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Tatuaje en fuga de los cuerpos

En primer lugar, signos: cuando, en una asamblea, el desnudo se codea con el vestido (y por consiguiente se opone a él), es decir fuera de las orgías...
Pierre Klossowsky
El autor con Mario Benedetti


Habría que ver cómo descrucifican
los cuerpos a la intemperie
en que el amor se pregunta
sobre hierbas todopoderosas,
y el oro carnicero de los ángeles
grita en la ceniza.

El hambre hace ya un recuento de capitulaciones.
Evaporas al traficante exacto
de toda tu vergüenza.
El sudario ofrece llagas
para un dios que está ciego.
¿Cómo pronunciar frente a la piel
su historia de tenues vejaciones a la luz?
¿Por qué no pronunciarme desnudez
en este dilatado país de un ardor tan fulmíneo?
De un zarpazo llegarás a la casa.
¿Cómo debo mirar ahora
la devastación y las puertas?
Tenebroso, imantado o quemante,
el revés de tu sexo muerde piedad
cuando me viertes.


©Manuel Lozano
* Prohibida la reproducción sin autorización previa del autor. Derechos reservados.
@Revista Pernía, nueva época, Noviembre 2015. Edita y Dirige, Froilán de Lózar

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Orígenes de Alejandría

Lozano proclamado joven
 sobresaliente 1992 en Argentina

La raíz, ascendida en el viento,
vara de leche perturbada entre espinas,
debe aferrarse a su historia.
Abajo cantarían las grullas.
Hazme mansión de lo que callas:
Coróname de ardor por el regreso.

¿Por qué saliste,
madrastra de los espejos estériles?
¿Por qué juntaste los dientes
con la firme devoción del tembloroso?
Abajo cantarían las grullas.
Sangre hundida,
hambre de la tribu.
¿Qué hebras para la exhalación?

Antes de que viertas la herida,
idolatra tu llanto.
Son puertas aislándose
en la sal de mi sombra.
¿Fue tan lejos caer?
Abajo cantarían las grullas.
Mastines dejan oír
el rumor de la ciénaga.

A imagen y semejanza
de quien escarba y roba y me retiene
en la escritura más ciega,
te obstinas en la celebración.
Abajo cantarían las grullas.
¡Desagües y dudas
para el celo incrustado del fuego,
para tu hocico!


©Manuel Lozano
Praga, septiembre de 1999/Buenos Aires, Julio de 2001
* Prohibida la reproducción sin autorización previa del autor. Derechos reservados.
@Revista Pernía, nueva época, Noviembre 2015. Edita y Dirige, Froilán de Lózar

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La poda de los rosales en otoño

Ventea el otoño por poniente, se nos recortan con figuras de barquillo los días, como sin ganas amanece, y así, pasito a paso, el calendario desgrana sus hojas en la interminable sucesión del tiempo. Siempre ha sido para mi el otoño reencuentro con la nostalgia de tiempos pasados -sedimentos de aquellos aluviones estivales-, la luz almibarada de un roble que bosteza. Siempre ha sido para mi el otoño, la luz transparente de una mirada infantil, el candor de una margarita, la tersura de una malva y el olor -por encima de todo- de esa mermelada de ciruela, tal y como nuestras abuelas la preparaban con todo el tiempo y el amor del mundo.


Lola Villar 


Se acababan los tiempos de siestas interminables y así, cuando yo era una niña chica -aunque hoy lo puedo seguir siendo por esas cosas mágicas de la vida-, y sólo para alguien una niña azul, entonces, cuando yo lo era para la generalidad de las gentes, rememoro contemplando a través del espejo del pasado, cómo se podaban ya entonces, ilusiones estivales, cabellos demasiado largos y los rosales del jardín. Con la misma mano inmisericorde pasaba ¿pasa? el tiempo en clave de sol, concierto para sordos, adagio confidencial para todos aquellos que agostan sus primaveras buscando las luces de neón, la verdad de los hados en el fondo de un vaso de vidrio y buscan a la bella Sigrid, la elegida de su corazón, entre pinturas y modos quinceañeros.

Me preguntaba yo entonces y ahora, el por qué de esa poda siniestra; qué es lo que la moral y el orden establecido tienen en contra de los cabellos largos y las ramas espigadas en desorden de los rosales. No sabía -deliciosa infancia- que la vida me estaba enseñando otra lección.
Caen los sueños como los partidos políticos, porque a ambos les faltan valor en los hombres, que son, en suma, quienes los forjan y destruyen. Valor -palabra mágica-, traumática, insondable; el valor de nacer cada día, a pesar del qué dirán, y si fuera necesario cada pedacito de día; el valor para hacer sonrisa de abanico de ámbar y puntillas, ante ese rasgo que no esperábamos, la mirada alta y el corazón esperando siempre a la vuelta de la esquina. Es como esa pequeña prostituta que nunca acaba de aprenderse la lección y siempre le perdona al soldadito de Vigo, al que no le han mandado el giro. Un día acabará por ser un chulo y entonces se dará cuenta también de que en otoño se podan los rosales.

La muchacha que rompió -capullo que estaba en la madrugada- sus diques y se hizo flor y fruta y esperanza que tiñe de rojo las sábanas doradas que recogen sus sueños, también a golpes de sonrojo, miedo y escarcha, se dará cuenta de que en otoño se podan los rosales.

Y el cachorro de mastín, abandonado a su suerte porque la señora de la casa pudo prometer y prometió, pero como casi todas las señoras y casi todas las casas, se olvidó de que las promesas se deben hacer día a día; peludo, suavecito, condenado por los dioses a la adustez, a la fiereza, a la lealtad, si te hubiera dejado vivir, si no te hubieran arrojado a la cuneta, donde sopla el viento del Este, el que se lleva -y tú lo sabes, pequeño alevín de esperanza- los amores de los hombres, tan crueles, tan insensibles, que son capaces de dejarte morir entre las llantas de cualquier vehículo, símbolo de nuestro progreso democrático y civilizado. Cuando las últimas luces de la tarde formen crisol de espejos incandescentes, cuando las sombras de los chopos se agiganten y quieran engullirte entre sus ramas tenebrosas; cuando el miedo a la soledad y el dolor de no tener más piel que la propia para lamer, se haga herida que gotea en tu interior, entonces comprenderás por qué se podan los rosales en otoño.

Y tú, mujer, que haces esperanza cada mañana, sin esperar de la vida más que aquello que tú misma puedas ofrecer a tu amor. Tú, mujer, que entregaste tus muslos en ofrenda redentora -decían de fe y de progreso-, que cultivaste el silencio como arma, que callaste para que a él se le oyera, que bebiste los reproches del muro de la indiferencia, que pariste hijos, como el que entrega una flor que luego el viento del Este arrancará de tu lado, que quisiste llegar y te perdiste en el metro de tus canas, que quisiste hacer y madejas de seda te envolvieron, que plantaste begonias y se secaron y que siempre fuiste en pos de una sombra, a la que tus propios miedos no fueron capaces de dar corporeidad. Tú, mujer, que bebiste tus lágrimas en la almohada, porque no fuiste capaz de decir más ¡no quiero! y, sin embargo habías perdido el último tranvía de la valentía en aquel colegio que enseñaba a no aprender.

Tú, mujer, cuando flojas tus carnes, perdido el pudor y la vergüenza, carcomida por las termitas del deseo, te hagas esposa consorte de las tisanas de aquel que te prostituyó con los plazos de la nevera y el cuello de armiño. Tú, mujer, cuando tengas que alzar la voz para hablarle y comer sin sal de la vida por su estómago, y esconderle el tabaco y, entonces, tengas sombra de lo que fue un hombre y esposo evangélico... Entonces, cuando él descuidadamente te ordene, casi con  ternura, que leas el periódico o le busques la manta del cuadro para el frío, entonces y solamente entonces comprenderás por qué se podan los rosales en otoño.

Y tú flor, exquisita que dicen, pálida luz de invernadero, por espejo de tus propios sueños, cortada alto el talle, cuidada la figura de pétalos de acero, esperanza perdida en el recuerdo, olores de jazmín y aire de enebro. Tú, sombra incorrupta de la otra, tú gemela, tú nacida a golpes de viento en la pradera, helado amarillo que verdea en su pie de junco agreste, caracola de luces en la nieve de las montañas que te embriagaban aguerrida, que conocen el trotar del potrillo en la pradera y el aullido del lobo en las noches de luna, que bebes el agua del rocío y copulas orgásmica belleza al son del trino del jilguero; tú que puedes gritarle al mundo cada mañana que existes y que eres, cuando también a tí, como a tu hermana de invernadero, te arranquen unas manos infantiles y sientas el calor tibio de unos dedos que rasgan tus entrañas, entonces, en el postrer soplo de vida de tus sueños, comprenderás por qué se podan los rosales en  otoño.

Y ese ciudadano de pro, creyente alpino de las ascensiones a golpe de sonrisa y zarpada cruel en los postres, que viene y va por el excalestric mágico del asfalto, que se forja en el andar sinuoso, que siente sus maquiavélicos pensamientos y sus trastos en la urbe acrisolada que la rueda de la fortuna le depara; aquel ciudadano que siente el gusanillo del poder como arma arrojadiza, bastón alado de sus miedos y frustraciones, cuando después del paseíllo triunfal, las mil y una reuniones, los mil achaques y arrogancias, se sienta en la soledad de la noche, frente por frente a sus propias ideas, la calle silenciosa le escupirá la verdad sin luces. Entonces también él se preguntará por qué a los rosales les podan en otoño...

Otras entradas en Curiosón de esta autora
Por si acaso muero

Lola Villar Villanueva, es abogada,  autora del libro "33 años, 33 poemas".
@Número 3 de "Pernía", Diciembre de 1984. Edita y Dirige: Froilán de Lózar

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Canta, lastimada mía

  Con Mario Vargas LLosa
en la Universidad de Nueva York


Miguel de Cervantes
A Olga Orozco

¿Cómo era tu casa antes de la restauración?
Barro sobre barro
y esa debilísima lluvia que caía en las persianas,
tan esponjosa lluvia en la madera del viento,
cóncava, supliciada de la hoguera anterior al diluvio,
escurriéndose en la amarga envoltura
que la lleva a ser visión de polvo prometido en las cenizas:
caldera del escalofrío al borde de los labios.
Oscila este inmigrante sin poder atravesar siquiera,
sin apartarse del suntuoso pantano.
¿Qué ropaje amedrentado entre la fiebre y la seda,
pero más ajeno en el telar sonoro que devora la coraza del exilio
y en que anudo de una vez por todas mis sudarios?
Es inconsolable este doler,
este doler a grito final de condenado.
Son heladas las máquinas que ciegan,
los hornos que estrangulan.

Los alfileres que irrumpen en tanta desesperación estremecida.
¿Qué escafandra necesito para probarme el castigo?
¿Y qué máscara que no se derrita?
¿Qué vértigo sufrido en este amargo trayecto hacia la noche?
Me incuba el huevo de la alianza, la cáscara lila de un martirio
donde no puedes saber quién fragua las respuestas,
bajo qué hirviente superficie se sospecha el derrumbe
y el brillo en la fisura.
Este no es un muro que separe mis sueños del sueño del planeta,
una cámara increíble para fundir la usura de los huesos,
la fábula caníbal de la historia inocente.
Corría yo por la herrumbre del palacio,
sin darme cuenta apenas de esos alambrados
ocultando a los tréboles.

Líbrame de todo mal,
de los guijarros malditos hasta el borde.
Tú me conjuras de la muerte nauseabunda, de la muerte vibrátil,
de la muerte que pudre.
La última flor de la corona fue robada,
de agobiadora vida husmeando en el residuo de dos manos que han sido,
de las solas que en un lento infinito se abominan.
Han crucificado el cadáver,
el cadáver durmiente,
raptado en ese espejo invulnerable que circunda tu infancia,
por estos arrabales sin dios y sin testigos.
¿De qué inmundo misterio engendraste a tus padres,
adónde las pupilas de inocente basilisco?
¿Son las mismas que escupían la cuna,
que zumbaban de pavor en las orejas del monstruo?

No hay peregrino tenaz ni cruel alabancioso
que limpie mi cara de Van Eyck para la aurora.
Canta, lastimada mía.
De sangre, nada más que de elegida sangre
te hiciste pedigüeña en esta hora de la sed en que me ahogas
no pudiendo levantar a aquél que sufre.
Será como una lámpara en el pequeño alféizar de una casa abandonada.
No me recuerden el crimen.
¿Cómo me diste tanta soledad si estaba lleno?
Las piedras urden lo que graba tu piel en los baldíos.
¿Cómo es entonces el camino?
Estás a punto de trizar el bloque de hielo que te encierra
en viejas, atroces migraciones al silencio
revelando ciudades partidas por un ala.
Canta, lastimada mía.
En la negrura del mar rozo mi cuerpo,
mi fardo de preguntas,
esta fotografía salvada para siempre del naufragio.
Canta, lastimada mía.
La voluptuosa canta de blanco sobre un fondo rojo.
Canta en las cuevas masticando ayeres desde su porvenir milenario.
Canta, lastimada mía.Canta ahora.Y despréndete.

©Manuel Lozano
Marruecos, Fez, Octubre de 1998
* Prohibida la reproducción sin autorización previa del autor. Derechos reservados.
@Revista Pernía, nueva época, Octubre 2015. Edita y Dirige, Froilán de Lózar

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Jam session

El autor con
Jorge Amado y su esposa 
Zélia Gattai, en Málaga

El resplandor sosiega en este lado.
Esperabas el lugar del resplandor,
no debe ser la palabra,
la lastimada.

©Manuel Lozano
Málaga, (España) 18-II-1993
* Prohibida la reproducción sin autorización previa del autor. Derechos reservados.
@Revista Pernía, nueva época, Octubre 2015. Edita y Dirige, Froilán de Lózar

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Dudante o el jardín amurallado


Omnis qui se dubitatem intelligit, verum intelligit, et de hac re quam intelligit certus est.*
Agustín, De vera religione, 39,73

Ensañada entre las cuerdas del abismo,
su boca absorbe lo que dejas.
Dice que han de incendiarse estos trigales
como antiguamente la más turbia arena del fin.
¿Por qué la cara y el robo
de esa memoria entre los tréboles?

La verdad, lujuriosa madrastra, inventa
un desierto oscilante para escalar
la indecible vejez de la criatura.
Padre, lámeme las heridas.
Perro, lámeme las heridas.
Madre, lámeme las heridas.
Ya las manos son agua de sangre
de la noche de quien golpea harapos.
¿Y los ríos donde perder
el amarre de tus cercos de sombra
hacia el festejo de las pesadillas?
Dijiste que despertar era su increíble,
entre tirones y metamorfosis.

Así extraviaste las piedras, los ríos de mármol
como cruces en el cuerpo de tus muertos.
Hubieras reclinado tu abandono
a los dientes del pájaro.
Era fácil caer, aun sin pronunciar tragedia.
Pálido doblez de un salto que se anuncia en la noche
y sale por la alcantarilla.
Reparte sus juguetes en el funeral
de los amordazados al latido.
Invoca temblor y abre el muelle
del filoso en la ausencia.
Aplaudirían los siervos
la voz de aquel desconocido que se borra.
¿A lo lejos los desesperados,
los que sobrevienen en ataúdes concéntricos?
Son incompletos los trozos,
las bocas, el plañido, tus trofeos.
¡Qué testigos espían desde puertas lejanas,
esos astrólogos de ojos vaciados,
esparcidos entre el futuro de mis crías!
Me leían en el rayo.
Ellos bailaban.
¡Cuánto fin y comienzo
del hambre hasta la saciedad del baldío!
Risas como el suicidio de una marioneta.
Padre, perro, madre,
escalofrío de tu especie, sólo adentro,
¿por qué subes a la caliente mansión
con la leche perdida de una loba?
Apenas ardió leíste en su rostro:
"Crucificado en la palabra."

*Todo aquel que sabe que duda, comprende la verdad y está seguro de lo que comprende.


©Manuel Lozano
Victoria, Abadía del Niño Dios, 15-18/VI/2001
* Prohibida la reproducción sin autorización previa del autor. Derechos reservados.
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Ferrocarril: un gran error histórico




Corría el año 1899 cuando Pedro Romero Herrero propuso la construcción de una línea ferroviaria que uniera a Palencia con Guardo y, de esta forma poner en comunicación esta rica comarca con el centro y sur de España, poniendo el carbón en inmejorables condiciones de competencia, teniendo en cuenta las facilidades que iba a ofrecer este ferrocarril. Se decía que había capital suficiente y que no se necesitaba la subvención del Gobierno. Las localidades del interior, como Saldaña y Carrión de los Condes, hablaban de la producción, tanto en grano como en legumbres, especialmente las hortalizas y sabrosísimas frutas, que serían solicitadas para el consumo interior e iban a ser las preferidas para la exportación. 

Este ferrocarril cambiaría por completo el panorama de la provincia, abriendo y creando fuentes de incalculable riqueza y colocando a Palencia a la cabeza de las capitales más prósperas de España, con beneficio positivo para la economía nacional. Más tarde, cuando estas ilusiones de prosperidad se fueron desvaneciendo, se hablaba de la necesidad de una "bienhechora mano que saque del Purgatorio en que se encuentran en los Organismos Oficiales, el proyecto de la línea ferroviaria, con el fin de conducirla a la gloria de una realización merecida e injustamente retrasada".

El final de esta historia fue que el expediente se informó a favor. La cosa iba por buen camino. Se subastó en dos ocasiones y nadie se hizo cargo de la subasta; mientras tanto, nuestros diputados hablaban del acto oficial de inauguración de las obras. Calderón, hablaba de que el lugar ideal iba a ser Carrión de los Condes. Se señaló hasta el día de inauguración.

Actividades de las personalidades
Todo este asunto fue tomado con calor por los políticos hasta el extremo de que no faltó autoridad en nuestra provincia, ni personalidades de relieve, que no hubieran hecho gestiones sobre la puesta en marcha de este ferrocarril. Gestiones que eran aireadas y daban cierto prestigio al personaje. Pedro García Crespo, diputado provincial de Guardo, fue uno de los que inició esta campaña. Le siguió el diputado por Cervera, Señor Garay, y quien no perdió oportunidad de lucirse fue el diputado por Palencia, Señor Calderón. Intervinieron en este asunto los alcaldes de las localidades por las que atravesaría el ferrocarril. También tuvo su mérito en esta empresa el Ingeniero, señor Díaz Caneja. Hubo asambleas, comisiones gestoras y toda clase de organizaciones dignas del más entusiasta de los éxitos. La Sociedad de Amigos de El País y la Diputación se transformaron en los más eficaces luchadores.
Se abren nuevas minas
Hubo hasta una empresa francesa, capitaneada por el Conde de Armand, uno de los más grandes capitalistas de la vecina nación, propietario de importantes explotaciones mineras que compró en Villaverde de la Peña y en Respenda importantes minas de antracita y puso al frente de la empresa a Joaquín Almeida, hijo del Ingeniero Jefe del Distrito Minero de Palencia. El 25 de Noviembre de 1899 se firmó en París el contrato de venta. Uno de los principales vendedores fue Manuel Fernández Corral, de Santander. Los capitalistas franceses de esta nueva sociedad eran, el Conde de Rochefuocard, el Marqués de Brats, y monsieurRambraux. Es decir, todo estaba en inmejorables condiciones para que se llevara a la práctica el proyecto de la línea ferroviaria de Palencia a Guardo.
Los años clave
En el caso de la línea ferroviaria que tuvo que haberse levantado, que no ofrecía dificultad alguna y que por causas desconocidas no se llegó a construir, hay unos años que pueden considerarse claves.
En 1899 fue el año de la ilusión, cuando todos estaban convencidos de que tenían razón, de que se aproximaba una era de bienestar para la provincia.
1900 fue el año de las reuniones y aportaciones económicas para realizar los estudios previos. Año 1912, cuando las autoridades provinciales pusieron toda la carne en el asador para conseguir que se contituyera la línea.

Año 1925, los palentinos, defraudados, culpaban de pasividad al Gobernador Civil, de que no había hecho las gestiones acerca de los Organismos Oficiales con el calor que el asunto requería. El Gobernador trató de tranquilizar a las gentes convocando una reunión con los representantes de los medios informativos, en la que aseguró que defendería con los medios a su alcance el proyecto de ferrocarril de Palencia a Guardo. Entonces fue cuando se aireó la continuación de esta línea hasta Gijón, haciéndola pasar por Riaño y Covadonga.Hoy día se sigue pensando que ha sido un gran error histórico y que el olvido de este ferrocarril ha supuesto una marginación irreversible de nuestra provincia y un arrinconamiento de nuestra zona carbonífera de antracita. Olvido extensivo a la región castellano-leonesa.


Cuaderno de José Pérez Llorente
Publicaciones del autor en nuestra revista "Pernía"
Revista Pernía. Núm. 32, 1988 Edita y Dirige: Froilán de Lözar


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Sopla el desterrado


Palabras tendidas a la tarde de un corazón que se
enfría.
La música te desnuda, sacral y victorioso.
Has visto el resplandor entre las cruces.


©Manuel Lozano
Victoria, Abadía del Niño Dios, 15-18/VI/2001
* Prohibida la reproducción sin autorización previa del autor. Derechos reservados.
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Carta de Susan Sontag a Borges

Los bárbaros no tienen que quemar los libros. El tigre está en la biblioteca. Querido Borges, créame que no me satisface quejarme. Pero ¿a quién podrían estar mejor dirigidas estas quejas sobre el destino de los libros –de la lectura misma– que a usted?



Querido Borges:

Dado que siempre situaron su literatura bajo el signo de la eternidad, no parece demasiado extraño dirigirle una carta. Si alguna vez un contemporáneo pareció destinado a la inmortalidad literaria, ése fue usted. Fue en gran medida el producto de su tiempo, de su cultura y, sin embargo, supo cómo trascender su tiempo, su cultura, de un modo que parece del todo milagroso. Esto tenía algo que ver con la amplitud y la generosidad de su atención. Fue el menos egocéntrico, el más transparente de los escritores, así como el más ingenioso. Algo tuvo que ver asimismo con una pureza natural de espíritu. Aunque vivió entre nosotros durante un tiempo más bien largo, perfeccionó las prácticas de la exigencia y la indiferencia que también lo convirtieron en un experto viajero mental a otras eras. Tuvo un sentido del tiempo diferente del de los demás. Las ideas comunes de pasado, presente y futuro parecían nimios bajo su mirada. A usted le gustaba decir que cada momento del tiempo contiene el pasado y el futuro, citando (según recuerdo) al poeta Browning, que escribió algo así como “el presente es el instante en el cual el futuro se derrumba en el pasado”. Eso, por supuesto, era parte de su modestia: su gusto por encontrar sus ideas en las ideas de otros escritores. Esa modestia era parte de la seguridad de su presencia.

Fue un descubridor de nuevas alegrías. Un pesimismo tan profundo, tan sereno como el suyo no precisaba de indignación. Más bien, tenía que ser inventivo… y usted era, sobre todo, inventivo. La serenidad y la trascendencia de la identidad que usted encontró son, para mí, ejemplares. Usted demostró que no es necesario ser infeliz, aunque se pueda ser completamente esclarecido y desengañado sobre el terrible estado de todo. En alguna parte usted dijo que un escritor –delicadamente agregó: todas las personas– debe pensar que toda cosa que le sucede es un recurso. (Estaba hablando de su ceguera.)

Usted ha sido un gran recurso para otros escritores. En 1982 –es decir, cuatro años antes de su muerte– dije en una entrevista: “En la actualidad no hay otro escritor que importe más a otros escritores que Borges. Muchos dirían que es el escritor vivo más importante… Muy pocos de hoy no han aprendido de él o lo han imitado”. Eso sigue siendo cierto. Todavía seguimos aprendiendo de usted. Todavía lo seguimos imitando.

Usted le ofreció a la gente nuevas maneras de imaginar, al tiempo que proclamaba una y otra vez nuestra deuda con el pasado, sobre todo con la literatura. Afirmó que le debemos a la literatura casi todo lo que somos y lo que hemos sido. Si los libros desaparecen, desaparecerá la historia y también los seres humanos. Estoy segura de que tiene razón. Los libros no son sólo la suma arbitraria de nuestros sueños y de nuestra memoria. También nos ofrecen el modelo de la propia trascendencia. Algunos creen que la lectura es sólo una manera de evadirse: una evasión del mundo diario “real” a uno imaginario, al mundo de los libros. Los libros son mucho más. Son una manera de ser del todo humano.

Lamento tener que decirle que los libros en la actualidad son considerados una especie en extinción. Por libros también quiero decir las condiciones de la lectura que posibilitan la literatura y sus efectos en el espíritu. Pronto, nos dicen, tendremos en “pantallas-libros” cualquier “texto” a nuestra disposición, y se podrá cambiar su apariencia, formularle preguntas, “interactuar” con él. Cuando los libros se conviertan en “textos” con los que “interactuamos” siguiendo criterios utilitarios, la palabra escrita se habrá convertido simplemente en otro aspecto de nuestra realidad televisada regida por la publicidad. Éste es el glorioso futuro que se está creando, y que nos prometen, como algo más “democrático”. Por supuesto, ello implica nada menos que la muerte de la introspección… y del libro. Esta vez no habrá necesidad de una gran conflagración.

Los bárbaros no tienen que quemar los libros. El tigre está en la biblioteca. Querido Borges, créame que no me satisface quejarme. Pero ¿a quién podrían estar mejor dirigidas estas quejas sobre el destino de los libros –de la lectura misma– que a usted?

Todo lo que quiero decir es que lo echamos de menos. Yo lo echo de menos. Su influencia decisiva continúa. La época en que ahora estamos entrando, este siglo 21, pondrá a prueba al espíritu de maneras nuevas. Pero, se lo aseguro, algunos no vamos a abandonar la Gran Biblioteca.
Y usted seguirá siendo nuestro patrono y nuestro héroe.

Susan Sontag

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Susan Sontag (Nueva York, 16 de enero de 1933 - ibídem, 28 de diciembre de 2004), profesora, directora de cine, escritora y ensayista estadounidense.

  • En 2001 recibió el Premio Jerusalén de Literatura.
  • En 2003 recibió, junto a la autora marroquí Fátima Mernissi, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.
  • En 2003 recibió el Premio de la Paz del Comercio Librero Alemán.


imagen de la autora vista en http://pastdaily.com/
junto a un dibujo de Jorge Luis Borges.


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Melquisedec

En la imagen,
Manuel Lozano con Wole

Salmo, 109

Horas en que la lluvia sana
la herida inextinguible.
Ellos te engendran,
libándome como rocío diverso
entre sombras que vuelven al jardín,
que sueñan jardín antes de irse.
La redención cuida sus vientos de orfandad
y todavía escuchas el rumor
escondido de la tierra.

Quédate, luciente.
¿Y cuántas veces supimos restañar
el ojo en la tormenta
hasta exhumar las jerarquías,
los ritos, los linajes perplejos?

El cardo se desmembra
aun sin verlo.
Prestidigitador.
Sucede siempre en la aurora.


©Manuel Lozano
Victoria, Abadía del Niño Dios, 15-18/VI/2001
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Manuel Lozano: Mansión Artaud





En la imagen,
Manuel Lozano con Saramago






Con lepra en la garganta,
he oído
el canto de los ruiseñores.
Era el incendio
en la cueva del ausente
hacia atrás, golpeándome.
Tajos, franjas, cenizas
sobre el limo.
¿Y quién no deja dormir
en mármoles finales
el suicidio del cuervo?

Gira el teatro
arañando la sangre
sin olvidar apenas
el esplendor litúrgico.
Devueltos, al fin,
blancos portones
devolviendo el soplo,
latiendo clausura.

Para pintarla borra de las mias
mas cuando hace frío
y aúlla en la carne.

¿Qué? ¿Quién?
Con lepra en la garganta.
He oído.
Barniz donde se pierde
el despojo,
la insistencia y el crimen.

¡Vuelvan, vuelvan los iluminados!
Será aún el pródigo
amanecer
que imanta las horas.
Sobrenada este declive.
Magnético rayo
escalando el vacío-irrefragable
nacimiento-hasta el vacío.
Según las caras de la esfinge,
tallarán nuestra cara.
Pero ella misma agrieta
los reflejos.

Heredad vista de cerca.
¿De un solo golpe,la ilusión?
Los clavos en la sangre.
A despertar.
A combatir.
A encender perpetuamente.
Luz que diluvia.
Rebélense los huesos del milagro.

©Manuel Lozano
Victoria, Abadía del Niño Dios, 15-18/VI/2001
* Prohibida la reproducción sin autorización previa del autor. Derechos reservados.
@Revista Pernía, nueva época, Octubre 2015. Edita y Dirige, Froilán de Lózar

__________

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Cuaderno de Manuel Lozano en nuestra revista Pernía
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El cementerio de los elefantes

Recupero hoy esta entrada de uno de nuestros colaboradores en Cataluña, el poeta Antonio Matea Calderón, nacido en Albacete en 1931 y fallecido en Barcelona, en Mayo de 2008. Aunque he visto en algunos foros, gente que escudada en el anonimato le denomina "asesino", el escritor Francisco Bonal afirma que fue un hombre cabal, amarrado a la honradez que comienza por no callarse. Y con eso me quedo.

Antonio Matea Calderón

Duchos en las costumbres de los mayores animales terrestres de hoy sostenían el mito de los llamados cementerios de los elefantes, donde, según ellos, se retiraban estos mamíferos a morir cuando llegaban sus últimos días. Por este motivo, en tales parajes se iban acumulando depósitos de sus resíduos óseos, al tiempo que el muy buscado y apetecible marfil.
Últimamente he leído en algún periódico que esta costumbre se debía a que en aquellos lugares la hierba era más apropiada para a dentadura de los elefantes en decadencia y es por ello que los animales iban allí a buscar alimento.
Sea como fuere el caso es que el mito de los cementerios de elefantes prosigue, aunque sólo sea en la literatura o el cine.

Humanamente sabemos también, de tercera, cuarta o quinta mano, que algunos ancianos de ciertas tribus indias se retiraban a morir a determinadas montañas, o lugares considerados sagrados por las respectivas tribus.

En versión directa o, de primera mano, hará tres meses que un amigo nuestro y renombrado hombre de letras -concretamente José Jurado Morales- nos comunicó que dada su avanzada edad (ochenta y nueve años en Junio), se retiraba del mundo de la literatura, cerrando, a pesar del desencanto de todos sus amigos, y de él mismo, el piso de la calle Conde Borrell, en Barcelona, donde nos solíamos reunir los componentes del Grupo Azor, que él capitaneba, todos los sábados por la tarde.

Por su talla poética, a José Jurado Morales se le podría considerar elefante vivo de la llamada Generacion del 27. Jurado siempre fue jurado, y no sólo por su apellido, de premios de cierto nombre: Ciudad de Barcelona, por ejemplo, cuyo galardón también conquisto con anterioridad. Y todavía más prestigiosos, como el José de Vasconcelos, en México, que también poseía, junto con Madariaga y pocos más.

Fray Luis de León, como todos sabemos, versificó aquello de la descansada vida del que se retira del mundanal ruido, pero si tal retirada es para morir, "donde la yerba sea más fácil de masticarse", poca ventaja se obtiene con tal retiro: "A los palos me atengo" y a la lucha -que decía el burro de la famosa fábula- ya que la lucha incluso puede conducir a la victoria algunas veces, y abandonarse a lo que el cielo dicte, generalmente, suele ser una cobardía que un hombre de letras no debe permitirse nunca.

En una carta de caligrafía muy lamentable el gran y pausado elefante que fue José María Ruiz "Azorín" decía únicamente: Ya no escribo. La naturaleza no perdona, y firmaba.

José Jurado Morales, con casi ochenta y nueve años, es todavía capaz de escribir libros completos, y mejores que cuando fue más joven, ¿por qué se retira entonces al regazo de su senil esposa, en Puente la Reina (Navarra), cuando todavía masca la yerba literaria  a dos carrillos?. ¿No será que, a pesar de haber pretendido demostrar siempre su amor a la poesía, y su aparente apoyo a los poetas, le importen un comino tanto la una como los otros?. Otro dato también le descalifica: no contesta la correspondencia.

El artista pienso que "ha de seguir mientras el tiempo aguante", sin tener que fijarse nadie en su calendario particular. O, al menos, como Azorín hizo, tener la delicadeza de contestar con aquella su breve frase. Es ilógico haber demostrado tanta amistad durante décadas para ovidar ahora tan a rajatabla.

Pudiera ser también -como se dijo de ese con tanta "trompa" que acaba de írse, o sea Dalí- que otros sean los que dirigen sus momentos últimos y que incluso le impidan acceder a su propia correspondencia, aunque de esa manera se irá convirtiendo en nada, hasta volatilizarse junto con su propio nombre, antes tan celebrado y ahora tan sospechosamente ingrato.

Antonio Matea
Cerdanyola del Vallés
31 Enero de 1989

____________

José Jurado Morales (Linares, Jaén, 1900 - Puente de la Reina, Navarra, 1991) fue un destacado poeta y novelista.Ya en su etapa de madurez retornó con frecuencia a Linares a cuya ciudad donó más de diez mil publicaciones de su propiedad para constituir el llamado ‘Hogar de la Poesía Hispanoamericana’, pues eran libros y revistas poéticas que él había recopilado durante muchos años. La poesía de José Jurado Morales refleja andalucismo.

@Revista Pernía, Nueva Época, 2015, Edita y dirige Froilán de Lózar

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Delina Anne Bozarth

Nació en Cleveland (Ohio). Poetisa, autora del libro "A Melancholy banjo". Química de profesión y traductora de literatura latinoamericana para alguna revista de su país.

Anteriormente, ediciones "Delanbo" editó otros folletos artesanales, como "Un banjo melancólico", "Oda a los guerreros" o "Los Mokes en la lección del sueño"...


  • Al gran viejo Walt Whitman

Viejo poeta,
hoy estuve recordando tus palabras
cuando nos hablabas
de la democracia en USA.

En verdad, viejo poeta,
qué lejos está ahora
esa democracia que tú querías.
Pienso que un día
cuando los hombres sean iguales
tus poemas serán como
el de los "Beatles", "Imagínate"
Viejo poeta de Long Island
por donde las palabras blancas vuelan
como el Canto de la Libertad.
Hoy estuve releyendo tus poemas,
que son del amor,
de la auténtica democracia
y la pura rebeldía.

Tus pensamientos
viajan como pájaros
como el espíritu del viento,
como la flecha de los pieles rojas,
como el jazz de los negros
de Nueva Orleans.
Viejo poeta,
tu rebeldía era tempestad
entre las palabras poéticas
de la canción de protesta...
Tus poemas son la fórmula
para una verdadera democracia.
¿Por qué Nixon no aprendió de tí
antes del escándalo del Watergate?

Viejo poeta
tienes razón cuando dices:
"No habrá diferencias
ni privilegios para nadie
en una verdadera democracia".


@Revista Pernía, Número 33. Edita y dirige: Froilán de Lózar.

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Nosotros, los locos



Juan Miguel Juliá
Escritor 




¡ Nosotros, los locos !
aullamos
desde el centro de llameantes hogueras
cuyas sombras danzan
sobre la piel de la luna,
¡ nosotros, los locos !
los que hemos descubierto
la mentira,
los que hemos nacido, esta vez de verdad,
a mitad del camino,
ahora con saña, ahora con fulgor,
somos los locos
y nunca creerán lo que hemos visto
por más que lo contemos,
los que nos hemos arrancado la piel,
los que hemos incinerado lo aprendido
y hemos brotado de la ceniza
como flores vírgenes y salvajes
¡ somos los infieles !
¡ los violentos !
¡ los indeseables !
¡ los peligrosos !
¡ los traidores al sagrado proceso del mundo !
¡ los traidores a la vida diseñada por el hombre
para someterse a sí mismo !
y nosotros
los que ahora sabemos
que no hay diferentes clases de hombres
sino diferentes clases de ciegos
somos simplemente
los locos
porque la mentira repetida constantemente
siglo tras siglo
se convierte en la verdad,
una verdad fabricada y privada
al igual que lo somos
cada uno de nosotros
y cada lechuza
y cada matojo
y cada escorpión
y la verdad es un arma
que apunta directamente hacia nuestra frente
en manos de asesinos pagados de sí mismos
y todo pertenece a alguien
y sólo la muerte sólo la muerte
nos observa a todos
libre
e indiferente
y mirándonos a los ojos
nos susurra:
“al final
os besaré a todos,
así que
¿qué más da?”



Juan Miguel Juliá nació en Palma de Mallorca el 12 de septiembre de 1971. Apasionado de la lectura y la escritura desde su infancia. En mayo de 2013 publicó su primer libro de poemas “El lomo aterciopelado del diablo”, en enero de 2014 publicó el segundo titulado “En el infierno se cocina a fuego lento” y en septiembre del mismo año el tercero “La crisálida de la locura”. Su frenético ritmo de trabajo nos trae justo un año después este vibrante “Latido !”.

Juan Miguel en Facebook



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Entre suspiros que arrastra el viento

Se me hace difícil hablar en pocas líneas de Emilio Vega Gómez. Y ustedes se preguntarán, ¿por qué?. Ahora se lo explico.
Nuestro poeta berciano, que es poesía auténtica, no escatima esfuerzos (ayer con otros Grupos culturales, hoy con el I.E.B.) para unir a todos los poetas y traer al Bierzo a grandes intelectuales o promesas de la literatura actual. Esto es un valor grande. En estos tiempos de consumismo, ¿quién trabaja por la cara? Y más, ¿quién se gasta horas para dar a cambio de nada?

Victor Corcoba Herrero | poeta y crítico

Tal vez algún demonio parnasiano crea que dirigir temas culturales es un chollo. Lamentablemente, lo sería si fuésemos más cultos (de Cultura); pero ya ven, desgraciados sí que somos más de una vez. En esta ocasión, Emilio tuvo comprensión por parte de un círculo cultural, "Disco 22", de Ponferrada, que patrocina en su totalidad la edición del libro "Suspiros que arrastra el viento". Confiemos en que nuestro entrañable poeta siga con la inspiración diaria o, al menos, no lo dé todo a cambio de nada y deje tiempo para la gimnasia diaria escribiendo poemas.

  • Vientos eternos en su libro
Cuando recibo un libro de poesía suelo fijarme en esas tres condiciones que decía Salinas: Autenticidad, belleza e ingenio.
Emilio Vega edifica con cuidada entrega, un cálido recuerdo a sus inicios con la sólida argamasa del amor lírico que lleva dentro. No hay poesía simplista en este libro, hay transparencia, claridad, etereidad... El poeta sabe muy bien que toda poesía auténtica permanece más allá de los hitos del tiempo. Por eso conversa con Pablo Neruda, Darío, Miguel, Miguel Hernández...

"Ha muerto Miguel Hernández,
vistan luto las banderas...

Variedad estrófica y de pensamiento, con predominio del verso corto y largo. Como principales recursos de estilo, destacan la frecuencia de anáforas, encabalgamientos, paralelismos y la frecuente sencillez del vocablo.

Hombre, poesía y poeta se funden desde la primera luz.

"Romántico sin cura a la vetusta usanza,
acostumbro a dar más que aquello que recibo.
Soy un hombre sensible al que no le importuna
entregar su corazón, aunque resulte herido."

_____

Emilio Vega, nace en Villar de Santiago (León) el 13 de abril de 1954. Animador sociocultural y dinamizador de la cultura en El Bierzo; ha creado y dirigido importantes movimientos literarios como el Grupo Poético ALBORADA, el Colectivo Ecologista ANTAVIANA, el TALLER DE CULTURA, el TALLER DE POESÍA del Instituto de Estudios Bercianos, la Asociación Cultural AMIGOS DE LA POESÍA, etc.








Victor Corcoba para la revista Pernía
Escritor, periodista y abogado




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Kasterns Mikoll


Austria (Viena), 1940.
Cursó estudios de abogacía. Trabajador portuario de quien recibimos pequeñas pinceladas desde Polonia, donde residía en el momento de insertarlo en nuestra revista.
Ha publicado ensayos, relatos, poemas, en revistas de varios países.
Parte de sus creaciones fueron destruídas por la dictadura de la última Junta Militar Polaca.

  • Uni-Versos
La noche homicida cabalga a lomos
de algún matón sin nombre
Septiembre es augurio de resacas
mordidas por el can de la memoria
Y los pulmones sin respiración
con veinte tiros de más encima
¿Quién se come el pan de las sombras
relleno de venenosos insomnios?
No tiene precio justo la fatiga
mientras la humanidad camina de rodillas
revendian libertades con cadenas
y orgasmos de sangría selectiva
a dos monedas la tirada
jugaban a colorear el alba torturada
amoratando su claridad en ciegas jaulas
pretendían encerrar la inteligencia
en un ascensor descensor de porcelana
que cada cual bautice a su albedrío
chalecos antibalas por apellidos
manchas de sangre en el olfato
ministros del interior entre las piernas
un dios de boñigas por mortaja
La noche homicida cabalga a lomos
de algún matón renombrado. Polonia, 1984

@Revista Pernía, Número 19, Abril de 1986. Edita y dirige: Froilán de Lózar.

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Dos billetes

  • El 12 de marzo subía a nuestra sección de "Curiosón invitado" Marcelo Posada, argentino que firma en Google+ como Marcelo de la Costa. Aprovecho las palabras de Edit Norma Amieiro que no suele regalar halagos, pero que no se resiste ante uno de sus versos y escribe emocionada: "Me gusta su estilo puro y fresco como la naturaleza en primavera."




Marcelo Posada



Era una noche como cualquiera, no recuerdo en que mes, pero era una noche igual a tantas otras. El frío arreciaba a esa hora en que escasea el tránsito cansado de los vehículos y hasta las ánimas por temor permanecen en sus sepulcros.

Él, esclavo de su debilidad, se aseguró que los bares ya hubiesen cerrado para evitar inesperados testigos. Ella, como casi siempre, estaba a mitad de cuadra, justo en el límite entre la acera y el asfalto. Bella, provocativa, insinuante. Aguardando la llegada de algún desconocido que al menos justificara la inclemencia sufrida.

Desde la esquina la vio. En un primer momento dudó en avanzar o solo verla y regresar. Sabía perfectamente que una vez iniciada la marcha y ser visto, ya no podría echarse atrás. Se aseguró por última vez la ausencia de miradas indiscretas y se dirigió a su encuentro.

Ella lo recibió con una amplia sonrisa y falsas palabras halagadoras. Él apenas movió la comisura de los labios. La investigó y fue investigado. La recorrió con su mirada, pero ella apuró sus ojos y lo miró fijamente esperando la pregunta habitual. “Cuanto”, dijo con una voz que intentaba fingir seguridad pero a la que le era imposible ocultar su nerviosismo. Ella con un tono de experimentado mercader le contestó “dos billetes” y sembró entre los dos uno de esos  silencios que establecen una expectante distancia mientras se aguarda una respuesta. Él indagó en su bolsillo derecho, tomó los billetes pactados y quebró el puente que le habían tendido.

Ella fingió una sonrisa con su respectiva tierna mirada. Le preguntó si prefería la luz mortecina del farol público o el resguardo que ofrecían las sombras en la cercana entrada de garaje. Él prefirió la luz. “Quiero verte”, contestó ya mucho más decidido. “Como quieras”, fue su lacónica respuesta.

Arrojó su goma de mascar ya sin sabor, se acercó a él y lo besó… profundo, absoluto, total. Casi con seguridad, fue un beso breve, rutinario y habitual  para ella… eterno  y portador de todo el amor del mundo para él. Sin cerrar los ojos, sintió que la soledad en ese instante se hacía añicos… que el cristal que lo separaba del mundo circundante se desintegraba y caía a sus pies.

Ella separó sus labios de los labios de él. Él cerró los ojos un instante y volvió en sí. “Listo bebe, ya está” fue lo primero que le escuchó decir. Supo que debía marcharse. Ella volvió a hurgar en la calle vacía, esperando otro desconocido, otro beso, otros dos billetes. Él regresó pisando las huellas dejadas en el camino por el cual había llegado. Volvió a sentir frío, y puso a resguardo sus manos en los bolsillos. Echó una última mirada a su alrededor para asegurarse no haber sido visto. Y sin mirar hacia atrás, dobló en la esquina y se marchó.

Ha publicado trabajos en la revista literaria “Anuario Avatares Letras 2013”, Antología “Letras del Face III 2013” (Editorial Dunken), Antología del V Concurso Internacional de Poesía Atiniense 2014, "Selección de Cuentos y Poesías 2014" (Editorial Dunken), Antología “Versos desde el corazón" (Editorial Diversidad Literaria – Madrid), Antología “Diario del Amor 2015”-

Galardonado con el segundo puesto en el “Concurso Literario de Poesía y Cuento Horacio Quiroga - 2014” organizado por la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) Zona Norte.
 
Marcelo Posada || Curiosón invitado 

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Sólo yo. Sólo un sueño.

No hay final
sin comienzo.
No existe
ni la muerte ni el tiempo.

Sólo la vida, desnuda
ante nuestros ojos,
circula y se devanea
como la llama
en un junco,
como una vela
en un río.

Sólo existimos.
Sólo nosotros.
Nosotros mismos.

Paseamos
con miserias
o sin miserias,
entre sonrisas
propias o ajenas.

Somos
preámbulos
sin preámbulos.

No hay prólogos
de otros,
no hay libros
sin vida,
No hay músicas
sin materia,
sólo locura;
no existe una senda
sin árboles
ni una luna cerca.

Sólo ideas como mareas
golpean contra el acantilado.

Para los amigos
no existen los epílogos,
pues no existen los peligros.

Sólo Jasón.
Sólo nosotros.
Nosotros mismos.

Y aunque dicen
que todo es un ciclo
y que reviviremos lo vivido,
no alcanzaremos a comprendernos
ni a amarnos sin ser otros locos,
más ajenos o cercanos,
que nosotros mismos.

Aquellos que nos acompañen
y nos hagan crecer por dentro,
aquellos que crean en el ser humano;
sentirán nuestra huella y reflejarán
su mirada en nuestro espejo.

Simplemente ellos,
sabrán de mi existencia.

Sólo vosotros.
Sólo el rumor del viento.

Sólo tú galoparás por la pradera
como un potro salvaje de otro tiempo.

Sólo yo
puedo recorrer
la locura
en mi camino
y buscar mi tumba
en un entierro.

No habrá finales
sino comienzos...
no habrá extraños,
al nacer un solo llanto.

Sólo tus pasos
y una sombra
que no sabe
quien se interpone
entre la luz que te crea
y su etéreo manto.

Que pergeña
tu vida
con el mayor
de los cariños.

Sólo yo.
Sólo un sueño.






Cuaderno de Chema
De la serie, "La curiosidad hizo sabio al gato".
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Dori Jiménez Santamaría



Dori Jímenez Santamaría, nació en Colmenar (Málaga),
el 20 de Marzo de 1962. A finales de la décade los 70 se traslada a Barcelona. En el momento de tomar parte en este apartado de nuestra revista, no colaboraba con ninguna publicación.
"Creo -explica allí- que la mayoría son muy cerradas. Siempre la misma gente, las mismas cosas..."


Escribir...
Romper el silencio,
el eterno silencio
y caer despacio
en la senda del papel.
Dejar el aroma,
el sabor
de las sensaciones...
sin saber el por qué,
con las alas mágicas
y la música
de las palabras.

Buscar siempre
una sonrisa
transparente
del mar
o de las flores...

..................................................

Nos perdemos
por unas horas ocupadas
y unas frases sin sentido.
No nos queda tiempo
para la locura;
la ahogamos
sin que haya despertado,
y nos duelen
las heridas en el vacío.
Estar cansado.
No escuchar
que la noche nos llama,
no sentir que la luna
nos pide un beso...
por un poco de paz
en los bolsillos,
por algo más
de independencia,
nos hacemos más pasivos
y el sueño
nos cierra los ojos
sin apenas sentirlo.

..................................................

Faslsedad que nunca
se cansa de mentir,
de seguir...
Luchas imposibles
que acaban
sin salir
de las sombras.
No basta el silencio
para dejar de escuchar.
Todas las sensaciones
viajan sin billete,
todos los minutos
están muertos...

No les importan
mis deseos frustrados
al agua de la tarde
que siempre duerme.

..................................................

Estoy más cerca,
y el mar que no vimos
me cubre de caricias.
Los instantes desgastados
cubiertos de dudas...
que quedan
tras el silencio
que no llenan los besos,
cuando los golpes
detienen las manos,
cuando el agua llega
y se queda en los ojos.
Qué sensación viajará
por mi monotonía,
qué sueño
te recordará
cubierto de mar,
de nubes que me esperan.

PROMOCIÓN DE AUTORES
Revista Pernía, núm 27 Edita y Dirige: Froilán de Lózar


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Argumento para una obra de teatro







Por Manolo Bores






La clépsidra
(Argumento para una obra de teatro)

Iban a tomar el sol todas las tardes
junto a unos pisos en contrucción.
Los dos (él y ella) observaban el trajín de las obras
atentamente,
mientras el sol se alejaba en su camino.

Tal vez les fuera algo en ello.
Quizás desearan el fin de las obras para disfrutar
del calor de las tardes desde uno de aquellos pisitos
(que habrían adquirido adelantadamente con los ahorros
de su vida) como algo plénamente suyo.

Eran dos vejetes. Para medir el avance de las obras,
miraban cada día si mermaba el montón de arena.
Tal vez sin darse cuenta de que aquella arena
también medía su tiempo.

Saldaña, 1982

Gestación de un poema

De noche. Camino de casa. En el suelo,
unos papelillos esparcidos. Son hojas de un
diccionario de bolsillo. Las recojo cuidadosamente,
como si de azafrán se tratase.

¡Qué pena...! Palabras tan hermosas como violeta,
vuelo, romero, yermo, hiedra... ¡por el suelo!

Elda, 1983

@Número 2, Revista Pernía, Noviembre de 1984
Más entradas de este autor en Pernía: "Poetas palentinos"

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NUESTRO PERIÓDICO

Montaña palentina: Belleza y Arte

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