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Rizos de aulaga

Isabel  Medina, nació en Hermigua, La Gomera (Islas Canarias), pasando luego a residir en Güimar y más tarde en Granadilla de Abona (Sur de Tenerife), donde ejerce su profesión de maestra.
Desde muy joven trabajó en la radio, combinando después con el estudio, la escritura y la enseñanza.
Entre sus obras: "Cánigo de ausencia", "Cuentos canarios para niños", "Chácaras de silencio" y un interesante libro titulado: "Iniciación a la literatura canaria".


Rizos de aulaga
Toda erizada de picos
duros, llenos de tiempo,
con sabor a tierra yerma,
con sabor a boca seca.
Aulaga de tierra pobre
con sed de justicia y agua,
aulaga de malpaíses
que tristemente se clava.
Dicen que mi pelo negro
es un aulaga africana.
Me alegro.
Es bueno que se parezca mi pelo
como un aulaga,
a mi tierra triste y seca
de sed, de justicia y de agua.

De "Cánigo de Ausencia"

@Número 33 de Pernía, 1988. Edita y Dirige: Froilán de Lózar


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Revelaciones necesarias

Marco Tulio Mena, nació en Turrialba (Costa Rica).Desde muy joven se inclinó por al arte de las letras. En el momento de su presentación en "Pernía" tenía dos obras poéticas inéditas:
Revelaciones necesarias, 1980 - Raíces sobre Tierra, 1984,
Ha publicado en importantes revistas y periódicos nacionales, formando parte del Grupo Literario "Terra Mostra" de Costa Rica.


"Marco construye lirismo auténtico, "entre tantos heridos, entre tanta muerte, que no se detiene..." y lo hace con fe entre las alas de la blanca poesía. Bien vale la difusión de su obra, nuestro reconocimiento y aplauso".

Victor Corcoba


Revelaciones necesarias

Estas calles desoladas
con su angustia de siempre,
nada cambia el ropaje
que oculta su muerte.

A esta hora,
la multitud corre
con los pies descalzos
sin llegar a la vida.

Y sólo se escuchan las bocinas
contaminando el aire,
este aire que pesa tanto
que nos aplasta el alma.


@Número 11, Agosto de 1985; Edita y dirige, Froilán de Lózar

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Mari Carmen Pernas


Nació en la provincia de Lugo el 23 de Enero de 1954 y cursó Estudios de Técnico de Empresas Turísticas en la ciudad de León.
En la presentación que hace de ella otra autora que ya subió a esta sección, Gío de Ray, explica cómo María del Carmen se interesa especialmente por la literatura infantil y por los escritores encuadrados en el movimiento denominado  "Realismo mágico" que viene de América del Norte y que se  ha consolidado a través de la América Latina.
Esta escritora nos recuerda a otros dos trovadores leoneses: María Azucena Modino y Julio Llamazares.
Colaboradora de numerosos diarios y revistas, ha obtenido numerosos galardones entre los que recordamos: IV Consurso de Cuentos de la Casa de Cultura de Ciñera (León), 1985; el Primer Premio del Concurso de la Asociación Provincial de Libreros (1986), el primer premio del V concurso Nacional de Literatura SJD (1988), el Primer Premio de San Valentín de RCE de León (1987)...


Palabras para Victor

Cuando el dulce regazo de la tierra
sea un nido vacío abandonado
en los renglones de la escarcha...
Cuando ya no encontremos meteoritos
con memoria de estrellas,
ni pétalos de rosa,
o abalorios de lluvia en los
cristales del tiempo...
Cuando caminemos por un valle de cenizas
surcado por pájaros de hielo,
y nuestra estirpe clame
desde el reino estepario del olvido...
Cuando la sementera de las guerras
haya dilapidado la semilla de las flores,
y la parca venga a pintar
nuestros espejos de invierno...
Cuando el molino inexorable
del tiempo perdido
desgarre en jirones los recuerdos...
Aún quedarán los poetas
para vestir la nada con sus versos.

@Número 33 de Pernía, 1988. Edita y Dirige: Froilán de Lózar

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Agurtzane


Miarritze, (Lapurdi), Euskal Herria, 1958.

Doctora en psicopatología. En el momento de contactar con nuestra revista, desarrolla investigaciones por EEUU, donde reside. Trabaja en diferentes medios audiovisuales. Ha realizado guiones radiofónicos para Emisoras privadas.
Animadora del colectivo feminista "Root of the women". Imparte conferencias por América, Canbadá y Europa. Traduce o escribe en euskera, inglés, francés y castellano.

Autora de Arrainontzi: Acuario, además de diversas obras de ensayo, poesía o crítica, sin editar en aquellos momentos.



"Vivir sin tregua y morir en defensa propia.
A eso aspiro".
(Sigmund Pasek)


Dejemos a un lado
el festín del fingimiento
congelando palabras

Las manchas de tedio
en los pulmones

Brazos sin memoria
ciñendo esqueletos apolillados
y con el pan de la soledad
en los inquietos bolsillos
partamos a saciar
un miligramo el hambre
de nuestro universo
interior
insaciable
maniáticamente
indigerible.

***

"Solamente odio una cosa: tener que odiar".
(Andros Karman)


Los astros se desvisten lentamente
como cuerpos abiertos a la vida
apean sus partículas de estío
en la estación más próxima.

Fallecen las horas entre bastidores
sin poder denunciar a sus verdugos
Gillotinas sobre los aleros
señales de humo por las uñas
escalofríos en los labios
Olores fétidos remueven la espuma
alguien corre veloz y veloz lo desploman
antes de alcanzar la barricada
Burbujas de calicanto en el aire.

***

La experiencia vale un cojón.
A falta de ellos
patriarcales y extasiosos
latigazos de experiencia

Pernía, número 29, Verano de 1987


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La poda de los rosales en otoño

Ventea el otoño por poniente, se nos recortan con figuras de barquillo los días, como sin ganas amanece, y así, pasito a paso, el calendario desgrana sus hojas en la interminable sucesión del tiempo. Siempre ha sido para mi el otoño reencuentro con la nostalgia de tiempos pasados -sedimentos de aquellos aluviones estivales-, la luz almibarada de un roble que bosteza. Siempre ha sido para mi el otoño, la luz transparente de una mirada infantil, el candor de una margarita, la tersura de una malva y el olor -por encima de todo- de esa mermelada de ciruela, tal y como nuestras abuelas la preparaban con todo el tiempo y el amor del mundo.


Lola Villar 


Se acababan los tiempos de siestas interminables y así, cuando yo era una niña chica -aunque hoy lo puedo seguir siendo por esas cosas mágicas de la vida-, y sólo para alguien una niña azul, entonces, cuando yo lo era para la generalidad de las gentes, rememoro contemplando a través del espejo del pasado, cómo se podaban ya entonces, ilusiones estivales, cabellos demasiado largos y los rosales del jardín. Con la misma mano inmisericorde pasaba ¿pasa? el tiempo en clave de sol, concierto para sordos, adagio confidencial para todos aquellos que agostan sus primaveras buscando las luces de neón, la verdad de los hados en el fondo de un vaso de vidrio y buscan a la bella Sigrid, la elegida de su corazón, entre pinturas y modos quinceañeros.

Me preguntaba yo entonces y ahora, el por qué de esa poda siniestra; qué es lo que la moral y el orden establecido tienen en contra de los cabellos largos y las ramas espigadas en desorden de los rosales. No sabía -deliciosa infancia- que la vida me estaba enseñando otra lección.
Caen los sueños como los partidos políticos, porque a ambos les faltan valor en los hombres, que son, en suma, quienes los forjan y destruyen. Valor -palabra mágica-, traumática, insondable; el valor de nacer cada día, a pesar del qué dirán, y si fuera necesario cada pedacito de día; el valor para hacer sonrisa de abanico de ámbar y puntillas, ante ese rasgo que no esperábamos, la mirada alta y el corazón esperando siempre a la vuelta de la esquina. Es como esa pequeña prostituta que nunca acaba de aprenderse la lección y siempre le perdona al soldadito de Vigo, al que no le han mandado el giro. Un día acabará por ser un chulo y entonces se dará cuenta también de que en otoño se podan los rosales.

La muchacha que rompió -capullo que estaba en la madrugada- sus diques y se hizo flor y fruta y esperanza que tiñe de rojo las sábanas doradas que recogen sus sueños, también a golpes de sonrojo, miedo y escarcha, se dará cuenta de que en otoño se podan los rosales.

Y el cachorro de mastín, abandonado a su suerte porque la señora de la casa pudo prometer y prometió, pero como casi todas las señoras y casi todas las casas, se olvidó de que las promesas se deben hacer día a día; peludo, suavecito, condenado por los dioses a la adustez, a la fiereza, a la lealtad, si te hubiera dejado vivir, si no te hubieran arrojado a la cuneta, donde sopla el viento del Este, el que se lleva -y tú lo sabes, pequeño alevín de esperanza- los amores de los hombres, tan crueles, tan insensibles, que son capaces de dejarte morir entre las llantas de cualquier vehículo, símbolo de nuestro progreso democrático y civilizado. Cuando las últimas luces de la tarde formen crisol de espejos incandescentes, cuando las sombras de los chopos se agiganten y quieran engullirte entre sus ramas tenebrosas; cuando el miedo a la soledad y el dolor de no tener más piel que la propia para lamer, se haga herida que gotea en tu interior, entonces comprenderás por qué se podan los rosales en otoño.

Y tú, mujer, que haces esperanza cada mañana, sin esperar de la vida más que aquello que tú misma puedas ofrecer a tu amor. Tú, mujer, que entregaste tus muslos en ofrenda redentora -decían de fe y de progreso-, que cultivaste el silencio como arma, que callaste para que a él se le oyera, que bebiste los reproches del muro de la indiferencia, que pariste hijos, como el que entrega una flor que luego el viento del Este arrancará de tu lado, que quisiste llegar y te perdiste en el metro de tus canas, que quisiste hacer y madejas de seda te envolvieron, que plantaste begonias y se secaron y que siempre fuiste en pos de una sombra, a la que tus propios miedos no fueron capaces de dar corporeidad. Tú, mujer, que bebiste tus lágrimas en la almohada, porque no fuiste capaz de decir más ¡no quiero! y, sin embargo habías perdido el último tranvía de la valentía en aquel colegio que enseñaba a no aprender.

Tú, mujer, cuando flojas tus carnes, perdido el pudor y la vergüenza, carcomida por las termitas del deseo, te hagas esposa consorte de las tisanas de aquel que te prostituyó con los plazos de la nevera y el cuello de armiño. Tú, mujer, cuando tengas que alzar la voz para hablarle y comer sin sal de la vida por su estómago, y esconderle el tabaco y, entonces, tengas sombra de lo que fue un hombre y esposo evangélico... Entonces, cuando él descuidadamente te ordene, casi con  ternura, que leas el periódico o le busques la manta del cuadro para el frío, entonces y solamente entonces comprenderás por qué se podan los rosales en otoño.

Y tú flor, exquisita que dicen, pálida luz de invernadero, por espejo de tus propios sueños, cortada alto el talle, cuidada la figura de pétalos de acero, esperanza perdida en el recuerdo, olores de jazmín y aire de enebro. Tú, sombra incorrupta de la otra, tú gemela, tú nacida a golpes de viento en la pradera, helado amarillo que verdea en su pie de junco agreste, caracola de luces en la nieve de las montañas que te embriagaban aguerrida, que conocen el trotar del potrillo en la pradera y el aullido del lobo en las noches de luna, que bebes el agua del rocío y copulas orgásmica belleza al son del trino del jilguero; tú que puedes gritarle al mundo cada mañana que existes y que eres, cuando también a tí, como a tu hermana de invernadero, te arranquen unas manos infantiles y sientas el calor tibio de unos dedos que rasgan tus entrañas, entonces, en el postrer soplo de vida de tus sueños, comprenderás por qué se podan los rosales en  otoño.

Y ese ciudadano de pro, creyente alpino de las ascensiones a golpe de sonrisa y zarpada cruel en los postres, que viene y va por el excalestric mágico del asfalto, que se forja en el andar sinuoso, que siente sus maquiavélicos pensamientos y sus trastos en la urbe acrisolada que la rueda de la fortuna le depara; aquel ciudadano que siente el gusanillo del poder como arma arrojadiza, bastón alado de sus miedos y frustraciones, cuando después del paseíllo triunfal, las mil y una reuniones, los mil achaques y arrogancias, se sienta en la soledad de la noche, frente por frente a sus propias ideas, la calle silenciosa le escupirá la verdad sin luces. Entonces también él se preguntará por qué a los rosales les podan en otoño...

Otras entradas en Curiosón de esta autora
Por si acaso muero

Lola Villar Villanueva, es abogada,  autora del libro "33 años, 33 poemas".
@Número 3 de "Pernía", Diciembre de 1984. Edita y Dirige: Froilán de Lózar

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Delina Anne Bozarth

Nació en Cleveland (Ohio). Poetisa, autora del libro "A Melancholy banjo". Química de profesión y traductora de literatura latinoamericana para alguna revista de su país.

Anteriormente, ediciones "Delanbo" editó otros folletos artesanales, como "Un banjo melancólico", "Oda a los guerreros" o "Los Mokes en la lección del sueño"...


  • Al gran viejo Walt Whitman

Viejo poeta,
hoy estuve recordando tus palabras
cuando nos hablabas
de la democracia en USA.

En verdad, viejo poeta,
qué lejos está ahora
esa democracia que tú querías.
Pienso que un día
cuando los hombres sean iguales
tus poemas serán como
el de los "Beatles", "Imagínate"
Viejo poeta de Long Island
por donde las palabras blancas vuelan
como el Canto de la Libertad.
Hoy estuve releyendo tus poemas,
que son del amor,
de la auténtica democracia
y la pura rebeldía.

Tus pensamientos
viajan como pájaros
como el espíritu del viento,
como la flecha de los pieles rojas,
como el jazz de los negros
de Nueva Orleans.
Viejo poeta,
tu rebeldía era tempestad
entre las palabras poéticas
de la canción de protesta...
Tus poemas son la fórmula
para una verdadera democracia.
¿Por qué Nixon no aprendió de tí
antes del escándalo del Watergate?

Viejo poeta
tienes razón cuando dices:
"No habrá diferencias
ni privilegios para nadie
en una verdadera democracia".


@Revista Pernía, Número 33. Edita y dirige: Froilán de Lózar.

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Kasterns Mikoll


Austria (Viena), 1940.
Cursó estudios de abogacía. Trabajador portuario de quien recibimos pequeñas pinceladas desde Polonia, donde residía en el momento de insertarlo en nuestra revista.
Ha publicado ensayos, relatos, poemas, en revistas de varios países.
Parte de sus creaciones fueron destruídas por la dictadura de la última Junta Militar Polaca.

  • Uni-Versos
La noche homicida cabalga a lomos
de algún matón sin nombre
Septiembre es augurio de resacas
mordidas por el can de la memoria
Y los pulmones sin respiración
con veinte tiros de más encima
¿Quién se come el pan de las sombras
relleno de venenosos insomnios?
No tiene precio justo la fatiga
mientras la humanidad camina de rodillas
revendian libertades con cadenas
y orgasmos de sangría selectiva
a dos monedas la tirada
jugaban a colorear el alba torturada
amoratando su claridad en ciegas jaulas
pretendían encerrar la inteligencia
en un ascensor descensor de porcelana
que cada cual bautice a su albedrío
chalecos antibalas por apellidos
manchas de sangre en el olfato
ministros del interior entre las piernas
un dios de boñigas por mortaja
La noche homicida cabalga a lomos
de algún matón renombrado. Polonia, 1984

@Revista Pernía, Número 19, Abril de 1986. Edita y dirige: Froilán de Lózar.

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Un manifiesto en la voz del mexicano Salvador Pliegos



Salvador Pliegos
A los 43 normalistas de Ayotzinapa.



Manifiesto
Aquí, donde se queman estrellas y esplendores,
y por sobre la calle se arden las noches cual centellas,
y las ideas corren al viento encendidas
descolgando del cielo sus tronidos;
Aquí, que somos leña de asombro y de umbrales,
estatuto de consignas por la multitud de soles,
y somos frente de todas las gargantas
que encaminan lenguas hacia la pureza de las bocas,
y dejan campanadas de voces entonando
que la tierra está hecha a grito de emociones,
a gritos que ensanchan y bombean corazones.

Aquí, que la voz es un clamor y en la tierra es acogida
a golpes de semillas, a golpes de labranza,
por cada estruendo nuestro que la pulsa o la arroja
al grito de amor que nos levanta y arde,
por cada sentimiento que excita y nos anima
a ser nosotros mismos los centuriones férreos,
los gladiadores de oro luchando por la vida,
nos llaman a ser ahora: los independentistas
más grandes de la historia.

Vamos de nuevo
Hoy que la patria se nos está cayendo,
y se nos cae a marcha de injusticias,
a molde de tributos que acotan lo absurdo,
pues plasman incoherencias con necios atropellos
-¡se nos cae, y se nos cae a todos lados,
se nos va cayendo de los ojos,
se nos hace agua y nos gotea tierra y hierba,
nos aprieta sin linderos!-,
pienso que usted, al igual que yo, que nos miramos,
que nos decimos patria cuando amamos,
que a la tarde, y no importa si desnudos
o cubiertos de una sábana de cielo,
le pintamos los colores al amor con nuestro beso,
usted y yo, los dos de nuevo,
amaneciendo juntos y sonriendo,
seamos la patria ahora,
para irla de nuevo construyendo.

La paloma
Manos de pócima y cicuta la pintaron de negro.
Le quitaron el norte y el sur, y la pintaron de negro.
Le pusieron bozal en las alas, y la pintaron de negro.
La aventaron a la jaula a que migrara, y la pintaron de negro.
Hicieron cojín con sus plumas, y la pintaron de negro.
Le ataron collarín a su vuelo, y la pintaron de negro.
Le pegaron  vendaje a su trino, y la pintaron de negro.
La prensaron con tirria y con odio, y la pintaron de negro.
Para hacerla volver, le ataron el corazón a un desprecio,
y la pintaron de negro.


Plegaria
                   A los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Váyanse a descansar.
Posen sus hombros cansados,
sus agotadas vestimentas,
lo que sus nervios dejaron en la greda
y en el lodo abatido por esfuerzos inhumanos
-la postración de la mirada más allá del fondo
y más allá de las grietas desterradas-,
para venir de nuevo, un rato, otra vez,
con las horas en la mano,
con el tiempo y valentía,
con la fortaleza de imposibles.

¡Vamos a encender los ojos!
No nos dolerán los besos, ni los labios,
ni los sentimientos hacia un sol cuando miremos,
ni el desnudo pie exprimiendo a las olas,
ni el retumbe de bigornias en los dedos.

Y con las manos atadas a la lluvia,
al torrente y cuello de otras manos,
por cada estrella mirándonos los iris
y cada sombra que se haya desprendido,
la túnica del alba y de las rosas
-al pan diario y nuestro-, le dé a los tibios salmos
un ángel único de bocas,
un grito de calles delirantes:
“Hijos nuestros… Padre nuestro…”,
y con ellos, los ojos en la tierra se incineren
por un beso que quisiera darles en la frente.

Más allá de la injusticia
Quiero quererte,
que no decaigas ni decaiga,
que no claudiques nunca,
que frente a la violencia
te aglutine con un beso
y me respondas,
que ante la ignominia de unos cuantos
formemos una cadena:
tú y yo, los dos juntos, boca a boca,
sin censura, sin diatribas;
tú y yo, llenos de voces,
porque no nos intimidan,
porque en nuestras bocas hay justicia
y eso vale mucho,
mucho más que la injusticia.

Emancipación II
Aquí nos prendimos de palabras y de hechos.
Y aunque no se escuchó sonido alguno,
cada letra se fue latiendo más fuerte,
hasta que sacamos el corazón a la calle
y latía a pleno grito.

Rebeldía
Se alzó un grito que no se oía.
“¡Calla la voz!“ –ordenóle un sable.
Mas el grito no se callaba.
“¡Silencia la lengua!“ –exigió la bayoneta.
Pero el grito más se escuchaba.
“¡Enmudécete y calla!“ –coaccionó el revolver.
Y el grito, al verles enfrente,
desbordó toda el alma
sin necesidad de garganta.


Salvador Pliego
Mexicano, nacido en la ciudad de México. Como escritor inició su carrera a finales de 2005 y desde entonces ha publicado más de 20 libros. Ha sido premiado en múltiples ocasiones y ha realizado lectura de su poemas en Estados Unidos, México, Perú, Chile, Argentina, España y Colombia.

Ayotzinapa: un grito por 43
El 26 de septiembre de 2014, en Iguala, Guerrero, México, el estado reprimió a un grupo de estudiantes y a 43 de ellos los secuestró y desparecieron. Desde entonces se inició un movimiento exigiendo su presentación con vida, lo que generó manifestaciones en todo México y más de 30 países.
El derecho a la vida es único e inalienable. Este libro denuncia a un estado coaligado e inmiscuido con el narcotráfico y exige, más que nada, el respeto a la vida.
Se dedica el libro a los padres de los 43 normalistas desaparecidos.


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Dos billetes

  • El 12 de marzo subía a nuestra sección de "Curiosón invitado" Marcelo Posada, argentino que firma en Google+ como Marcelo de la Costa. Aprovecho las palabras de Edit Norma Amieiro que no suele regalar halagos, pero que no se resiste ante uno de sus versos y escribe emocionada: "Me gusta su estilo puro y fresco como la naturaleza en primavera."




Marcelo Posada



Era una noche como cualquiera, no recuerdo en que mes, pero era una noche igual a tantas otras. El frío arreciaba a esa hora en que escasea el tránsito cansado de los vehículos y hasta las ánimas por temor permanecen en sus sepulcros.

Él, esclavo de su debilidad, se aseguró que los bares ya hubiesen cerrado para evitar inesperados testigos. Ella, como casi siempre, estaba a mitad de cuadra, justo en el límite entre la acera y el asfalto. Bella, provocativa, insinuante. Aguardando la llegada de algún desconocido que al menos justificara la inclemencia sufrida.

Desde la esquina la vio. En un primer momento dudó en avanzar o solo verla y regresar. Sabía perfectamente que una vez iniciada la marcha y ser visto, ya no podría echarse atrás. Se aseguró por última vez la ausencia de miradas indiscretas y se dirigió a su encuentro.

Ella lo recibió con una amplia sonrisa y falsas palabras halagadoras. Él apenas movió la comisura de los labios. La investigó y fue investigado. La recorrió con su mirada, pero ella apuró sus ojos y lo miró fijamente esperando la pregunta habitual. “Cuanto”, dijo con una voz que intentaba fingir seguridad pero a la que le era imposible ocultar su nerviosismo. Ella con un tono de experimentado mercader le contestó “dos billetes” y sembró entre los dos uno de esos  silencios que establecen una expectante distancia mientras se aguarda una respuesta. Él indagó en su bolsillo derecho, tomó los billetes pactados y quebró el puente que le habían tendido.

Ella fingió una sonrisa con su respectiva tierna mirada. Le preguntó si prefería la luz mortecina del farol público o el resguardo que ofrecían las sombras en la cercana entrada de garaje. Él prefirió la luz. “Quiero verte”, contestó ya mucho más decidido. “Como quieras”, fue su lacónica respuesta.

Arrojó su goma de mascar ya sin sabor, se acercó a él y lo besó… profundo, absoluto, total. Casi con seguridad, fue un beso breve, rutinario y habitual  para ella… eterno  y portador de todo el amor del mundo para él. Sin cerrar los ojos, sintió que la soledad en ese instante se hacía añicos… que el cristal que lo separaba del mundo circundante se desintegraba y caía a sus pies.

Ella separó sus labios de los labios de él. Él cerró los ojos un instante y volvió en sí. “Listo bebe, ya está” fue lo primero que le escuchó decir. Supo que debía marcharse. Ella volvió a hurgar en la calle vacía, esperando otro desconocido, otro beso, otros dos billetes. Él regresó pisando las huellas dejadas en el camino por el cual había llegado. Volvió a sentir frío, y puso a resguardo sus manos en los bolsillos. Echó una última mirada a su alrededor para asegurarse no haber sido visto. Y sin mirar hacia atrás, dobló en la esquina y se marchó.

Ha publicado trabajos en la revista literaria “Anuario Avatares Letras 2013”, Antología “Letras del Face III 2013” (Editorial Dunken), Antología del V Concurso Internacional de Poesía Atiniense 2014, "Selección de Cuentos y Poesías 2014" (Editorial Dunken), Antología “Versos desde el corazón" (Editorial Diversidad Literaria – Madrid), Antología “Diario del Amor 2015”-

Galardonado con el segundo puesto en el “Concurso Literario de Poesía y Cuento Horacio Quiroga - 2014” organizado por la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) Zona Norte.
 
Marcelo Posada || Curiosón invitado 

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Dori Jiménez Santamaría



Dori Jímenez Santamaría, nació en Colmenar (Málaga),
el 20 de Marzo de 1962. A finales de la décade los 70 se traslada a Barcelona. En el momento de tomar parte en este apartado de nuestra revista, no colaboraba con ninguna publicación.
"Creo -explica allí- que la mayoría son muy cerradas. Siempre la misma gente, las mismas cosas..."


Escribir...
Romper el silencio,
el eterno silencio
y caer despacio
en la senda del papel.
Dejar el aroma,
el sabor
de las sensaciones...
sin saber el por qué,
con las alas mágicas
y la música
de las palabras.

Buscar siempre
una sonrisa
transparente
del mar
o de las flores...

..................................................

Nos perdemos
por unas horas ocupadas
y unas frases sin sentido.
No nos queda tiempo
para la locura;
la ahogamos
sin que haya despertado,
y nos duelen
las heridas en el vacío.
Estar cansado.
No escuchar
que la noche nos llama,
no sentir que la luna
nos pide un beso...
por un poco de paz
en los bolsillos,
por algo más
de independencia,
nos hacemos más pasivos
y el sueño
nos cierra los ojos
sin apenas sentirlo.

..................................................

Faslsedad que nunca
se cansa de mentir,
de seguir...
Luchas imposibles
que acaban
sin salir
de las sombras.
No basta el silencio
para dejar de escuchar.
Todas las sensaciones
viajan sin billete,
todos los minutos
están muertos...

No les importan
mis deseos frustrados
al agua de la tarde
que siempre duerme.

..................................................

Estoy más cerca,
y el mar que no vimos
me cubre de caricias.
Los instantes desgastados
cubiertos de dudas...
que quedan
tras el silencio
que no llenan los besos,
cuando los golpes
detienen las manos,
cuando el agua llega
y se queda en los ojos.
Qué sensación viajará
por mi monotonía,
qué sueño
te recordará
cubierto de mar,
de nubes que me esperan.

PROMOCIÓN DE AUTORES
Revista Pernía, núm 27 Edita y Dirige: Froilán de Lózar


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Pasajeros a Indias, 1503 - 1790 (IV)

  • Los flamencos, o los napolitanos, podían ser súbditos del Rey de España, pero no eran españoles "sensu stricto", y por tanto tenían vedado el paso al Nuevo Mundo, salvo que se naturalizasen, o mediante real cédula. Otro tanto debían hacer los extranjeros, como es obvio. En segundo lugar, debía demostrar no tener sangre de moros ni de judíos, ni haber sido penitenciado por la Inquisición.



Ver capítulo anteriores


José María González-Cotera Guerra
Marzo, 2005


CAPÍTULO IV
La licencia de paso a Indias


El paso a los nuevos territorios, y la vuelta e España desde ellos, e incluso el tránsito entre territorios de Indias, fue objeto de regulación desde un principio. Era necesario un permiso para el embarque que en los primeros años se concedía sin dificultad, en que los únicos trámites consistían en el registro en el Libro de Pasajeros (1509-1701). Fernando el Católico promulgó una cédula, en 1511, por la que se permitía pasar a Indias a quienes quisieren sin ponerles impedimento alguno, con solo anotar sus nombres. Pronto la autorización se complicó notablemente; las noticias de los tesoros americanos produjeron una masiva salida de pasajeros; a ello se unía el deseo de impedir el paso de extranjeros y herejes. Nuevas disposiciones establecieron la obligación de abrir un expediente de información para la concesión de la licencia o despacho (1534). Este control obedecía a múltiples objetivos: unos económicos, otros políticos o religiosos. A decir verdad, estos últimos se confundían entre sí. El pasajero debía demostrar que era nacido en cualquiera de los reinos que componían la Corona de Castilla. El descubrimiento y la posterior conquista se hizo en nombre de Isabel, la reina de Castilla, lo que excluía a los subditos del rey de Aragón. Esta situación se mantuvo hasta la llegada de los Borbones, exactamente hasta la promulgación del decreto de Nueva Planta.

Con mayor razón los flamencos, o los napolitanos, podían ser súbditos del Rey de España, pero no eran españoles "sensu stricto", y por tanto tenían vedado el paso al Nuevo Mundo, salvo que se naturalizasen, o mediante real cédula. Otro tanto debían hacer los extranjeros, como es obvio. En segundo lugar, debía demostrar no tener sangre de moros ni de judíos, ni haber sido penitenciado por la Inquisición. Limpieza de sangre. Para ello, bien por la fe de bautismo firmada por el párroco del lugar de su naturaleza, legalizada por escribano y comprobada por otros dos o, mejor tres, bien mediante información suficiente, con testigos que juraban decir verdad, debía demostrar que tal condición la cumplían él, sus padres y sus abuelos. Este requisito alcanzaba incluso a los hidalgos o del estado noble, cuya limpieza de sangre, considerada como algo obvio, no les eximía de hacer la información. Debía ser soltero y, si no, tenía que presentar la autorización de su mujer, o bien llevarla consigo. Detrás de todos estos requisitos, por encima del prurito burocrático que aparenta, subyace una política muy precisa de emigración para repoblar unos territorios extensísimos, a los que se quería preservar de los supuestos males que aquejaban al suelo patrio. Estaba muy reciente la expulsión de los judíos y la conquista del último reino de Granada, para que estos hechos no pesaran en las mentes de los gobernantes de la época, en concreto del Consejo de Castilla, de quien dependían los asuntos de la conquista, hasta que se creara el de Indias.

Sin embargo, esta exigencia de limpieza de sangre subsiste durante todo el periodo estudiado, hasta el final de la Casa de la Contratación, yendo más allá de las motivaciones iniciales del principio del siglo XVI. Ello se debe sin duda al peso del Santo Oficio de la Inquisición en la política española, que impuso también la limpieza de sangre para el ingreso en los cuerpos de la administración civil y militar, hasta su desaparición, en el siglo XIX (1834).

La persistencia del expediente de limpieza de sangre y demás requisitos establecidos va más allá de las razones y motivaciones primigenias: entra dentro de lo subreal al perpetuarse fórmulas que tuvieron su origen en hechos acaecidos más de un siglo antes pero que se enquistaron en la rutina de los textos usados por escribanos y legistas.

Hubo que esperar al siglo XVIII para que estas fórmulas fueran desprendiéndose de adherencias, como poco, obsoletas. Por otra parte, al propiciar el paso de solteros a las nuevas tierras descubiertas, se favorecía el mestizaje, política que se contempló como muy conveniente para la difusión de la fe católica e integración de los nuevos territorios en el Imperio, por más que los matrimonios de españoles con indios estuvieran legalmente prohibidos, lo que nunca se cumplió, y que, vista desde la perspectiva actual, se adelantó cinco siglos, a pensamientos muy modernos, aunque, como es lógico, por motivaciones muy diferentes. No se vaya a pensar, sin embargo, que solamente pasaban solteros, o que se pusieran trabas a los casados. [3]

Con la exigencia de información de "libertad de persona" se pretendía defender los derechos de los cónyuges y de la prole. En realidad el control ejercido servía para regular la emigración que si bien era necesaria para el poblamiento de las nuevas tierras, suponía una sangría de la no muy numerosa población española. Por esta razón las mayores o menores facilidades fueron adoptándose y adaptándose a las necesidades de cada momento. La discriminación de que eran víctimas los conversos y los reconciliados por el Santo Oficio hay que encuadrarla en la política iniciada por Isabel la Católica que colocaba la unidad religiosa como elemento generador del Estado unitario que nacía en esos momentos; con la ayuda de la Inquisición se consolidó este principio hasta integrarse en el imaginario colectivo de manera tan eficaz que hicieron muy difíciles las posiciones críticas. Qué duda cabe que con criterios actuales se cometieron abusos y se conculcaron los derechos humanos.

Con el paso del tiempo se fueron relajando las restricciones fácticas al paso de los prohibidos, pero siempre mediante la lasitud en el cumplimiento de la normativa que nunca fue modificada en este punto. [2]  Sin embargo en paralelo se fueron suavizando las fórmulas que quedaron reducidas a "limpios de toda mala raza" o "no de los prohividos de passar à las Yndias". Es necesario señalar que esta discriminación, pese a las apariencias, no siempre contenía aspectos raciales sino más bien religiosos, aunque en su formulación se hablara explícitamente de raza de moros o de judios. Sin embargo frecuentemente se empleaban expresiones claramente racistas, cuando se añadía a los anteriores a mulatos, sarracenos o gitanos. Los costos de tan compleja tramitación que a veces se prolongaba por varios meses, exigía unos medios económicos que solamente muy pocos podían afrontar. Esta es una de las causas del predominio del estado noble, o de hijosdalgo, entre los pasajeros. Una forma de reducir estos costos era pasar como criado, o paje, según la edad,de algún dignatario,al que servían durante el viaje, y por un tiempo variable, una vez en Indias. Luego quedaba libre de elegir empleo o de emprender negocios por su cuenta, que en las dos primeras centurias del imperio, eran predominantemente mineros, mientras en el siglo XVIII serían comerciales y mercantiles.

___________

[3] Hemos encontrado un caso que por lo singular y temprano ponemos como ejemplo:
El mismo día que se daba despacho a Alonso de Ortega, natural de la villa de Potes, (18 de febrero de 1562) se hacía otro tanto con Antonio López Tundidor, natural de la villa de Moguer, con su mujer Beatriz López, natural de la villa de "Guelva", que llevan consigo a Diego, Isabel, Hernando, Maria y Elena, sus hijos y María López, hermana del dicho Antonio López, solteros.




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Pasajeros a Indias, 1503 - 1790 (III)

  • Desde el primer momento, pasado el período de encomienda del Almirante, tras el rescate de la propiedad de las tierras descubiertas por la Corona de Castilla, se inició un flujo acelerado de navegantes, soldados, clérigos, mercaderes y aventureros para el que ésta estableció un sistema de fiscalización y de control que, entre otros objetivos, miraba por la regulación de la emigración para que no dejara sin brazos ni soldados la metrópoli.



Ver capítulo anteriores
Notas previas. Advertencias preliminares
Introducción



José María González-Cotera Guerra
Marzo, 2005


CAPÍTULO III
La Casa de la Contratación



Era necesario equilibrar las poblaciones de las nuevas ciudades con la de las viejas villas castellanas; no olvidemos que este primer esfuerzo demográfico coincidía con las guerras en Italia. La gestión de la intervención del paso al Nuevo Mundo, le fue conferida a la Casa de la Contratación de Indias, [1] que tuvo su sede en Sevilla. Este organismo nació por iniciativa de los Reyes Católicos en 1503, inspirado en otros similares, sobre todo en la "Casa de India e Guina" de Lisboa, para canalizar, impulsar y fiscalizar todo el tráfico con las tierras recién descubiertas. Inicialmente se pretendió que fuera una agencia de la Corona de Castilla, a semejanza de la portuguesa, autónoma y en régimen de monopolio que realizara todo el comercio por su cuenta, pero pronto la complejidad del mismo, la diversidad de productos, territorios, y puertos de destino hicieron imposible este proyecto, convirtiéndose la Casa en un organismo público administrativo encargado del control y fiscalización de todas las actividades relacionadas con las Indias, tanto comerciales como sociales. Durante el siglo XVI, el de mayor esplendor de la Casa de la Contratación, se aprobaron y rectificaron sus Ordenanzas que prácticamente no se modificarían en los dos siglos posteriores. En 1524 se creó el Consejo de Indias, al que fue adscrita la Casa que hasta entonces era autónoma. Posteriormente en el siglo XVIII pasaría a depender del consejo de Hacienda y finalmente del de Guerra. En un principio, la organización de la Casa de la Contratación estaba encomendada a muy pocas personas, pero a medida que creció el tráfico comercial y el número de pasajeros, hubo que arbitrar una organización capaz de mantener los niveles de fiscalización deseados. Inicialmente, su personal lo constituía un "factor" del que dependía el aprovisionamiento de los buques, su revisión y la compra por cuenta de la corona de ciertas mercancías: armas, municiones, azogue para el beneficio de la plata, etc., consideradas estratégicas; un "tesorero"que recibía todos los caudales de las Indias, tanto de particulares como de la Corona; se hacía cargo también de los bienes dejados por los fallecidos en Indias o en la mar, hasta que eran asignados a sus herederos legítimos (bienes de difuntos); y un "contador-secretario" que llevaba la contabilidad de todas las operaciones de la Casa. Estos tres funcionarios eran conocidos como los "oficiales reales" y actuaban conjuntamente en algunos trámites fiscales, como el registro de navíos, la concesión de las licencias de paso y embarque y el cobro de ciertos gravámenes, siendo el más importante el llamado de la "avería", que consistía en una tasa sobre las mercancías transportadas para sufragar los gastos originados por la protección armada de los navíos. Tenían también la facultad de administrar justicia en los pleitos relativos al comercio y la navegación, previo asesoramiento de un letrado; su actividad en esta esfera provocó numerosos conflictos con los tribunales ordinarios. Cuando se creó el Consulado de Sevilla (1542), tribunal mercantil, muchos pleitos de responsabilidad civil pasaron a él, pero la criminal siguió bajo la jurisdicción de la Casa de la Contratación. En 1583, se creó una sala de justicia dentro de la Casa, con lo que la función judicial quedó totalmente separada de las tareas administrativas y fiscales, encomendadas a los oficiales reales. 

En 1596 la sala de justicia fue equiparada a una Real Audiencia.(1) Con el tiempo, la complejidad de las tareas de la Casa de Contratación llegó a ser tal que fue menester dotar a los oficiales reales de una serie de ayudantes: diputados, comisarios delegados, escribanos, etc. También se crearon cargos con funciones concretas y específicas, como los de "correo mayor", "proveedor general de la armada", "visitador de navíos", "artillero mayor". Para dirigir todas estas actividades se instituyó, en 1557, el cargo de Presidente de la Casa de la Contratación que era su suprema autoridad ejecutiva. Al contador se le asignaron numerosos ayudantes, y finalmente se creó un Tribunal de la Contaduría de la Avería (1596) o Contaduría Principal. La Casa de la Contratación tenía su capilla y también su cárcel propias. Durante más de dos siglos (1503-1717) Sevilla fue la sede de la Casa, dado el monopolio del tráfico con América de que gozaba, y en su puerto fluvial tenía lugar la salida y llegada de los navíos que hacían la Carrera de las Indias. Solo hubo un intento de alterar esta situación (1529-1573), permitiendo a ocho puertos españoles que enviasen barcos directamente a Indias, aunque bajo la supervisión de delegados de la Casa, y con la obligación de terminar en Sevilla el viaje de regreso, lo que hizo imposible la ruptura del monopolio. Sin embargo el calado del rió Guadalquivir no siempre permitía a los buques llegar con toda su carga hasta Sevilla, máxime con el incremento del tonelaje de los navíos, lo que se obviaba desembarcando en Cádiz o Sanlúcar parte de la mercancía, con la previa autorización de la Casa. Esta licencia daría lugar a abusos que originó un activo contrabando, con la merma de los ingresos reales. Trató de evitarse con la creación de un Juzgado de Indias (1535) en Cádiz para controlar este tráfico. Estaba compuesto por un juez oficial y tres delegados de la Casa de la Contratación. Los comerciantes de Sevilla intentaron, sin éxito, suprimir este Juzgado y mantener la exclusividad de su puerto. 

Durante el siglo XVII la Casa de Contratación se vio aquejada de los mismos males que el resto de la administración española, tan bien retratados por Cervantes en sus Novelas Ejemplares (la mayor parte de ellas localizadas en Sevilla): ineficiencia, lentitud y venalidad de los funcionarios. La mayoría de los oficios eran ocupados por compra, mediante la paga a la hacienda pública de la "anata" o "media anata", importe equivalente a una anualidad o media anualidad, respectivamente. Esta modalidad suponía en muchos casos una incitación a la corrupción. Los hidalgos segundones, carentes de esa suma, ni siquiera aproximadamente, se veían obligados a caer en manos de prestamistas para su depósito, previo al juramento del cargo. De aquí a la venta de servicios no había más que un paso. La insaciable voracidad de la Hacienda, condujo a proveer más oficios de los que eran necesarios, apareciendo los "jueces supernumerarios", que habían de aguardar para ocupar su destino a que quedara vacante su puesto. La llegada de los Borbones supuso una racionalización de la administración que como es lógico alcanzó al Consejo de Indias y por tanto a la Casa de la Contratación. Una de las primeras medidas fue su traslado a Cádiz (1717) al tiempo que el Juzgado de Indias se trasladaba a Sevilla; con el tiempo, esta racionalización y la descentralización progresiva de la administración borbónica fueron limitando sus funciones y prerrogativas hasta su definitiva supresión en 1790.[2]

________

[1] Gran Enciclopedia Larousse: Voz Casa de Contratación.
[2] Ibidem





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Pasajeros a Indias, 1503 - 1790 (II)

  • El Archivo General de Indias posee la más ingente información de todo lo concerniente a la conquista, colonización y administración del Imperio español ultramarino y al intercambio de personas y mercancías entre España y el Nuevo Mundo. Y a través de éste con los territorios asiáticos, principalmente Filipinas.



Ver capítulo I
Notas previas. Advertencias preliminares



José María González-Cotera Guerra
Marzo, 2005



Introducción


Aunque el viaje hacia el Pacífico se realizaba cruzando Nueva España, por la ruta terrestre de Veracruz a Acapulco, de donde zarpaba el Galeón de Manila, quedaba anotado siempre el destino final. Asombra leer la naturalidad con que se daba cuenta de viajes que aún hoy produce vértigo proyectarlos. Pues en esa aventura andaban ya en 1535 hombres nacidos en Liébana. El descubrimiento de un nuevo mundo en el tránsito del siglo XV al XVI tuvo una gran repercusión en las gentes de toda Europa, pero de forma preferente, como no podía ser de otra manera, de España. 

Terminada la conquista de Granada, se abría una nueva oportunidad a los que tenían por o oficio las armas. El descubrimiento constituyó una llamada a la aventura, una oportunidad que atrajo numerosos voluntarios a la conquista de nuevos territorios. En un principio, eran grandes los temores a una ruta marítima que se apartaba de las habituales. Subsistían todavía las creencias en una Tierra plana y en los abismos que bordeaban los océanos. Pronto las noticias llegadas del otro lado despejaron algunas dudas, rebajaron los temores y encandilaron las mentes, otrora temerosas de lo desconocido. Se abría un destino inédito para los atrevidos, para los audaces. No era ajeno a este impulso el pensamiento renacentista, superador de los terrores medievales. Pero el factor determinante fue la aventura y la codicia despertada por los relatos de los primeros conquistadores. La leyenda de El Dorado se propagó entre las masas como si de una noticia real se tratara. Nada de extraño tiene este hecho, pues lo mágico formaba parte indisoluble del pensamiento y de las creencias de las gentes de entonces. Hay que tener en cuenta también que tenían a mano, en los libros de caballería, los materiales para construir sus modelos y las referencias con las que identificar sus objetivos. 

Todos estos factores desencadenaron una corriente migratoria hacia el Nuevo Mundo, que arrastró a los más arriesgados, a los más valiosos. Pasada la fiebre inicial, tras un período de carácter guerrero y religioso proselitista, sucedió el período minero y más tarde el mercantil, terminando por ser el comercio el principal motor de la emigración. La explotación de las minas de oro y, agotado éste, de plata, constituyó la actividad más provechosa para los mineros y por ende para la Corona. A ello se sumó que los nuevos asentamientos comenzaron a exportar productos novedosos y desconocidos en Europa: maderas, tintes, etc., al tiempo que demandaban otros que aún no eran capaces de proporcionar a una sociedad dominante, crecientemente más rica que la de la Península. A estos distintos periodos se corresponden los diferentes tipos de pasajeros que predominan en cada uno de ellos, sin que dejen de encontrarse los demás en todas las épocas. Tampoco hay que olvidar, al considerar las razones para emprender un viaje que ofrecía todas las incomodidades imaginables, la oportunidad que suponía para los funcionarios civiles y para los eclesiásticos la carrera de las Indias. Un destino en la gobernación de aquellos vastos territorios, o una prebenda eclesiástica en las diócesis recién establecidas suponía, sin duda, una ocasión de rápido y asegurado enriquecimiento.




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Pasajeros a Indias, 1503 - 1790 (I)

Recuperamos los primeros capítulos de esta curiosa y paciente investigación, que no encontró editor. 
Me parece un trabajo serio, que recuerda las penalidades y las historias de quienes se embarcaron para América. 



José María González-Cotera Guerra
Marzo, 2005



Notas previas

A mis antepasados indianos.
Capítulo de agradecimientos.

Muchas son las personas que deberían figurar en este recordatorio. Son las que han sufrido con mi trabajo, que han sido sacrificadas para que fuera posible; son también las que me han ayudado y animado en mi labor y la han facilitado. En primer lugar mi familia que nunca dudó de que llegaría a terminar este libro, aunque tampoco pudieron imaginar que la espera durara tanto. Ana ha sido la principal víctima de esta aventura: para ella va mi primer y mayor agradecimiento; siguen luego mis hijos y mis nietos, a los que he hurtado tiempo y dedicación. Vienen después los que me han animado y los colaboradores. Manuel Estrada Sánchez, mi sobrino, que me avaló y presentó en el AGI; Raúl Linares Araya, mi primo lejano, que desde el primer día me sostuvo con sus sabios consejos; Tomás Pérez Vejo, que me transmitió su pasión por lo hispano; José Antonio Benito Rodríguez, que me dio noticias de los peruleros lebaniegos. He de añadir aquí a Consuelo Soldevilla, de quien recibí sabios consejos de experta en la materia. Un reconocimiento muy especial he de dedicar a otro sobrino, sabio informático: Pablo Noriega. He de mencionar a Fray José María Alonso del Val, Vicepresidente del Centro de Estudios Montañeses; desde el momento en que leyó este trabajo se convirtió en mi procurador ante el Centro. Si no ha podido publicarse en él, no ha sido por falta de su firme apoyo; otros imponderables lo han impedido. En este nutrido grupo dejo para el final a Javier de la Cueva, sobrino también. Sin él no hubiera podido abordar la estructuración del texto, la elaboración de los índices que en trabajos de investigación de fuentes documentales, como es este libro, son absolutamente imprescindibles, ni, lo más importante, la edición del mismo. Capítulo aparte merece el Archivo General de Indias. Si grande es su importancia e inmensos los tesoros documentales que encierra, no es menor el calor humano con que acoge a los investigadores que como yo se acercan a él sin más crédito que su voluntad. La profesionalidad de todo su personal facultativo y laboral es admirable, y su paciencia franciscana. En la impo- sibilidad de citarlos a todos quiero personalizar mi agradecimiento en Pilar Lázaro de la Escosura, su Secretaria, y en Jesús Camargo Mendoza, Guillermo Pastor Núñez, Rafaela González y Estrella Solís; en ellos he encontrado estos años una valiosísima ayuda.

Advertencias preliminares

El propósito de esta obra no es otro que esbozar una relación de pasajeros a Indias naturales de Liébana durante los siglos XVI a XVIII, extraída del Archivo General de Indias. El período estudiado es el que va desde la creación de la Casa de la Contratación hasta su final: de 1503 a 1790. Como más adelante expondremos, la relación no puede ser exhaustiva ni tampoco, obviamente, lo pretendemos. Incluiremos en otro capítulo los procedentes de áreas geográficas limítrofes con la nuestra, pero que al tener apellidos comunes con los lebaniegos, nos han salido al paso en la investigación. Con menor detalle, daremos noticia de otros que, sin constar ser naturales de Liébana, ni de regiones circundantes a ella, aparecen en los registros del Archivo con apellidos, bien notoriamente lebaniegos, bien frecuentes en ella. Podríamos haberlos desechado de la relación, tanto estos como aquellos, pero hemos preferido incorporarlos, aunque en capítulos aparte, para poder observar con nitidez y precisión la participación de los lebaniegos en la colonización del Nuevo Mundo y en el intercambio comercial entre las dos orillas del Océano, al tiempo que se pone de manifiesto la rica interconexión de Liébana y las regiones limítrofes. En otro cuarto capítulo incluiremos una limitada relación de los que en un principio investigamos por sus apellidos aunque luego resultaron ser naturales o vecinos de otras poblaciones de España, generalmente muy alejadas de Liébana. En un último capítulo daremos cuenta de expedientes no estrictamente relativos a viajeros que hemos encontrado en el curso de la investigación, de muy diversa condición, entre los que se incluyen los relativos a empleos, méritos y servicios, causas judiciales y otros de diversa índole. 




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La Mancha fue su canción





Vicente Cano , nació en Argamasilla de Alba (Ciudad Real), el año 1927. Fue director del Grupo Literario Guadiana y de la revista poética "Manxa". Ejercició la crítica literaria en el diario "Lanza", de Ciudad Real .




Tu sitio
(A Eladio Cabañero, con admiración)


A tí, Eladio Cabañero, voz de lluvia,
tomellosero humano y sensitivo,
noble como los tuyos: los sencillos
los cavadores de sus propios méritos.

A ti, Eladio,
alto como una idea o una estrella,
con los ojos de trigo generoso
y corazón antiguo
para mirar el mundo limpiamente,
humanamente
y descubrir su desnudez...
y soñar la verdad que necesita.

A ti, Eladio Cabañero,
manchego luminoso y repartido
y albañil elevado en el andamio
del sentimiento...

A ti, que enjambras amistad y versos limpios
con tus manos de pueblo y de raíces,
con tus palabras ciertas como el alba,
con tu verdad redonda y sin cordeles.

A ti, Eladio Cabañero -hombre y poeta-
hay que buscarte
por las venas rendidas de los frutos,
en las sanas raíces del suspiro,
por los nortes cabales del abrazo,
en el libro más fiel de los que cuentan
y en la senda de luz de lo que importa.


De "Gentes de luz y de Asombro, 1984".

*******

Versos apiadados para un busto de Teresa Panza,
modelado por Cayetano Hilario

¿Qué inscripción o leyenda, qué elegía
poner bajo este busto de sencilla
aldeana, que primorosas manos
modelaron?

¿Qué noble pensamiento
alzar en alabanza por quien tuvo
un lugar en la historia más famosa
que se ha escrito?

Qué ramo de palabras
trenzar como recuerdo por quien fue
carne de la ignorancia y la pobreza.
Árbol con sed -de frutos sin esquinas-.

Tosco jazmín. Terrón acuchillado
por arados injustos y culpables?

Esta fue -lo sabéis- Teresa Panza,
hija del pueblo y esclava de sudores:
la que tuvo una vida deshauciada
de arcadias y sosiegos, la que no
comió jamás el pan sin mansedumbre.

Vivió infancia de miel, aunque no tuvo
más navidad que el sol y los caminos
para llenar sus manos de juguetes.
Su juventud de júbilo y aroma
-gastando su fulgor por los rastrojos-,
pasó como una luz. Supo de amores,
casó con un pastor, fue fiel esposa,
arrendó su cintura y sus deseos
al ascua arrobadora de los hijos
y soportó, tenaz, la incertidumbre
de que anduviera Sancho en aventuras.

Y esto sería todo, si no fuera
porque a Teresa Panza le llenaron,
con engaños, la frente de ambiciones,
poniéndola en los ojos una venda
de falsas Baratarias y ganancias
(una historia corriente, repetida
en el tiempo y la carne de los pobres)
haciéndola más honda su indigencia
con promesas mojadas en sarcasmo.

.....................................

¡Que no digan tu nombre sin respeto,
mujer de escarcha y sed enardecidas!
¡Que nadie arroje piedras a tu pozo
de acorralada paz!
Pido que todos
enciendan su emoción para sentir
tu ultrajada humildad, Teresa Panza.
(Le sobran mil razones a las manos
que, con amor, hicieron este busto).

"La Mancha es mi canción", inédito


Libros publicados:
Inquietud (1969)
Cuando nunca sea tarde (1979)
Gentes de luz y de asombro (1984)
Amor es una lluvia" (1986)

Los rostros de la sed, La Mancha es mi canción y Balada de Navidad. (En preparación, en los momentos de participar en el cuaderno de PERNIA "Promoción de Autores.
Premios obtenidos:
Premio Ayuntamiento de Tomelloso, 1968
Premio Chilanco, 1970
Pampanas amarillas, 1970
Vino Nuevo, 1971
Jaraiz, 1974
Cencibel, 1982
Primer Premio La Roda (Albacete), 1976
Premio Juan Alcaide, 1976
Premio Rosa de Azafrán, 1978
Premio Ciudad Real de Poesía, 1979
Primer Premio Nacional de Poesía, " La Roda", 1981
Primer Premio XIII Concurso de Daya Nueva (Alicante), 1981
Primer Premio Prosa en el X Certámen "Molino de la Bella Quitería de Munera (Albacete), 1985
Premio Enríque Ríos Zuñón, 1986
Notas relacionadas con Vicente Cano
Dos décadas sin Vicente Cano
Vicente Cano en la Wikipedia

PROMOCIÓN DE AUTORES
@PERNÍA, Revista literaria, Núm 32, Edita y Dirige: Froilán de Lózar

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Josefina López de Serantes

Su verdadero nombre era Josefina López González, nacida el 6 de Abril de 1922 en A Coruña. 
Cultiva el Cuento, el relato, el artículo, la novela..., colaborando con asiduidad en periódicos y revistas como "Lecturas", "Siluetas", "El Hogar y la Moda", "Mujer"...etc.
Entre sus novelas, "Orgullo vencido" (1984), "Deber sagrado" (1952), "Un sueño de amor" (1952), "El misterio de Foretmer" (1958), "Volvieron en primavera" (1962), "Yo conocí a Marcela" (finalista del Premio Planeta en 1979), "Empezar a vivir" (1985)...  
Entre las biografías destacan: "El buen Papa Juan" (1967), "Benito Vicetto, ignorado" (1978), "Vida e morte dun poeta" y su última obra"Enigma y misterio de Cristóbal Colón", que ya no pudo ver impresa.
Josefina nos dejó el 6 de Marzo de 1998.


Noche de difuntos

Sucedió hace ya muchos años en un pueblo lejano, rodeado de castaños y pinos, que parecía recostado a la orilla del mar...
Aquella noche era fría y oscura y los niños no jugaban con su acostumbrado bullicio de risas y gritos alrededor de "lareira". 
Estaban quietos, sentados en el escaño de piedra y mordisqueando las castañas sujetas por un hilo a modo de rosario.

La madre se movía de un lado para otro sin abandonar sus quehaceres, mientras sus labios repetían en un susurro incesante una letanía de rezos. Cerca del hogar, el padre, callado y pensativo, repasaba sus aparejos de pesca, mientras en su mente bullía el recuerdo de aquellos seres que ya no volverían jamás.

Era la noche de difuntos, y ante una tosca imagen de Jesús crucificado, parpadeaban temblorosos, sobre un lecho de aceite, numerosas mariposillas encendidas en memoria de aquellas ánimas queridas que quizás aún no gozaban de la gloria de Dios. Al menos, eso era lo que en su fe sencilla pensaba aquel matrimonio de aldeanos.

Los niños miraban las inquietas luces con una curiosidad infantil, descifrando las sombras fugaces que se reflejaban en la pared. A todas las conocían por sus respectivos nombres. La de la derecha era la del hermano mayor, muerto en plena juventud, cuando el amor y la vida le sonreían. La otra era la del primo que nunca regresó de la guerra. La de más allá parpadeaba con guiños mimosos por aquella tía buena que no había tenido hijos y que a ellos tanto quisiera.

También había encendido una por aquel pariente que marchara a América y que no regresara jamás. Pero, sobre todo, quizás brillara con más fulgor la de la abuela, aquella que nadie podía encender ni apagar, excepto el abuelo, el patriarca del hogar a quien todos respetaban y temían.

Los niños le miraban sobrecogidos cuando veían temblar sus fuertes dedos al hacer aquella piadosa tarea. Entonces, los ojos de la hija se velaban de lágrimas. ¡Ay, el pobre viejo parecía un ave poderosa y gigantesca, con las alas rotas, desde que le faltaba la fiel compañera!.

-Se irá en una noche como ésta -decía la hija entre sollozos-. Se le partirá el corazón en una noche de Difuntos.

Pero él no quería compasión. Él poseía un extraño secreto. En aquella noche en la que el tañido de las campanas tenía un acento doliente y tristón que se iba repitiendo a través de los campos, se sentía casi dichoso, porque entonces creía tenerla más cerca a ella. Creía verla entre las sombras de los sauces y entre las aguas del río. Y tan pronto era joven y bella como el día de sus nupcias, como viejecita y blanca, ya en el umbral de la vida.

Y él, que jamás le había dicho ternuras; él, que era brusco, casi brutal, sentía trémulos los labios, y un escozor desacostumbrado de lágrimas que resbalaban por sus curtidas mejillas.

Y entre tanto, allá, a lo lejos, la voz de la hija parecía seguir diciendo con acento plañidero:

-Se le partirá el corazón en una noche como ésta...

Y el viejo, agarrando desesperadamente con ambas manos la camisa, dando al aire y al viento su torso vigoroso, decía con los dientes oprimidos y los ojos brillantes por la interna fiebre de la angustia:

-¡Oh, Dios! ¡Si al fin se partiera...!

@Revista Pernía, Núm 33, 1988. Edita y dirige: Froilán de Lózar

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José Crespo



José Crespo, nace el 19 de Marzo de 1958 en Torrecilla de los Ángeles (Cáceres) y desde los 11 reside en Santurce.


¿Qué decir de uno mismo...?
Tal vez, justificar, hacer defensa de este alcor verde que es la poesía y la vocación de poeta en la cual tropecé un buen día. Decir que estoy en el Reino de la Poesía porque la siento consustancial a mi existencia.
Y además,
porque significa un camino en el cual mi voz tiene un acceso libre a cotas altas donde la luz sea un vislumbrar sonidos y misterios dormidos en mi conciencia.
Para mi la poesía es sobre todo una aspiración a la luz.
También ser notario de sombras y de lágrimas, de anhelos y quebrantos.
Terminar diciendo, como León Felipe:
"El poema es un grito en la sombra como el salmo"
y "la poesía es un canto en la sombra, canta conmigo".


  • Y no es fácil decir hoy
Y no es fácil decir hoy
yo soy poeta,
porque en el aire urbano
ha desaparecido la belleza
y te miran como a un loco
cuando les dices
que te construyes el futuro
con las alas de la tierra.
Y ellos te piden dividendos
y beneficios en moneda,
y tú, solamente puedes hablarles
de vientos, utopías y quimeras,
cosas divinas olvidadas
en el cajón de la conciencia...

  • He paseado por Bilbao
"Llueve en Bilbao y llueve, llueve, llueve
livianamente, emborronando el aire".
Blas de Otero (Que trata de España)

He paseado por Bilbao el alma llorando
y tenia las manos frías.
Tenía pena y dolor, y las manos frías...
Tenia lagrimas ocultas, y las manos frías...
He cruzado el Arenal y San Anton con las manos frias...
Las gaviotas vuelan en remolino
sobre un desagüe de la ria,
los pájaros grises lloran en las ramas
lágrimas, lágrimas...
En un día de lluvia
he visto llorar a un niño lágrimas
de plata, lágrimas...
Era un día de lluvia, sobre la cara
del niño corría el agua, el agua...
Orillada al puerto está una gabarra,
llena de gaviotas blancas,
hacen juegos con los hilos finos del agua,
con el sirimiri que nunca se cansa...


@Revista Pernía, Promoción de Autores, Mayo de 1986. Edita y Dirige, Froilán de Lózar.


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María de la O


Nació en el verano del 78, en el Principado de Asturias. María entró en la magia de la literatura a través de las primeras lecturas que le abriera su colegio.
Cuando insertamos esta colaboración, aliñada desde Las Palmas por el profesor y poeta Francisco Valenciano, María está a punto de cruzar la puerta de la Universidad.



En medio de la noche
he mirado al cielo.
Un salpicar de estrellas
me trae tu recuerdo.
Aquel verano, un sueño.
Caminábamos juntos
mirando el firmamento.
Una estrella fugaz,
un deseo,
una corta mirada,
una sonrisa,
un beso...
La música de verano,
la aventura, los juegos, todo,
todo vuelve a mi recuerdo.
Aquellas tardes sin recursos,
el calor sofocante,
las excursiones,
el polvo de los caminos.
Durante aquellos días
olvidé que el tiempo pasa,
y se acabó el verano.
¡Qué grande es la distancia!
Kilómetros y kilómetros nos separan
y quizás, bajo esta misma noche
salpicada de estrellas,
tú, allá, en tu tierra,
mires al cielo y, en lo profundo de tu alma,
encuentres mi recuerdo.

@Revista Pernía, número 33, Edita y Dirige: Froilán de Lózar

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Nieves Henriquez Pérez



Nació en Santa Cruz de la Palma, el 18 de Noviembre de 1929. Licenciada en Derecho. En 1982 inauguraba la sección del diario "La Tarde" de Canarias con tres trabajos en los que ya brillaba la profunda humanidad, la desbordante sensibilidad y la fuerte inspiración que presidió la aventura lírica de esta poetisa atlántica.
Delegada de la Asociación Poética "Uni-Verso" y encargada de la presentación de importantes escritores de aquellos momentos en los "Martes Literarios".






  • Recuerdos

Aunque me queden recuerdos en la vida,
pedazos de un pasado,
reto al corazón día a día
para no olvidarlos.
Tampoco olvido que existen otros corazons esperando...
Esperan, sueñan que los arranquen del barro.
Y aquí está mi corazón en busca de otros sueños,
acompañando mis pasos.

Me he acostumbrado a rodar con el río de la vida
y juntos llegar hasta el remanso.

Aunque tenga recuerdos en mi vida,
ya  no sé vivir sin tus brazos.


@Revista Pernía, Número 33, 1988. @Edita y dirige: Froilán de Lózar

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La poesía se viste de pobreza



Me devora la noche,
se me hacen grumos los sueños,
me arden.
¿Es entonces mi cuerpo, pitanza diaria?

******

Quiero hablar:
no hay nada más inmenso
que un proceso de expansión,
ni evolución sin resistencia...

******

Tú no eres ese que señala
ese que proyecta
ese que tilila entre las flores
ni eres un sustantivo
ni eres un pronombre
ni eres un prodigio
exuberante.

Tan sólo eres expectativa;
pero cuando te salgas
de la fina línea que te oprime
cuando te divulgues
cuando te prolongues,
habrás descubierto
el crucigrama de tus espejos.

************

Dicho popular:
Niña, no te mates por saber que el mundo te lo dirá, que no hay cosa más bonita, que el saber sin preguntar.

************

¿Si todos los buenos mataran a todos los malos, qué quedaría en el mundo?
-Asesinos-

************

Tanto tiempo el poder en tus manos...
y yo, en silencio;
tanta libertad, como el viento,
silbando en las veredas...
y yo, en silencio;
como noche abierta en tus ojos,
y fuego tallado en tus corneas,
el cilicio es ungüento inocuo,
y, aquel que te sigue los pasos ileso.
Tanta extrañeza contiene tu nombre...
y yo, en silencio.

*************

La poesía se viste de pobreza,
de digna pobreza,
de golpes de voz,
de sonidos sin acento,
sin sombras que opaquen
la chispa de unos dedos,
sin torres mayúsculas,
sin conceptos en propiedad
en un arrebato de lo ajeno.

Es como un sueño
que nace de un río de lava
y crece y se alimenta
de huertos de torrenciales,
de caudillos sentenciando
unos ojos que miran
con lágrimas ajadas,
la poesía se viste de pobreza,
de honesta pobreza
y ríos de lava...

Antonio, en la sección "Curiosón invitado": Pedacitos de Antonio

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