Lo que lo arranca de su estatismo. Símbolo de Iniciación. No hay pueblo que no lo haya tenido. Lo tuvo Grecia, Egipto y, también los celtas. Es necesario recorrerlo para renovarse por dentro. Lo importante no es llegar, sino hacerlo; estar en él, vencer las pruebas, decidir en cada encrucijada. Hay que arriesgarse como los antiguos cristianos que sobreviven en ese momento histórico de tinieblas y catacumbas. Hay que atreverse a caminar hacia el Occidente, a lo desconocido, a donde cae el Sol, a donde está la Muerte y lo Desconocido. Allí donde cada cual pierde su nombre de ilusión para reencontrarse con su verdadero ser; donde los Iniciados perdían la vida para ganar Vida... ansiosos del retorno a su patria celeste.




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