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Monte Bernorio en World Archaelogy

World Archaelogy es como la National Geographic de la arqueología.



World Archaelogy, una conocida revista internacional editada en el Reino Unido, publicaba días pasados un artículo titulado “La batalla olvidada de Roma”. Los directores del ambicioso proyecto dan a conocer la historia del que fue uno de los Oppidum más destacados de la Edad de Hierro en Europa. Sigue la apuesta por dar a conocer el pasado de este valioso castro, ubicado en Villarén, perteneciente al término de Pomar de Valdivia. El ensayo lo componen 5 páginas perfectamente ilustradas en las que se habla de las características de este lugar.
La encarnizada batalla que tuvo lugar en aquel punto, donde las tropas de Augusto se impusieron al pueblo cántabro que, durante años, habitó el emblemático emplazamiento.
Parece que la Diputación busca aumentar el turismo en torno a estas investigaciones y se propone para ello el arreglo del camino hasta la parte más elevada del castro.
“La idea es combinar Monte Bernorio con el Geoparque las Loras para crear una rura que comunique los yacimientos que se encuentran disgregados por toda la zona" -apunta para nuestro periódico Kechu Torres, uno de los directores del proyecto.

Fuente consultada:
Diario Palentino

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Combate en la montaña (II)

Wifredo Román completa su estudio sobre la Guerra Civil con la segunda parte del libro ‘Combate en la Montaña’


El autor palentino Wifredo Román ha publicado la segunda parte del libro ‘Combate en la Montaña’, una obra con la que concluye su estudio sobre el frente que durante la Guerra Civil estuvo establecido entre la zona nacional del norte de Palencia y la republicana del sur de Cantabria. Si en la primera parte de ‘Combate en la Montaña’ Wifredo Román repasó el periodo que va desde julio de 1936 hasta febrero de 1937, esta segunda está dedicada a los acontecimientos vividos entre marzo y septiembre de 1937, hasta la conquista de Santander por las tropas nacionales que supuso la desaparición del frente de guerra en el norte de Palencia.

En el periodo que abarca la nueva publicación pueden destacarse dos fases bien diferenciadas. La primera llega hasta el mes de junio y en ella destacan las sucesivas incursiones que los republicanos realizan en los territorios nacionales del norte de Palencia y Burgos. Entre esas ofensivas tuvieron especial importancia las efectuadas en Revilla de Pomar el 6 de marzo, en Sargentes de la Lora y Lorilla el 29 de marzo, en Villavega de Aguilar el 27 de mayo o en Barruelo de Santullán el 22 de junio. Además de lanzar esos ataques, las tropas republicanas ocuparon en este periodo pueblos y montañas como el pico Valdecebollas (30 de mayo) o Salcedillo (15 de junio).

La segunda fase recogida en el libro, en la que son las tropas de Franco las que toman la iniciativa, supone un pormenorizado relato de la conquista de la entonces provincia de Santander. Tras concentrar las unidades más fiables de su Ejército, los nacionales iniciaron su ofensiva el 14 de agosto y tan solo doce días después hicieron su entrada en la capital santanderina.

Además de abordar los aspectos militares y los movimientos estratégicos de los dos bandos, el libro ‘Combate en la Montaña’ analiza otras cuestiones relacionados con la contienda y con la vida diaria de los soldados, como las carencias en materia de higiene y la salud, las evasiones de los desertores, el uso de la propaganda en el frente o las experiencias de algunas de las personas que tuvieron que vivir aquel terrible enfrentamiento.

El libro ‘Combate en la Montaña: el frente de Palencia y Cantabria en la Guerra Civil’ cuenta con 480 páginas y ha sido publicado por el sello palentino Aruz Ediciones. La obra, que ya está a la venta en las librerías de la capital y de la provincia, tiene un precio de 21 euros.

Ver también Combate en la montaña I



Combate en la montaña
Wifredo Román
Aruz ediciones, 2015


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Kiko Rivera en Guardo

La primera novia que tuve fue de Guardo, bueno, de al lado de Guardo pero como si fuese de Guardo. Aprovecho para contárselo ahora que mi esposa, 35 años juntos nos guardan, ha salido a comprar un helao. ¡35 años! Quiero decir que aquello era la prehistoria, al menos mi prehistoria. También por eso se lo cuento, ha llovido ya demasiado.

Guardo siempre me cayó bien, excepto cuando llegaba su equipo de fútbol a Venta de Baños y nos ganaban. Entonces me parecían todos unos… pero eso era lo raro, lo excepcional y mi aprecio por las buenas gentes que nos cuidan las puertas de la montaña ha ido siempre en ligero pero constante aumento. Hasta el otro día.

El otro día, la semana pasada, leí en algún sitio de internet, llámelo feisbuk, llámelo tuiter o como diablos les parezca oportuno, que las buenas gentes de Guardo se habían rebelado contra un concierto de Kiko Rivera. O sea, el Paquirrín de toda la vida. Que lo iban a incluir como parte del programa de fiestas. O era solo una iniciativa privada, ni lo sé ni me importa. Lo importante es que los guardenses han dicho que no, se han subido a la torre de la iglesia y han llamado a rebato, y reuniéndose labriegos y menestrales, licenciados y empleados, chachas y militares libres de servicio han dicho basta, “Este a Guardo no entra”

Y entonces, ese aprecio que había ido en ligero y constante ascenso sufrió un subidón de padre y muy señor mío. Que estoy enamorao de Guardo, coño. Así, de repente, casi como de aquella novieta de hace cuarenta años. Un subidón, Julio, un subidón. Que de las bases de la sociedad, de gentes de la calle, los mismos que te encuentras en un paseo por el barrio Barruelo o por el parque del río, surja un movimiento que cuestione la basura con que todos los días las televisiones infectan nuestro cerebro es algo que me llena el alma. Que nos levantemos contra esta cultura de la necedad es lo que necesita un pueblo, un país, una nación.

Porque hasta ahora lo natural, lo habitual al menos, ha sido dejarnos llevar por esa confusión social de valores que pone a la misma altura a Belén Esteban y a, pongamos, Miguel Delibes… con el inconveniente de que la Belenita sale más en la tele y el pobre Don Miguel… Era lo natural hasta que llegaron los guardenses a ponerlo todo patas p’arriba, ha sido lo natural que a Kiko Rivera lo adore una parte de la sociedad y la otra guarde silencio. Quizás el drama de la sociedad es que muchos guardan silencio. Bueno, en Guardo ya no lo guardan.

Desconozco, es que me importa bien poco, cómo ha acabado o cómo va a acabar la cosa. Ni siquiera me importa que el concierto sea barato, caro, privado o público. Me basta que un movimiento espontáneo haya cuestionado las bases de la enajenación mental que es la cultura actual. Claro que llamar cultura a la actual es como llamar concierto a lo de Kiko Rivera. Astracanada sería un nombre mucho más propio aunque sea lamentablemente lo que la sociedad actual acostumbra a ofrecernos.

Joer, qué distinta sería nuestra España si tomásemos ejemplo de las buenas gentes de Guardo, si las buenas gentes de Guardo, ya que están en ello, se pusieran también a liderar un movimiento de resistencia contra… esperen que voy a hacer una lista…. A ver…. No, no, lo dejo, no sigo, he empezado a pensar y me han salido cincuenta y tres cosas contra las que… Así que mejor lo dejo, no hay espacio radiofónico para tanto.

Hala, señores, les dejo, que me voy a leer cinco enciclopedias a ver si consigo comprender por qué diversos ayuntamientos se disponen a conmemorar – al menos eso dicen los recados de prensa- el chopecientos aniversario del emperador Carlos I, ese que llamamos el V, pero que fue el I, el que destruyó Castilla, nuestros pueblos y nuestras gentes, apoderándose de nuestra historia, cambiando nuestro futuro (que es nuestro triste presente) y se apoderó de un reino que era el nuestro. No faltará quien más allá de conmemorarlo lo celebre como si el tío hubiese sido un héroe. ¡La madre que lo parió! Que sí que era de verdad nuestra reina.

Adiós, señores, un abrazo a Guardo y en tuiter me tienen a su disposición.


 




Cuaderno de Pedro de Hoyos
Ver todos los artículos de esta serie en su cuaderno: "Es Palencia; es Castilla, oiga
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El drama de dos hombres de Pernía



En 1912 Luis acaba de cumplir 13 años. Un chico de esa edad desarrolla un trabajo constante y muy variado en las tareas de una explotación ganadera y agrícola porque hay muchos carros de hierba que recoger, se siembra centeno y se recogen patatas en abundancia, por la cuenta que trae para comerlas bien calientes en invierno.

La víspera de la fiesta de la Asunción de la Virgen, además titular de la parroquia, hay novedad en Santa María de Redondo, ha regresado de Roma Francisco. Tiene 24 años y no ha terminado la carrera. Es más bien alto, tiene un porte distinguido en medio de la rudeza del pueblo, el aire de la tarde le mueve con elegancia la túnica negra, ceñida con correa y la capilla de los agustinos le cae liviana sobre los hombros. Los hermanos más jóvenes seguro que no le conocen, ni él a ellos. Desde que dejó el seminario de Palencia no ha podido volver a ver a toda la familia.
El verano de 1912 constituye para él, para sus padres y para toda la familia una meta de llegada y un año de partida apenas estrenado que promete muchos momentos de satisfacción y felicidad.

En los veranos siguientes vuelve a presentarse en el pueblo. Recorre los valles en el mejor momento de verdor y de luz. A caballo o a pie, recorrió de la Cordillera Cantábrica, el Pico Tres Mares, el Cuchillón, Fuente Cobre, los Castros Colorados (Saxa Rubra que dice el documento de la repoblación de Brañosera del 843), Sel de la Fuente.. etc. Se le queda desafiante allá más lejos y hacia el lado opuesto el Espigüete.

Juan Diaz Caneja, 1877-1948, es padre del pintor Juan Manuel Diaz Caneja. Escribió Cumbres palentinas en el año 1915. Que trabó amistad con Diaz Caneja es lo que debemos entender. No me extraña. Hizo conocimientos con personas de todas clases, lo vamos a comprobar. Él mismo se puso a escribir en cuanto se asentó en el Monasterio de Santa María de la Vid, hizo traducciones, artículos y presentó una edición de los trece libros de las Confesiones de San Agustín que tuvo cuatro tiradas, la última en 1948.

Desde la Peña Tremaya: El drama de dos hombres de Pernía.
Antonio de Mier Vélez
@2016


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La llegada de los franceses a Palencia



A comienzos de enero de 1808, unos meses antes del inicio de la guerra, llegaron a Palencia unos 3.000 soldados franceses. Este hecho supuso un incremento considerable
de la población y el inicio de numerosos problemas para poder facilitarles
alojamiento y comida, tarea nada sencilla en una ciudad que, en esas fechas, no
llegaba a los 9.000 habitantes (2). Por si eso fuera poco, la tropa albergaba gran cantidad de enfermos. Las cifras varían según los documentos, pero debían ser entre 500 y 600 soldados (3). El Hospital General resultaba insuficiente para tantos hombres y por este motivo hubo que utilizar como hospitales “la casa del deán y cabildo (...) y la casa del Hospicio antiguo” (4). Además de emplear esos locales, hubo que pedir a los pueblos cercanos que facilitaran camas de sus hospitales, cofradías y
obras pías. De Ampudia, por ejemplo, llegaron 300.

Durante el resto del conflicto otros pueblos aportaron también camas, además de sábanas y mantas. Aparte de los enfermos, hubo que buscar acomodo al resto de la tropa. Inicialmente se intentó alojarlos en los cuarteles, pero el espacio allí disponible era insuficiente. Más adelante, cuando la guerra ya había comenzado, los franceses ocuparon los conventos de San Francisco, Santo Domingo y San José, convirtiéndolos en bases militares de sus tropas. También las religiosas Agustinas se vieron obligadas a acoger soldados.

Del mismo modo, los franceses ocuparon los mesones de la ciudad. Los mesoneros emitieron continuas quejas por los destrozos que los soldados ocasionaban en sus establecimientos y, sobre todo, porque las habitaciones que ocupaban no las podían alquilar, con el grave perjuicio económico que esa circunstancia les ocasionaba.

“Francisco López, Mateo Peñalba, Juan Durán, Manuel Peñalba, Antonio Castilla, Bernabé Gonzo, Juana Fuidio y Manuel Quintana, dueños y arrendatarios de casas de mesón y posadas, piden se les indemnice por los perjuicios por la falta de hospedajes derivados de la ocupación que sufren por
las tropas francesas” (5)

Los oficiales, por su parte, fueron alojados en domicilios particulares. Nadie quería tener a esos inquilinos y, por este motivo, las demandas presentadas ante el Ayuntamiento solicitando la exención de esa obligación fueron numerosas, aunque todas rechazadas. Algunos vecinos tramitaron incluso sus expedientes de hidalguía, con la esperanza de beneficiarse de la normativa que excluía del deber de alojamiento de tropas a la población de condición noble, pero el Ayuntamiento hizo caso omiso a esa normativa. No podía permitirse ese lujo.

La manutención fue también un grave problema. La ciudad tuvo que hacer frente al coste de alimentar a 3.000 soldados y a sus caballerías e, incluso, dotarles de ropa. Los almacenes municipales quedaron vacíos y hubo que recurrir a impuestos extraordinarios, préstamos forzosos y ventas de propiedades para satisfacer las demandas francesas. Llegó incluso a proponerse la expropiación temporal de bienes de particulares, a los que se abonaría un 3% de interés hasta que les fuesen devueltos esos bienes (6). Por suerte para la población esta medida no se llevó a cabo. También se propuso hacer un inventario de la plata de los habitantes de la ciudad, estableciendo sanciones para los que ocultasen su posesión (7).

La situación fue, por lo tanto, crítica desde el primer momento. La comisión encargada del abastecimiento de las tropas expuso en agosto de 1808 que ya debía 300.000 reales y añadió que iba a necesitar un millón. La ciudad fue movilizada. El Cabildo prestó harina, granos y 20.000 reales, el gremio de comerciantes otros 50.000 reales y el de La Puebla 52.000 más. Por su parte, los representantes de los hacendados aportaron otra cantidad sin concretar (8). Los cosecheros de vino entregaron 5.000 reales y los labradores expusieron no tener nada que ofrecer, aunque Manuel Diez aportó en su nombre 1.000 reales y Juan Manuel Gutiérrez otros 1.000. A ellos se unió el tesorero de rentas reales con dos bueyes, cuatro novillos y 2.000 cántaros de vino (9).

Aun así, todo lo reunido resultaba insuficiente, ya que las demandas iban en aumento. Los franceses llegaron a reclamar 2.000 pares de zapatos y 1.000 capotes, dando un plazo de ocho días para recibirlos. Algo imposible, aunque se hubiese dispuesto del dinero para abonar esos pedidos (10). Estos datos nos ayudan a hacernos una idea de las elevadas exigencias de la tropa y de la carga económica que sufrió la ciudad, con el consiguiente desabastecimiento y encarecimiento de los precios. Algunos meses después, en abril de 1809, el Ayuntamiento fue informado de que iban a llegar a la ciudad 2.000 soldados de caballería y 4.000 más de infantería. Ante este anuncio, las autoridades locales se vieron obligadas a tomar un crédito forzoso de los gremios y vecinos:

“Manuel Mozo ofreció por cuenta del real noveno y escusado, entregando de forma anticipada 120.000 reales. El gremio de comerciantes deberá entregar 400.000, el de la Puebla 300.000, el de curtidores 80.000, el de estameñeros 40.000, el de taberneros 30.000, el de tenderos de legumbres y menudencias 100.000, Josef de Ribas 60.000, Josef Pastor García 80.000 y Gregorio Poncelis 80.000, lo que hace 1.290.000 rs.” (11) En 1812, para hacer frente a tanto gasto, se llegó a poner a la venta el valle de San Juan, el prado del término de Torrecilla y varios edificios propiedad del Ayuntamiento (12). El 2 de mayo volvió a realizarse un préstamo forzoso entre los vecinos por casi tres millones de reales (13). Algunos fueron encarcelados por negarse a dicho pago, entre ellos Manuel García Durango y Gregorio Poncelis (14).

__________

(2) Archivo Municipal de Palencia (en adelante AMP), Actas Municipales, 12 de enero de 1808.
(3) AMP, Actas Municipales, 7 de febrero de 1808 y 5 de marzo de 1808.
(4) AMP, Actas Municipales, 7 de febrero de 1808.
(5) AMP, Actas Municipales, 10 de diciembre de 1808. Hay otra reclamación anterior del 13 de agosto de 1808. El 22 de enero de 1809 Juana Fuidio fue indemnizada. El 27 de enero de 1809, Francisco Alonso Maestro, como arrendatario del mesón de la fruta, volvió a reclamar los daños que había sufrido. Convento de las Agustinas, al principio de la calle Mayor, uno de los edificios ocupados por los franceses para alojar a sus tropas. Los soldados también ocuparon los monasterios de San Francisco, Santo Domingo y San José (AAE, L. Roisin).
(6) AMP, Actas Municipales, 7 de julio de 1808. Esta propuesta se volvió a intentar unos días más tarde, cuando el intendente provincial expuso que no disponía de fondos para librar al Ayuntamiento, urgiendo a éste a que los buscase entre los particulares dándoles documento de seguridad al 3%. El Ayuntamiento volvió a negarse. 19 de julio de 1808.
(7) AMP, Actas Municipales, 7 de julio de 1808.
(8) Se sabe, por ejemplo, que José Pastor adquirió el compromiso de entregar 6.000 reales de vellón.
(9) AMP, Actas Municipales, 16 de agosto de 1808 y 18 de agosto de 1808.
(10) AMP, Actas Municipales, 20 de diciembre de 1808.
(11) AMP, Actas Municipales, 11 de abril de 1809.
(12) AMP, Actas Municipales, 11 de abril de 1812.
(13) El AMP conserva el listado de las personas obligadas a realizar el préstamo, con la cantidad asignada a cada uno. Actas Municipales, 2 de mayo de 1812. En las actas de las sesiones siguientes pueden leerse numerosas quejas de dichos contribuyentes ante la cantidad exigida.
(14) AMP, Actas Municipales, 23 de mayo de 1812. En los días siguientes hay referencias a más encarcelamientos.




Palencia: momentos, personajes y lugares para la historia (1808-1935)
Javier de la Cruz
Aruz ediciones, Mayo de 2017


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Toda historia es local






“Toda historia es local: el alma humana en medio de sus circunstancias”



PRÓLOGO

Asier Aparicio





Amigo Javier, estamos ante un libro, tu libro, que resulta imprescindible. Imprescindible para cualquiera que ame esta ciudad de Palencia, para cualquiera que la haya imaginado en otras épocas, que haya visto fotos antiguas. Para cualquiera que desee poner nombre a sus pasos, a sus calles, a sus edificios emblemáticos. Si es cierto eso de que cada cual se define por su letra, tú eres el grafólogo que interpreta los trazos de esta querida ciudad; una ciudad que, lejos de ser provinciana y atrasada, estuvo en la vanguardia de ciertos hitos del progreso.

Tus 25 artículos, escrupulosos en su documentación, nada novelescos (en el peor de los sentidos), nos van sumergiendo a lo largo de siglo y medio en una aventura evolutiva, en un mosaico de ilusiones y conflictos forjados al calor de nombres concretos, de familias reconocidas, de lugares todavía existentes a los que, tras leer tu estudio, otorgamos el valor que se merecen. ¡Ahora sí que sentimos vivos a nuestros abuelos, a nuestros tatarabuelos! ¡Ahora sí contemplamos edificios como la Plaza de Abastos, el Teatro Principal, la Estación del Norte, Correos… y los imaginamos con su fluir auténtico! Como la mirada de quienes vivan en Palencia dentro de un siglo, como el juicio de quienes aprecien nuestra herencia al cabo de décadas. Para nosotros, seña de lo que fuimos y vivimos, esencia que todavía atesoramos…

De modo que este libro es radiografía, aunque su física nos descubre un alma. Porque toda ciudad se define por sus gentes, sus decisiones, sus trances… (te lo he oído decir muchas veces, amigo Javier) y nada de lo que llamamos devenir escapa a la voluntad de sus protagonistas. ¡Ese es tu mérito, saber recrear con rigor y cariño el humus que nos identifica! Gusta conocer nuestras calles, las construcciones, su época… pero apasiona aún más contemplar su contexto, sus motivaciones, el fuego en que se cuece nuestro cocido. La ciudad como tramoya, la historia como paisaje con figuras.

“Toda historia es local: el alma humana en medio de sus circunstancias”
Y esto me conduce a otra idea que tantas veces hemos compartido: ¿no es pueblerino, poco actual, antiglobal, centrarse en lo local, en lo cercano, en la historia de nuestro entorno? ¿No limita el número de lectores? Al margen de consideraciones mercantiles, nuestra respuesta, la tuya y la mía, coinciden: “¡en absoluto!”. Porque opinamos que no existe la historia en genérico, sino el impacto de los hechos en las personas, lo que Unamuno denominaba “intrahistoria”.

Y tú sitúas dicho impacto en nuestra ciudad, ¿por qué no?, como en cualquier otra. ¡A buen seguro que el modo en que vivimos la invasión francesa, el liberalismo, el carlismo, la Primera República o el progreso auspiciado por el cambio de siglo no resulta muy distinto al de otras ciudades!

Tu libro no es solo historia de Palencia, es paradigma de cómo funcionan las relaciones humanas, de cómo se toman las decisiones políticas, de cómo los que nos precedieron creían protagonizar el tiempo más importante, la época más inédita… Y a la vez se parecían a los anteriores, semejaremos a los próximos, porque como he dicho antes, la ciudad no se compone de piedras, sino del hálito que las edifica. Un alma común y perenne que nos identifica como especie.

Así que tu Palencia se convierte en el Oviedo de Alas Clarín (Vetusta en La Regenta), en La Mancha de don Quijote… en tantos espacios locales y personales que alcanzaron el rango de arquetipos universales. Lugares donde se funden lo propio con lo común, exorcizando el peligro tan actual y miope de confundir lo que nos singulariza con aquello que nos separa.

Por fin, querido Javier, señalar que tu libro me reconcilia con la política, más en estos tiempos de descrédito. Por sus páginas se destila, a mi juicio, una idea consoladora: que en toda época, en todo lugar, procedente de cualquier ideología, emergen personas empeñadas en el bien común, en el progreso de la ciudad (también en lo contrario). Y me reconcilia especialmente con lo que llamamos política local, la madre desde Atenas de todas las demás; la única que el ciudadano percibe como suya, ya que en ella reconoce de modo evaluable el vínculo entre hechos y palabras. El ámbito de lo realizable, de la coherencia puesta a prueba. El crisol donde el político percibe el examen inmediato de sus decisiones en la cara de quienes gestiona.

La polis está al alcance de quien la habita; tu Palencia, Javier, en manos de cualquier lector. Tus personajes no se camuflan en ideologías, y si alguna vez lo hacen, pronto quedan al desnudo los auténticos motivos. Son actores que se conocen personalmente, que riñen por motivos familiares; y si a menudo se coloca al rey, al partido o a la república como pantalla, se entiende su discurso como barniz, como fachada de emociones más básicas. La ambición, el recelo, el amor, el miedo… sentimientos primarios que rigen la andadura humana. Como siempre, como ahora.

Un último apunte referido a la estructura y el lenguaje: estamos ante un texto cómodo, envolvente. Me he referido a su rigor, también a su huida de lo novelesco; ahora recalco tu labor como cronista. Un cronista que deja hablar a sus personajes, que a menudo les cede su tribuna, pero que se sabe entendedor de los hechos con la perspectiva que da el tiempo, la visión serenada de los intereses enfrentados. Por eso Javier usa los datos, los ordena de manera pedagógica, aunque sin perder la frescura de su narración. La historia como ciencia para ser contada, no diseccionada. Porque si alejamos los hechos del calor de quien los narra, ¿qué nos queda? Un baile de números y nombres; ese baile, casi siempre aburrido, que tanto odiábamos en el cole. No es el caso. Como buen profesor, te muestras apasionado, la única manera de conectar con el lector, con todo oyente.

Así que, por todo ello, gracias, Javier. Gracias porque tu libro nos ayuda a sentirnos más palentinos. Porque nos anima a comprender la historia como maestra de lo que somos. Y gracias por devolver a lo cercano su vital importancia: nuestra huella será local o no será. ¡Magnífica navaja de Ockam ante
la pretendida universalidad de muchas ideologías y pensamientos!

Imagen: Panorámica de Palencia en 1882 realizada
desde la iglesia de San Pablo (AHPPa, J. Laurent).

Palencia: momentos, personajes y lugares para la historia (1808-1935)
Javier de la Cruz
Aruz ediciones, Mayo de 2017


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Los céntimos de Fontaneda

En la correspondencia que mantienen nuestros pueblos con la familia Fontaneda en los albores del pasado siglo, se encuentra también una buena muestra de la historia del comercio en aquellos tiempos.

Froilán de Lózar 


El 25 de abril de 1924, desde Fontaneda se le remite una carta a Don Vicente Llorente, que regentaba en Vañes una tienda de comestibles, anunciándole que ya disponen de jabón “toral” en trozos de 460 grs. Y que la caja de cien se la cederán al precio de cincuenta y siete pesetas. “Mucho celebraré verme favorecido por sus gratos encargos”·
Ese mismo año, desde La Venta Urbaneja, se pide a la empresa les confirmen si tienen treinta sacos de un producto que necesitan, “para telegrafiar a Isidro, el carretero de Cervera, que vaya y se los carguen”.
Ya con anterioridad, en una carta fechada en la Abadía en el mes de Noviembre de 1918, Raimundo Blanco responde a alguna misiva del empresario aguilarense en la que le cita las 890 pesetas recibidas en valores declarados. “Me extraña diga en la suya que le envíe lo antes posible el pedido de alubias; digo esto porque no hay ya alubias en casa y entendí a mi cuñado que no se las podía ceder a usted al mismo precio que las primeras y se las vendió a otro”.
En la misiva se da cuenta de un error “al cargar en la factura, en vez de 16 pesetas, como usted dice, veinte, según lista que tengo yo a la vista”.
Uno lee las cartas, las relee, se detiene sorprendido ante las preocupaciones que los errores de los contables de aquel tiempo provocan en los comerciantes de estos pueblos. No hemos de pasar por alto tampoco el momento que viven aquellas gentes, para quienes unos céntimos reclamados injústamente  –según se desprende por las cartas– tanto daño implicaban.

En Octubre de 1918, Manuel Gómez, de San Salvador de Cantamuda, remite una carta a Fontaneda para recordarle que se le cobran cuatro arrobas y media de fideos y al abrir la caja sólo encuentra media.

En Agosto de 1923, el vecino de Areños, Ceferino Diez, escribe indignado a los hijos de Eugenio Fontaneda: “En este momento recibo la suya por la cual he recibido grandes molestias, por cuanto estoy segurísimo que no le debo cinco céntimos, pues tiene que ser un error muy grande suyo, puesto que hace doce años que no le compro”.

Ya en 1912, a Gregorio Duque, vecino del mismo pueblo, se le venía reclamando una cantidad que según sus cuentas no adeudaba y se le sirvieron dos fanegas de garbanzos un real más caro del precio convenido.

Por esas mismas fechas, al vecino de Camasobres Francisco García le reclaman ocho pesetas, cuando, asegura, no le debe nada y siempre le ha pagado al contado. El hombre parece tan seguro que invita al empresario a que pregunte al público por su criterio, emplazándole para el día de la Feria de Cervera.

Una historia intensa y sorprendente que iremos puliendo y ampliando en sucesivas ediciones.

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"Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería".  Editorial Aruz, 3ª Edic, Julio 2014
Un exhaustivo estudio de la historia, las tradiciones, los personajes, las leyendas y las anécdotas de los pueblos que se encuentran entre Cervera de Pisuerga y el Puerto de Piedrasluengas. El libro recoge el trabajo de investigación realizado en los últimos 30 años por el autor perniano Froilán de Lózar.
Gremio de Editores de Castilla y León, Octubre de 2011

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En el corazón del viejo Camino de Santiago

El Viejo Camino de Santiago, Ruta de la Montaña, es en la actualidad una realidad digna de descubrir, a su paso encontrarás un excelente patrimonio, enmarcado en una portentosa naturaleza. 


En el año 813, un ermitaño, llamado Pelayo, observó una extraña lluvia de estrellas sobre uno de los altozanos del bosque llamado Librodón, en un lugar de Galicia conocido como Solovio, comarca en el que el ermitaño hacía su vida en soledad entregado a Dios. Raudo y veloz el ermitaño fue en busca del obispo Teodomiro -obispo por entonces de la que hoy es la actual localidad de Padrón- para contarle el extraordinario suceso que acaba de acontecer en dicho lugar. Hasta allí se acercó el obispo junto al ermitaño, encontrando para su enorme sorpresa en aquel mítico lugar el sepulcro del Apóstol Santiago.

Desde ese mismo momento tan trascendental para la historia de la cristiandad, el peregrinaje hacia la tumba del Apóstol fue una realidad constante. Una de las rutas más populares, en aquellos albores del peregrinaje a Santiago de Compostela, era la Ruta de la Montaña, hoy conocida como Viejo Camino de Santiago, también como el Camino Olvidado. En nuestra provincia, dicho recorrido transita por las localidades de Aguilar, Cervera, Santibañez, Guardo... Hoy dicha ruta ostenta un excelso patrimonio que es de visita obligada.


Para saber más: Dentro de mi mochila
Imagen: Eduardo Gutiérrez




Una serie de Eduardo Gutiérrez para © Curiosón
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Subí al árbol



Cuando en Tierra de Campos hay que subir, o se sube al cielo o se sube al árbol. Ni más, ni menos. Y si la morena del alma subió al cielo y el mozo quiere llorarla, busca el árbol uno, a solas, en tierra de campanarios, y sube. Sobre la rama, en el aire, despegado de la tierra, se siente más en el cielo, junto a ella. Testigo, el viento, que lleva el suspiro a la aldea.

Subí al árbol,
subí al árbol,
hasta la rama más alta,
y allí me puse a llorar
por mi morena del alma.
Gloria en el cielo,
llanto de un alma en la tierra.

Imagen: Ascenso al Mayo en Lores
Del libro "Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería".
Froilán de Lózar
Editorial Aruz, 3ª edición, 2014






Felipe Calvo, humanista palentino. 
Ensayos y escritos en "Curiosón".

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Abad ausente, provisor presente (1659)

A las 9 de la mañana del domingo 12 de enero de 1659, en la Sacristía de la Colegiata de San Miguel de Aguilar de Campoo el arcipreste, don Simón de Terán, estaba vestido y preparado para oficiar la celebración de la misa mayor, acompañado por el canónigo don Pedro de Terán y por el licenciado don Pedro Diez de Llantarón, presidente del Cabildo y comisario del Santo Oficio de la Inquisición.Mientras, en la plaza pública de la villa el provisor de la Audicencia Abacial de la Colegiata, don Toribio Rodríguez de Cosío Barreda, se preparaba, escudado por el corregidor, el alcalde mayor de apelaciones de los estados del marqués de Aguilar y varios de sus ministros y alguaciles, para proceder al arresto y prisión de algunos de los prebendados de la Colegial.



De este modo, armados y ayudándose los unos a los otros, entraron en el templo eclesiástico. Allí, con gran alboroto y -poco temor a Dios- y a la inmunidad, fueros y privilegios de la iglesia llegaron hasta el altar mayor y la sacristía donde encontraron, como ya se ha dicho, al arcipreste revestido y saliendo a decir la misa dominical. Una vez dentro, y poniendo en ejecución las órdenes dadas por el provisor, se cometieron ciertos atropellos contra varios prebendados, actuando con furia y enojo y con una violencia poco acorde con esos muros sagrados. Al arcipreste le dieron golpes y le arrastraron de sus vestiduras hasta romperle el alba y la casulla de que estaba revestido, mientras le gritaban todo tipo de improperios. Al presidente del Cabildo, por reprochar a los asaltantes unos comportamientos tan indignos, le dieron muchos golpes y empujones, desgarrándole el manteo y la loba [1] y arrancándole algunos faldillas del jubón, un tratamiento muy similar al otorgado a don Pedro de Terán, al menos en principio. Sin embargo, a este canónigo, tras su resistencia, se le amenazó con las espadas, le sacaron a la iglesia y le acorralaron junto al altar de Santo domingo, donde le agarraron y le llevaron preso a la casa del corregidor primero y a la cárcel pública después, sujetándole a la pared con grilletes.

Ante tales abusos un grupo de prebendados, de los que se hallaban presentes en el Coro de la Colegiata preparados para los oficios, decidió intervenir en defensa de sus compañeros de Cabildo. Esta solidaridad corporativa provocó que el provisor y las autoridades civiles que le acompañaban tratasen con violencia y apresasen a los canónigos Andrés González, Francisco Calderón de la Barca, Juan  Muñoz Ruiz de Amaya, Juan García de Guadiana y Antonio Ruiz de Cabria.
La irreverencia y la injuria cometidas contra estos hombres de la iglesia fue de una enorme magnitud, tan grande que creó un ingente revuelo en la villa de Aguilar, donde difícilmente las conversaciones pudieron girar en torno a cualquier otro aspecto... [2]

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[1] Es un sinónimo de sotana, que utilizaban eclesiásticos y universitarios en sus hábitos.
[2] Archivo Parroquial de San Miguel de Aguilar de Campoo (Pleitos II, doc.28, f.1.

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Alberto Corada (Aguilar de Campoo), es licenciado en Historia por la Universidad de Valladolid, donde realizó el máster Europa y el Mundo Atlántico. Poder, Cultura y Sociedad. Es autor, además de "Un beaterio en la Castilla del siglo XVIII", "Vida y muerte en San Lázaro de Aguilar de Campoo",  "El valle de Gama en el siglo XVIII y "Un enclave de los duques de Alba en la Montaña Palentina" entre otros.

Alberto Corada
Aruz ediciones, 2016
colección de historia montaña palentina


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El románico naciente de San Salvador


La primera vez que visité Nogal de las Huertas, en busca de la que está considerada la primera edificación que marca la senda del románico rural palentino, este bloguero no esperaba encontrar tan emblemático templo en el estado que atestiguan las fotografías que acompañan a esta publicación. Había leído en algún lugar, o eso creo recordar... que sobre dichos restos se iba a acometer algún tipo de restauración, cuanto menos para consolidar algunas de las partes que aún quedan en pie de lo que fuera este antiguo cenobio. Tal vez... me hice excesivas expectativas, pero es lo que hay... y eso que dicho monasterio está en un paraje increíble, a escasos kilómetros de la ilustre localidad de Carrión de los Condes.

Se puede considerar que Nogal de las Huertas se sitúa en el centro provincial. Desde mi pueblo natal, Guardo, se llega fácilmente por la CL-615, en el cruce de la Serna nos incorporaremos a la carretera P-241, dicha carretera nos dejará en Nogal de las Huertas, a escasos minutos de atravesar la Serna y a solo unos dos kilómetros de esta localidad, si no me equivoco. Ya en el pueblo, nos encontraremos la iglesia de San Cristobal, en su interior guarda unos interesantes retablos, que merecen la pena su admiración.


Para saber más: Dentro de mi mochila
Imagen: Eduardo Gutiérrez




Una serie de Eduardo Gutiérrez para © Curiosón
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La más bella canción de la naturaleza

La más bella canción de la naturaleza lleva de sub-título este fotogénico y bien construido libro ("Montaña palentina", Aruz ediciones, 2016) del escritor palentino Froilán de Lózar. Para quienes hemos pasado muchas horas en tantos pueblos como él cita en su libro, para quienes tenemos en nuestros mejores sueños escenas de la Montaña palentina, para quienes hemos tenido casa allí y hemos amado por igual amaneceres y atardeceres, este libro es todo un canto, como bien reza el subtítulo.




El libro describe las localidades de la Montaña palentina, incluye una foto especial de cada una de ellas, y una rápida semblanza con toponimia incluida.

Triollo, San Salvador de Cantamuda, Salcedillo, Rebanal de las Llantas, Foldada, Mave, Villanueva de la Torre, Cardaño de Arriba, Camporredondo, Valcobero, Alba de los Cardaños. En fin. Cada nombre tiene una resonancia distinta, una fecha diferente, un verano único e irrepetible en nuestras vidas. A todo ese conjunto que llamamos Montaña palentina le debemos muchos gramos de días felices. Y a veces no encontramos la manera de pagar, quizá por eso escribimos libros, tan entregados a los amores por nuestra Montaña palentina como el de Froilán, quizá por eso volvemos una y otra vez allí con cualquier excusa.

No nos encontramos ni entre quienes quisieran que sólo estuviera atractiva para cuando ellos la visitan, obviando que el vivir en la Montaña palentina requiere mucho de amor por ella para sobrellevar tantas adversidades y ausencias clamorosas (como las de un Hospital, qué menos, o mejores vías de acceso en los crudos inviernos); pero tampoco entre quienes sólo ven posibilidades de rendimiento económico y nada de poesía.

Hay una foto en el libro que me atrapó. Es de un lugar hoy despoblado, Valsurbio, la localidad de la provincia palentina situada a mayor altura, (1500m) y que «nunca dispuso de luz eléctrica ni de un acceso por carretera», pero que en 1842 llegó a tener 94 habitantes. En la foto se ve la espadaña de una iglesia derruida, piedra y ramas de árboles. De Valsurbio, dice el autor, «los más románticos tratan de buscarle una explicación a este lugar que vuelve a la naturaleza, quedando como un recuerdo del paso del hombre». Es cierto. Si nos aseguramos que en el futuro existan románticos, (lo que representa apostar por la conversación, que alienta los sueños y junta a las gentes) sentaremos las bases para que exista esa bella canción llamada Montaña palentina. También escribiendo libros que se atreven a llamarse Montaña palentina. La más bella canción de la Naturaleza.





De la sección del autor en "Curiosón": "Vecinos ilustrados" @Aduriz2016
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135 años de Diario Palentino

Diario Palentino acaba de cumplir 135 años, 135 años que son de todos porque son parte de nosotros, un retrato continuo de los palentinos (y de las palentinas, como diría el cursi) y de nuestra evolución, de nuestros muchos sinsabores y de algunas alegrías, generalmente más escasas. Asomarse a las páginas de nuestro periódico es pasearse diariamente por nuestra geografía, por sus inquietudes y sus vicisitudes.



Tengo el honor de haber puesto mi humildísimo granito de arena en su sección de opinión durante veinte de esos años, viendo cada vez que me acercaba a la redacción cuánto esfuerzo ponen a diario sus profesionales para sacar adelante una de las instituciones locales y provinciales con más solera y más querida por los ciudadanos. Es inevitable hacer llegar mi felicitación por el cumpleaños a todos los amigos que allí dejé.

Con su trabajo, en ese retrato continuo de Palencia que decía al inicio, uno contempla la belleza de nuestra provincia, de norte a sur, y el esfuerzo cotidiano por salir delante de los ciudadanos, que a veces tiene más de ejercicio de supervivencia que de vivencia. Cuando llegan estas épocas del año a mí me entran unas ganas enormes de alabar las bellezas de los pueblos del norte, de esa recóndita montaña palentina, tal vez porque para meseta ya tuve bastante en mi infancia y juventud. Durante un instante siento ansias de mudarme a Brañosera, a La Pernía, a Valdivia…

Pero se me pasan enseguida, vivir allí es para súper héroes hechos de una madera especial, con unas dificultades especialmente grandes, para héroes, ya digo. La nuestra es una provincia de llegar, ver y escapar. Es bellísima, pero las distancias, las carreteras, los servicios, los hospitales, supermercados, tiendas, todo eso que llamamos calidad de vida, quedan muy lejos. Estamos configurando nuestra provincia en el vacío, así que enseguida se me pasan esas ganas y simplemente me las aguanto hasta la siguiente escapada. Eso, estamos haciendo una provincia de escapada, de “tente mientras cobro”, de oración del funcionario: “Señor, que aguante sin romperse hasta el próximo turno”.

Y eso que la actividad parece frenética a pesar de que la primavera es solo un solemne recuerdo y un etéreo deseo y las heladas ya han empezado a dejarnos su hosco saludo matutino. En las páginas de Diario Palentino uno no deja de encontrarse con maratones, jazz, encuentros de vehículos clásicos, celebraciones, inversiones… la vida, en definitiva, que sale a nuestro paso cada día.

Y sin embargo Palencia se muere, como todo el interior de España. No, amigos oyentes, no voy a volver a machacar sus estimados oídos con esta cantinela de la despoblación ya repetida otras veces, aunque sigue siendo dolorosamente verdad. Hoy, sin embargo, quiero resaltar el reverso de esta moneda, cómo otros, mucho más ricos que nosotros, más prósperos, más habitados, más industrializados, con futuro, con vida, reclaman del Estado más dinero, más inversiones, más actuaciones, más implicaciones, más compromisos. Los más ricos, quieren más, lloran más y encima nos insultan, nos amenazan y nos desprecian… y con la colaboración de políticos, suyos y nuestros, a los que no voy a calificar porque quiero salir de casa tranquilamente, lo van a conseguir.

Todo lo que se les ha dado hasta ahora no es suficiente, todo lo que se les ha dado hasta ahora ha impulsado su crecimiento e impedido el nuestro, todo lo que se les ha dado hasta ahora ha asegurado su progreso y limitado el nuestro. A pesar de lo cual hay entre nosotros mismos partidos políticos empeñados en que los pobres no somos justos con los ricos, en que los siervos no somos solidarios con los amos, en que los que han tenido que emigrar, castellanos como nosotros, por ejemplo, imponen su cultura por la fuerza. Como las neuronas se me están alborotando lo dejo ahí, señores, ustedes verán.

135 años representan muchos miles de fotografías, informaciones, análisis de Palencia hechos cotidianamente, es una minuciosa descripción de nuestros avatares a caballo de dos siglos, un retrato detallado de nuestra evolución. Enhorabuena a ese enorme equipo de profesionales que día a día nos lleva a casa todo cuanto sucede del Peñalabra al Cerrato.






Cuaderno de Pedro de Hoyos
Ver todos los artículos de esta serie en su cuaderno: "Es Palencia; es Castilla, oiga
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Evidencias de época romana en la montaña palentina

Siempre que se habla de yacimientos romanos en la montaña palentina nos acordamos de los impresionantes mosaicos conservados en la villa romana de La Olmeda (Pedrosa de la Vega). Sin lugar a dudas, es el principal yacimiento de época romana documentado y conservado en la provincia, aunque no es el único: la villa Possidica (Dueñas), La Tejada (Quintanilla de la Cueza) o Pisoraca (Herrera de Pisuerga), entre otros muchos ejemplos, son muestras claras del control romano de este territorio.



La aparente escasez de restos de época romana en el norte de la provincia contrasta con los numerosos asentamientos que se documentan en el centro y en el sur de Palencia, al tratarse de un entorno más favorable para los cultivos agrícolas. Sin embargo, las evidencias de Roma en el norte son más numerosas de lo que podíamos pensar en un principio, si bien la mayoría de los hallazgos se han producido de forma casual o como consecuencia de la realización del inventario arqueológico de la provincia, siendo muy pocos los yacimientos en los que se han efectuado excavaciones.
De esta manera, hay documentados una serie de yacimientos considerados como asentamientos rurales, sin que sepamos con precisión si se trata de villas, vicus, u otro tipo de establecimiento (ya sean alto imperiales y/o bajo imperiales); al menos cuatro campamentos militares (asociados a la conquista del territorio); una posible, aunque muy dudosa villa romana (Valsadornín); y una serie de los restos dispersos (miliarios, epígrafes, puentes, calzadas, evidencias de actividades mineras, tesorillo... etc), que nos indican una ocupación del territorio mayor de la que podía aventurarse en un principio.

La mayoría de los vestigios de época romana se localizan en el entorno de Aguilar de Campoo, algo que no debe extrañar debido a la posición estratégica de esta población como paso natural hacia Cantabria.


Jaime Gutiérrez, natural de Saldaña, es doctor en Historia por la Universidad de Valladolid, con una tesis acerca de una variedad de cerámica romana, denominada Terra Sigillata Hispánica Tardía, recuperada en la villa romana de La Olmeda. 



Jaime Gutiérrez Pérez
Aruz ediciones, 20136
colección de historia montaña palentina


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Historia de la minería del carbón en el valle de Redondo

Las explotaciones de carbón existentes en la Montaña Palentina muestran un amplio abanico de tipologías. A lo largo de nuestra historia podemos encontrar algunas minas vinculadas a grandes compañías. como las de Barruelo y Vallejo de Orbó. En un nivel intermedio aparecen otra serie de empresas de cierta entidad y con una dilatada historia, como las de San Cebrián de Mudá, Felipe Villanueva en Cervera, San Claudio en Castrejón, la Cántabro-Bilbaína en Santibáñez, San Luis en Guardo o Antracitas de Velilla. 





Finalmente, compitiendo en clara desventaja con todas las anteriores, se desarrollan pequeños focos mineros, con escaso capital, enclavados normalmente en lugares de difícil acceso y que no cuentan con adecuadas vías de comunicación. Debido a estas limitaciones, son minas que no pueden acceder a los mercados  en las mismas condiciones que las otras compañías. Por este motivo, sólo darán beneficios cuando los precios del carbón sean elevados y al haber y al haber una gran demanda de mineral.

Este artículo supone una aproximación a la historia de este último tipo de explotaciones y permite comprobar su evolución en paralelo a las oscilaciones de los mercados carboneros, alternando periodos de laboreo y cierta producción con otros de total abandono. En general, son explotaciones de poca envergadura, que cambian de manos en numerosas ocasiones y tienen un escaso peso en el contexto general de la minería nacional. Sin embargo, para la vida diaria de las familias de los valles de nuestra montaña son de vital importancia, pues permiten completar los ingresos de su economía, basada en la ganadería de subsistencia.

Hemos querido analizar la evolución de las minas ubicadas en el valle de los Redondos, en la cabecera de la cuenca carbonífera del Pisuerga, como ejemplo de este tipo de minería de escasas relevancia económica y que nunca sale en los libros de historia.  Más allá de sus limitadas dimensiones, creemos que deben ser estudiadas como una pieza fundamental en la evolución de la sociedad de la comarca durante más de un siglo.

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Fernando Cuevas Ruiz, natural de Barruelo de Santullán, licenciado en Geografia e Historia por la Universidad de Salamanca, uno de los mayores expertos de la minería en la provincia.
Juan Maestro, profesor de educación secundaria, autor de la serie Paseos por la Tecnología Popular, publicados en "Diario de León".






Fernando Cuevas y Juan Maestro
Aruz ediciones, 2016
colección de historia montaña palentina




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Monasterio de Santa Cruz de la Zarza


Llegar a Ribas de Campos desde la capital de la provincia de Palencia es realmente fácil, de verdad, no es necesario ningún artilugio tipo "gps" que te vaya amenizando el trayecto, como si de guía turístico del viajero se tratara, para llegar a este emblemático lugar de la Tierra de Campos Palentina. Simplemente, hay que tomar la carretera nacional 611, dirección a Santander, dejando a un lado la autovía de la Meseta, y dirigirse por una serie y curiosas rotondas, que te llevan directamente a Fuentes de Valdepero, siguiendo en dirección a la población de Monzón de Campos. Allí, en Monzón, a escasos tres kilómetros, tomaremos la provincial 984, que nos lleva directamente a Ribas de Campos.

Pero ¡ojo!, a escasos tres kilómetros, como apareciendo de la nada, salta la primera sorpresa. A tu izquierda, dentro de una finca particular dedicada al negocio de la vaquería, observas, ¡atónito!, una espectacular iglesia, que en la lejanía ya parece ostentar un marcado estilo del tardo-románico con toques de transición al gótico más palentino, tristemente abandonada. Además, nada más apearte del coche, percibirás el olor característico que desprenden dichos animales, que no deja lugar a dudas del sitio en el que te encuentras ni de la actividad mercantil a la que se dedican los moradores y dueños de dicha finca.

Mi asombro fue de tal magnitud ante tan espectacular cenobio, que no pude más que dirigirme hacía la hermosa iglesia... y fotografiarla... lo que se puede. El estado en que se encuentra es lamentable, pero igual de lamentable es que no encuentres a nadie por los alrededores que me ofrezca alguna referencia sobre la soberbia iglesia en cuestión. Mi primera intención, mientras imagino tiempos pasados mejores del lugar, seguramente antes de que sucumbiera al paso del tiempo dicha incomensurable belleza de Tierra de Campos, es recurrir a mi móvil, tecleando en el buscador de Internet: "Finca Santa Cruz de Ribas de Campos" -como así la denomina el letrero ubicado a la entrada de la finca-, y al poco, ahí están, lentas... muy lentas, pues parece que la tecnología también abandonó el lugar, pero ahí están... las pocas referencias que aparecen en la red sobre este monasterio abandonado.

Para saber más: Dentro de mi mochila
Imagen: Eduardo Gutiérrez




Una serie de Eduardo Gutiérrez para © Curiosón
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La consagración de un friso

En un reducido agreste peñón, bajo el que corre un manantial, se alza un templo mágico y de especial descanso para el espíritu. Joya humilde del románico palentino, el templo de Santa Cecilia, en Vallespinoso de Aguilar, es un itinerario iniciático donde la roca, palabra divina solidificada y sobreedificada por el hombre, transmite todas las fuerzas telúricas y la energía de la creación.



Sus figuras talladas en la portada, pese al paso del tiempo, contienen una estética espiritual y un plasmado reflejo de su tiempo, difícilmente igualables.

Parte de su friso, ejemplo de lo difícil de dar un significado definitivo a la representación escultórica románica, es el que más problemas de interpretación ha creado a los especialistas y expertos.


Se debe al insigne Miguel Ángel García Guinea el primer intento en describirlo: “la primera lleva una especie de bastón sobre el pecho que sostiene con ambas manos, la segunda con instrumento de música, la tercera porta algo parecido a una maza, la cuarta con un violín sobre las rodillas, la quinta con bastón en idéntica postura al primero, la sexta con la mano derecha en actitud de bendecir y la izquierda con un objeto en las rodillas que pudiera ser un libro, la séptima con una especie de columna a la izquierda, y la octava, muy confusa, quizás con otra”.

Por su parte Jesús Herrera Marcos, aprovechando la advocación del templo, considera que estamos ante una representación de los “Ocho modos gregorianos” referidos a los músicos que caen bajo el patronazgo de la titular, Santa Cecilia. Según este autor, cada personaje con su instrumento simbolizaría: “la bienaventurazada de los santos del cielo, la oración, las almas piadosas, los dones del Espíritu Santo, la alabanza de los Santos a Dios, la tranquilidad del espíritu justo y por último el orden cósmico resultante de todo lo anterior, representado generalmente por un personaje portando una gran vara a modo de batuta, que establece el ritmo musical”.

No sería, sin embargo, hasta el trabajo de José Manuel Rodríguez Montañés y Pedro Luis Huerta Huerta, cuando se estableciera la teoría más consolidada y vigente en la actual aceptación de que estamos ante los restos de un mensario: “Sobre el friso de la parte derecha de la portada vemos un grupo de nueve personajes en actitudes diversas cuya identificación resulta sumamente compleja, tanto por lo complicado de la composición como por lo desgastado del relieve. En algunos parece clara la referencia a actividades agrícolas, como en el caso del primero de ellos, que porta una especie de mayal. El siguiente sujeta un calderillo o cestillo y un objeto cortante, posible referencia a labores de vendimia, mientras su compañero maneja un objeto oblongo que se pudiera interpretar como un personaje vertiendo el vino de un odre al barrilillo, como en la portada de Beleña de Sorbe (Guadalajara). Mayor dificultad ofrecen los dos siguientes personajes, el primero removiendo en una especie de escudilla y el segundo sosteniendo un objeto alargado. El personaje de su derecha, acompañado de otra figura de reducidas dimensiones y muy perdida, aparece ante una mesa repleta de manjares realizando un gesto de bendición con su diestra (índice y corazón extendidos). Concluyen la escena dos figuras, separadas por una especie de columna, la extrema tocada con capirote y en actitud de calentarse. El conjunto de personajes, salvo el de menor tamaño junto al comensal, forman un grupo coherente, todos vestidos con túnica a excepción del rústico tocado con capucha, quien porta un sayón. El canon de las figuras es algo achaparrado y se presentan bien descalzos bien con puntiagudos calzados. Si las atribuciones avanzadas se confirmasen estaríamos aquí ante un fragmentario mensario, del tipo del citado en Beleña de Sorbe”, tesis que es apoyada y compartida por Cristina Párbole quien defiende la tesis de un mensario o menologio inacabado donde faltarían los meses de marzo, abril y mayo, en el que Julio sería el personaje situado más a la izquierda que porta un báculo o cetro, mientras que Agosto lleva una cesta, haciendo referencia a la tarea de desgranar el trigo, Septiembre el personaje vertiendo vino en un tonel, Octubre representado con un recipiente entre sus manos removiendo el contenido del recipiente, Noviembre portando de nuevo un cetro relacionándolo con la matanza del cerdo, y Diciembre ( el más fácil de identificar, a juicio de Cristina) el llamado “banquete de la Navidad” con la mesa donde están dispuestos los productos que se han ido recolectando durante el año, mientras que un sirviente en un estrato menor lleva algo en las manos y se dispone a servir la mesa, al tiempo que el señor aparece con el dedo índice y corazón levantado en actitud de bendecirla.

Conocemos otras teorías que, desapegándose de la tesis comúnmente aceptada, la del mensario incompleto, entienden que se trataría de un apostolario mutilado apoyándose, quizá, en la figura que porta las llaves y que relacionarían con la de su acompañante lateral sin tener en cuenta que ninguna de las figuras del friso están provistas de nimbo ni de atributos clásicos apostólicos ni reparar en que mayoritariamente van calzados, cuestiones todas ellas que repugnan la más elemental interpretación en la simbología y mensaje románico.

Con la modestia y humildad de quienes no somos expertos ni especialistas sino profundos amantes y estudiosos de este Arte sacro, hemos decidido abordar la interpretación de esta parte del singular friso del templo románico de Santa Cecilia de Vallespinoso que, para nosotros, contiene la peculiaridad exclusiva de ser la única representación pétrea, el único documento esculpido, de la ceremonia ritual de DEDICACIÓN O CONSAGRACIÓN DEL TEMPLO ROMÁNICO.

Ya el paganismo conocía la dedicación de un templo, de un altar, de un teatro o de una ciudad. No en vano en el 11 de mayo del 330 se celebró con fastos la dedicación de Constantinopla. El rito comportaba siempre procesiones con aspersiones de agua lustral, oraciones y ofrecimiento de sacrificios. También el Antiguo Testamento conocía la dedicación de altares (Núm. 7, 10-11) y templos ( 1 Re 8, 1-66 y Esd 6, 15-18), pero no será hasta la Edad Media cuando la liturgia cristiana de la encenia o inauguración ( Jn 10,22), es decir la "dedicación" del templo, pretenderá enriquecer su simbolismo tomando el sustrato bíblico.

El desarrollo de la celebración de la "dedicación" o consagración de un templo románico era una ceremonia litúrgica de las de mayor importancia que podían efectuarse. Perfectamente codificada en textos pontificales y ordines diversos, tenía tasados unos ritos iniciáticos, verdadero juego litúrgico fruto de la simbología medieval y revelador de una teología concreta, que comenzaban con una entrada procesional al templo. Todos se detienen en el umbral para que los representantes de quienes han colaborado a la construcción, el/los comitentes, lo entreguen al pastor del nuevo templo para que abra sus puertas.



El nuevo pastor, accediendo con las llaves al templo invitará al pueblo a entrar mientras se canta el Salmo 23.


Finalmente, se abre la puerta y, entonces, un celebrante descalzo (" ¿ Deseas encontrar limpia la basílica?, pues no ensucies tu alma con el pecado"...) ilumina festivamente el templo (" Si deseas que esté bien iluminada, Dios desea también que tu alma no esté en las tinieblas y brille en nosotros la luz de las buenas obras...", Cesáreo de Arlés) como signo de gozo mientras se entona el cántico de Tobías ( Tob. 13,10-17), al tiempo que se procede a la bendición del agua gregoriana ( agua, sal, ceniza y vino) para la lustración del altar y todo el edificio rociándolo con el hisopo ( Ordo XLII,6) siguiendo el texto de Sugero, abad de San Denis ( 1.114) (" Señor, mediante la unción del santo crisma, tu has unido lo material a lo inmaterial..."), mientras que, acorde a la tradición del siglo IV establecida por San Ambrosio, un presbítero  trasladará, en una patena, las reliquias de la santa mártir para ser entregadas al celebrante.


Celebrantes componentes del séquito portando antorcha - pies descalzos-, 
hisopo con unción crismal y urna relicaria- también descalzo-.

 Finaliza el cortejo con los celebrantes portadores del sello - monosandálico en señal de consumación del acto jurídico de toma de posesión o propiedad- y rollo del Acta fundacional.


Uno de los momentos más relevantes del rito era la de la deposición de tecas conteniendo reliquias de los Santos junto con porciones del cuerpo del Señor (hostias) en un reconditorio o sepulcro ubicado en el interior o bajo la propia ara del altar ( lipsanoteca).


( Obsérvese cómo la figura pequeña del acólito, vierte sobre el punto central bajo el ara sobre la que aparecen labradas porciones de hostias, el contenido de un recipiente, al tiempo que el celebrante, con mano alzada, efectúa el rito de bendición ante la mirada de la única figura encapuchada o cabeza cubierta - lo que evidencia su carácter de fémina- y el señor que, ricamente ataviado, permanece sentado en señal de su carácter de benefactor o comitente).

Esta fórmula del ritual de consagración denominada " pro codendis reliquiis", se encuentra ya contenida en el  Liber diurnus papal datado en el siglo VI y en el Ordo romano XLVII del siglo VIII observando la costumbre instituida por San Ambrosio cuando al descubrir los restos de los santos Gervasio y Protasio ( año 386) las colocó en el altar de la basílica de Milán en un gesto simbólico de que las víctimas triunfantes tuvieran un lugar allí donde Cristo se ofrece a sí mismo como hostia: "sobre el altar, aquel que se ofreció por todos; bajo el altar, aquellos que fueron rescatados por él con su pasión".

En la íntima convicción de haber desvelado la exclusiva representación pétrea de la única encenia o consagración de un templo románico español, alentamos a la puesta en valor y conservación de este singular friso del templo de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar, testigo único y fiel lenguaje del alma de las piedras.

Bibliografía

* Miguel Ángel García Guinea.
*Jesús Herrera Marcos.
* José Manuel Rodríguez Montañés y Pedro Luis Huerta Huerta. Enciclopedia del Románico.
* Cristina Párbole. Mensario al detalle.La Huella Románica.
* Muros consagrados. El entorno litúrgico medieval de la lipsanoteca de Bagüés Gloria Fernández Somoza Universidad Ramón Llull.
* Apologética católica, " Dando razón de nuestra Esperanza", Febrero 2015
* Dedicación de Iglesias y altares, NLD.



Sección para "Curiosón" del grupo "Salud y Románico".


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La Enseñanza Primaria durante la Segunda República en la Montaña Palentina (1931-1936)

El incremento de publicaciones y estudios relativos a la Segunda República española, y más concretamente a las prácticas educativas llevadas a cabo en dicho periodo, ha puesto de manifiesto en los últimos años el interés de un amplio público por conocer en profundidad este proceso histórico. Estudiar estos años resulta complejo y no está exento de dificultades, derivadas de los procesos depuradores iniciados tras el estallido de la Guerra Civil y que continuaron una vez terminada esta. El inicio de la contienda conllevó la destrucción de numerosos documentos y expedientes que hoy nos priva de conocer múltiples detalles y datos, que sin duda completarían el panorama general de lo acaecido desde el 14 de abril de 1931 hasta el 19 de julio de 1936.




El objetivo de este trabajo es analizar el impacto que la nueva política republicana produjo en el norte de la provincia de Palencia, ciñéndonos a los municipios que componen la montaña.

Los Municipios de la  Montaña Palentina tienen una serie de características físicas, sociales y económicas, que determinan unas particulares condiciones de vida y que se reflejan en la Enseñanza Primaria y en las distintas iniciativas culturales. A lo largo de estas páginas veremos las principales actuaciones que en materia de Enseñanza Primaria se llevaron a cabo persiguiendo, entreo otros fines, erradicar los índices de analfabetismo.

La Montaña Palentina es una comarca natural ubicada en el extremo septentrional de la provincia de Palencia e integrada por 19 municipios municipales. Se trata de una tierra singular donde el pasiaje montañoso y el clima, sin olvidar la impronta humana, adquieren una personalidad propia. A finales del siglo XIX empiezan a forjarse las primeras explotaciones mineras que suponen un importante desarrollo económico y social. La implantación y la consolidación de la industria  minera trae nuevas formas de relaciones laborales...



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María Dolores Pastor Mulero, natural de Valladolid, es licenciada en Psicopedagogía por la Universidad de Valladolid. Su investigación se ha centrado en la historia de la Educación, de cuya tesis doctoral forma parte el presente trabajo.



M Dolores Pastor
Aruz ediciones, 2016
colección de historia montaña palentina




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Camino de Las Tuerces


Las Tuerces y el Cañón de la Horadada siguen siendo un gran reclamo turístico del Norte de la provincia. Así se demostró una vez más el 14 de mayo de 2013 con la celebración del Geolodía, una actividad con la que se pretendía acercar a la sociedad tanto la geología como la profesión del geólogo.



Una excursión por el complejo kárstico y el entorno del río Pisuerga, organizada por la Asociación Argeol (Reserva Geológica de Las Loras), en colaboración con la Sociedad Geológica de España, que reunió a unas 120 personas.



La ruta comenzó en la localidad de Mave y se dirigió hacia el espectacular Cañón de la Horadada. Una excursión de 6 kilómetros en la que participaron personas de todas las edades procedentes de la comarca de Aguilar de Campoo, además de Palencia, Burgos, Cantabria, Asturias y León. «La ruta la hicimos en grupos y pidiendo a los participantes que tuviesen especial cuidado ya que íbamos a recorrer un entorno natural protegido», señala una de las guías Karmah Salman.




Durante el recorrido fueron explicando a los excursionistas aspectos muy curiosos que algunos desconocían, como las explotaciones de lignito que existieron en la zona, cómo se crearon Las Loras, todas las alteraciones que se han producido con el paso de los años en el macizo calizo, la erosión realizada por el río Pisuerga, etc.



El itinerario les llevó hasta Villaescusa, donde efectuaron una pequeña parada en su teleclub. Posteriormente ascendieron a Las Tuerces para ver las bellas formaciones producto de la erosión. Allí se les habló sobre la historia geológica, los fósiles y la interesante fauna y flora de la zona.


Reportaje: José Luis Estalayo
Ver más temas relacionados en nuestro blog Orígenes.



De la sección de la autora en "Curiosón": "Una mirada al pasado" @MRedondo2016

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Montaña palentina: Belleza y Arte

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