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Los cafres andan en Venezuela


Nicolás Emilio García Palacios


  • El autor nació en Quibdó, Chocó, (Colombia). Estudió Filosofía y Letras. Escribe poemas, relatos, ensayos y notas de opinión sobre Historia, Política, Filosofía y Sociedad en general. Trabaja en la la Secretaría Distrital del Gobierno de Colombia.


Desde luego que no pienso con el deseo, cuando manifiesto que si no fuera porque tiene unos organismos de seguridad bastante especializados (aunque aún así han tenido dificultades serias, las cuales no creo necesario recordarlas con detalles; ni siquiera los recientes atentados en Boston), Estados Unidos con frecuencia estaría pasando las verdes y las maduras con los ataques terroristas y de otras índoles.

Lo anterior lo refiero porque, debido a múltiples atropellos cometidos contra algunos pueblos del Mundo, se ha granjeado no poca animadversión, ante la cual surge la sed de venganza.

Pese a que no comparto muchas de sus políticas, nunca me ha pasado por la cabeza decir que aborrezco a Estados Unidos. También es pertinente señalar que una cosa es el Estado representado principalmente en su gobierno, y otra son sus ciudadanos, contra quienes no tengo algo en contra.

Igualmente, no puedo dejar de reconocer que Estados Unidos le ha ayudado bastante a la Humanidad (al mismo tiempo que ha contribuido a caotizarla), en diferentes aspectos (tecnológicos, económicos, culturales, entre otros), aunque no siempre sea por generosidad; sino, aplicando la mano cambiada: “Yo te doy, y tú me das”. Esta nación no da puntadas sin dedal.

Básicamente esta nota está propende a llamar la atención sobre varios asuntos:

1. Definitivamente, se me hace que será bien difícil (mas no imposible) que algún día Estados Unidos prescinda de aplicar la doctrina del Destino Manifiesto. El Destino Manifiesto es una especie de filosofía o ideología abrazada por dicho país, mediante la cual pretende justificar el modo como concibe su rol en el Mundo, incluyendo el esquema de relacionarse con otros países.

2. Esencialmente lo que Estados Unidos ha considerado, desde hace mucho tiempo hasta hoy, es que Dios determinó que fueran ellos los elegidos para mantener el dominio del Orbe; reflejado esto en el hecho de tener que ser la gran potencia en lo político, económico, militar, cultural, social en general. Es decir, superiores a todos los demás pueblos del Cosmos. Es así, pues, como apegados a esta concepción, han desplegado en todo momento el expansionismo, colonialismo, imperialismo y muchas otras acciones en procura de corroborar que, efectivamente, "han sido los elegidos por Dios".

3. En dicho sentido ha testimoniado la Humanidad cómo Estados Unidos, con el propósito de cumplir "la misión encomendada por Dios", recurre al "todo vale", a cualquier actitud inspirada en el maquiavelismo ("El fin justifica los medios"; no importándole atropellar de múltiples formas los derechos de muchos otros pueblos; con lo cual, al tiempo que él (victimario) se deshumaniza (pues, racionalmente no es de humanos proceder con protervia), hace lo mismo con ellos (sus víctimas).

4. ¡"Oh, libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!". Madame Roland.

5. Estados Unidos juega con frecuencia al “sí, pero no”, y al “no, pero sí”; todo dependiendo de sus intereses según las circunstancias. Es así como se testimonia cómo pregona ser un gran defensor de los derechos humanos, pero encontramos con facilidad las evidencias de que este país los quebranta a lo largo y ancho del Mundo: Invade y bombardea, no importando que muera mucha gente inocente (niños, jóvenes, adultos, ancianos), ni que las secuelas materiales sean catastróficas, ni que el medio ambiente quede transformado en miedo al ambiente, ni que del timbo al tambo deambulen los desplazados y refugiados, etcétera.

6. También vemos a un Estados Unidos imponiéndo medidas políticas, económicas y de otro tipo a los países que considera como su patio trasero; y decide bloqueos o embargos económicos, comerciales, financieros, tecnológicos, políticos, culturales y sociales en general.

7. Ahora resulta que Estados Unidos (con ocasión de la rebeldía de niño malcriado de la oposición venezolana, la cual rehúsa reconocer y aceptar el triunfo de Nicolás Maduro, en las elecciones del 14-04-13, argumentando que hubo un fraude que solamente existe en sus mentes calenturientas, y en sus almas en pena por el sinsabor de no haber logrado la victoria), en una actitud que no es nada extraña en él, se ha unido a las huestes de Capriles, para también prescindir de reconocer la victoria de Maduro. Lo único que le falta a este país es mandar estadounidenses para que les ayuden a las hordas opositoras que han querido convertir a Venezuela en el mismo infierno, o de pronto a las mismas fuerzas armadas gringas.

8. Dicha injerencia de Estados Unidos no es más sino porque, como es sabido, todo lo que huela a Revolución Bolivariana le huele a "estiércol de comunistas y terroristas". Naturalmente, si la situación que se ha presentado en Venezuela hubiera sido a la inversa (con un Capriles vencedor, y un Maduro reclamando), seguramente Estados Unidos aunque Capriles hubiera ganado por un voto inmediatamente lo reconocería como presidente, y no acompañaría a Maduro en la petición de hacer auditoría o reconteo de votos. Y es que no cesan en respaldar a Capriles.

9. Tales energías deberían emplearlas, mejor, para ver si logran descubrir a los autores del atentado reciente en Boston, que hasta el momento deja un saldo de tres muertos y más de un centenar de heridos, amén de las pérdidas materiales. Esto es lamentable, sin duda alguna; pues, la violencia jamás será el mejor camino para superar las diferencias.

10. En verdad, no deja de preocupar la actitud de la oposición venezolana, insistiendo en un juego sucio que iniciaron desde hace mucho tiempo; incluso desde cuando estaba vivo y gobernando Hugo Chávez. Estas embestidas (puñaladas traperas) las arreciaron con motivo del deceso de Chávez. Es, pues, el mismo juego sucio que hoy, cuando es evidente que las elecciones las ganó Maduro por más de 260 mil votos sobre Capriles. Es que les duele (comprensible) en el alma no haber alcanzado la victoria.

11. Andan tan alebrestados que al momento de publicar esta nota ya han asesinado a ocho personas, militantes del oficialismo. ¡Cafres, asesinos!

12. Igualmente es preocupante y desconcertante (sin que sea una conducta excepcional en él) que Capriles, la cabeza de la oposición, sea el encargado de atizar la hoguera; como quien dice: “Mátense entre hermanos. Que haya sangre al menos nos sirve de consuelo ante la derrota. Eso sí, mientras ustedes se descuartizan, yo me largo, o me quedo aquí bien encambuchado. Nos interesa que Venezuela se vuelva un mierdero; pues, de pronto así en medio del caos nos tomamos por la fuerza el Palacio de Miraflores, ya que no pudimos con los esfuerzos en las urnas”. Capriles y otros dirigentes de la oposición tendrán que pagar los muertos, por haber instigado públicamente a que se produjera la barbarie que han cometido sus seguidores. Dichas muertes no deben quedar en la impunidad; como también deben pagar por los centenares de heridos y por las pérdidas materiales.

13. Acertadamente muchas personas en la Internet, como en otros medios de comunicación del Mundo, han recordado que Capriles ganó en diciembre de 2012 la Gobernación de Miranda con una diferencia de 45 mil votos sobre Elías Jaua. Pese a lo que se puede considerar como ventaja mínima para Capriles, el oficialismo nunca salió a hacer pataletas; sino, que reconoció la derrota. ¿Y por qué, si el Consejo Nacional Electoral es gobiernista éste no hizo aquella vez el mismo fraude (a favor de Jaua) que dizque hizo ahora en beneficio de Maduro?

14. Téngase en cuenta que en aquella oportunidad estaba gobernando el Comandante Chávez, recién reelegido como presidente (Digo esto último porque, insisto, una cosa era Chávez, y otra cosa es Maduro; sin con esto insinuar que Nicolás no tenga bien amarrados los pantalones, ni que no sepa cuál es el camino por el que hay que conducir la barca revolucionaria. Aun así, no nos digamos mentiras, de Chávez a Maduro –cosa que sabe bien la misma gente oficialista- hay una distancia enorme a favor del primero).

15. Entonces, en dicho momento Capriles no dijo que, al haber ganado por tan pocos votos (aunque una elección se gana por uno nada más), el CNE no le inspiraba confianza. ¡Claro que no lo iba a decir!, pues fue el vencedor. Reitero, actitud gallarda fue la del oficialismo, al reconocer el descalabro, y al no poner en duda la transparencia del proceso.

16. Produce repugnancia que haya gentes que sean malas perdedoras. Estas mismas son las que proceden como la persona que cuando la atención de un parto le sale mal, entonces le echa la culpa al susuné (la vagina, más exactamente).

17. La ultraderecha venezolana (como sucede en todas partes donde este engendro hace presencia), que es la misma oligarquía, no resiste estar huérfana de Poder desde cuando Chávez asumió la presidencia. Tampoco se aguanta que en este país se pretenda avanzar en los propósitos de justicia social; por eso, entonces, está dispuesta siempre a impedirlo de cualquier modo.

18. Es triste saber que la gran mayoría de personas que apoyan a la oposición no lo hacen por convicción ideológica; sino, porque la oligarquía se mete la mano al dril, y les da plata para que hagan bulto, y para que se conviertan en sicarios politiqueros. También, muy seguramente, con plata lograron voltear a algunas gentes que antes habían estado del lado del oficialismo. Esto, considerado como perfidia política, influyó mucho para que la ventaja de Maduro sobre Capriles no fuera mayor.

19. Por supuesto, una vez más hago elevo preces para que en Venezuela reinen la transparencia, la cordura, el sosiego y el entendimiento entre hermanos, aun en medio de los disensos. Hermanos venezolanos, no jueguen con candela. Este llamado es, desde luego, para lado y lado; pero, sobre todo obviamente, para los caprilistas. 

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Esta obra contiene poemas para el desahogo, e igual para la reflexión, sobre situaciones de todos los sabores en lo que concierne al arte del amor; de allí, entonces, que aparecen unos que saben a la almibarada miel, mientras otros son de amarga hiel. 

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Africa contra el eurocentrismo


Nicolás Emilio García Palacios


  • El autor nació en Quibdó, Chocó, (Colombia). Estudió Filosofía y Letras. Escribe poemas, relatos, ensayos y notas de opinión sobre Historia, Política, Filosofía y Sociedad en general. Trabaja en la la Secretaría Distrital del Gobierno de Colombia.


1. En el propósito malévolo de manipular la Historia –negarla, ocultarla, deformarla o tergiversarla- algunos historiadores han pretendido invisibilizar gran parte –si es que no toda- de la Historia de África. Esto, generalmente, es motivado por un fenómeno conocido como eurocentrismo; el cual considera que la gran mayoría de los aportes y avances científicos, tecnológicos, culturales, literarios, filosóficos y de otras índoles que dan lugar a que se hable de Civilización, han correspondido exclusivamente a los pueblos europeos, a "los blancos" –etnocentrismo-.

2. Más ampliamente identifico el eurocentrismo como una especie de doctrina –parecida a la del "Destino Manifiesto", aplicada por Estados Unidos con la finalidad de mantener la hegemonía mundial en casi todo-, la cual predica que la cultura de Europa ha sido el centro o eje de la Civilización; queriendo dar a entender, entonces, que toda la Historia Universal necesariamente pasa por dicho continente. Esta actitud, valga decir, en muchas oportunidades ha sido el origen de discriminaciones contra otros pueblos no europeos, entre muchos otros atropellos, incluidos los conflictos bélicos; precisamente por considerarse como la cultura dominante, hegemónica.

3. Lo anterior –la invisibilización de África- no es más que una forma de querer mantener los esquemas discrietnistas o racistas en contra de la gente de la etnia negra; buscando que ante la Humanidad quede la percepción de que "los negros han sido inferiores con respecto a los blancos", por lo cual deben estar siempre en lo más bajo de la sociedad. Desde luego, esta es la conducta típica de los cavernícolas que hoy en día todavía persisten en las prácticas discriminatorias por el color de piel, por el origen, por la cultura, entre otros factores. Aunque es cierto que se ha logrado reducir esto, no lo es menos que todavía infortunadamente se presenta.

4. Reitero algo que he dicho en otras notas: Cuando se trata de reconocer lo de los negros, o darnos algo, no nos ven, nos invisibilizan; pero, cuando es para desconocer nuestros aportes a determinados procesos, y para quitarnos algo o mucho, ahí sí nos ven. Así pasa, pues, con África en este asunto de sus aportes a la Civilización.

5. Desde hace mucho tiempo ha habido una gran cantidad de testimonios en el sentido de que los negros únicamente no hemos sido ni somos buenos en las cosas que, bajo prejuicios, consideran muchas personas –para algunos deportes; para la música, las danzas y los bailes; para la culinaria, para el sexo y otras actividades que, generalmente, son tenidas como patrones culturales de inferioridad; fenómeno que da lugar a las discriminaciones: "Usted, negro, tiene que ser siempre subalterno, porque los negros no nacieron para ser jefes"...-; sino, que lo hemos sido y lo somos en aquellas cosas que se atribuye el eurocentrismo.

6. Basta ponerle un poquito de sentido lógico al asunto: Siendo África la Cuna de la Humanidad, esto lo que significa es que fueron los africanos quienes primero tuvieron la oportunidad de descubrir y desarrollar gran cantidad de conceptos, actividades, sistemas, filosofías, indumentaria, inventos, etcétera. ¿Cómo podrían haberlo hecho otros si no existían?

7. Otra cosa es que con el paso del tiempo todo lo anterior lo hayan transformado, mejorado o perfeccionado otras personas que, debido a los procesos de adaptación natural "dejaron" de ser afrodescendientes; cuando ya el Mundo se fue dividiendo en continentes. Aun así, no hay que pasar por alto que, a la postre, toda la Humanidad es afrodescendiente, habida cuenta de que África es la Cuna de la Humanidad. ¡Y claro!, con el transcurso del tiempo fueron surgiendo nuevas cosas creadas o inventadas por quienes "pasaron" de africanos a europeos, asiáticos, americanos, oceánicos.

8. De tal suerte, pues, que no resulta racional desconocer que los africanos tuvieron –y siguen teniendo en múltiples escenarios- un protagonismo en el descubrimiento, creación y desarrollo de sistemas de escritura, de la Medicina, Música, Filosofía, Astronomía, Astrología, Literatura, Náutica, Biología, Anatomía, Botánica, Matemáticas, Economía, entre muchas otras ciencias o disciplinas. Cuando se pretende, entonces, echarle tierra al hecho de que África ha hecho aportes contundentes y verídicos a la Civilización, se puede aplicar aquello de que "todo lo del pobre es robado".

9. Algo que resulta importante tener en cuenta, como para corroborar esos afanes de invisibilizar lo negro, es que en no pocas ocasiones ha habido casos en los que los blancos les han comprado a los negros –en otros eventos ha sido robadas algunas de sus creaciones, inventos o descubrimientos, con el propósito de luego ser presentado todo como de autoría de los compradores o usurpadores.

10. Afortunadamente algo que no han logrado algunos historiadores –ni lo lograrán a estas alturas- es sepultar el hecho de que en África hubo imperios: Egipto, Cartaginés, Almohade, Songhay, Kanem-Bornu...; reinos: Congo, Kush, Aksum, Yeke...; califatos: Almóravide, Fatimí...; sultanatos: Ayubí, Benimerín, Adal... Esto, grosso modo, lo considero como algo que proporciona más testimonios con relación a que África participó ostensiblemente en la construcción y desarrollo de la Civilización. No expreso esto solamente por el poder económico o riquezas que tuvieron dichas estructuras de gobierno; sino, porque a partir de ellos fue posible el desarrollo de muchas de las cosas mencionadas anteriormente, en el párrafo No. 8.

11. De África, entonces, se desprenden muchas razones para sentirnos orgullosos, independientemente de los problemas que la han azotado durante muchos años de historia; problemas que debemos hacer nuestros en condición de hijos de una Mamá África de la cual llevamos su sangre en nuestras venas.

12. Finalmente, como mensaje para los afrodescendientes –asumiendo en este caso el término como las personas a quienes tradicionalmente más nos identifican con África, aclaración que hago por lo de ser ésta la Cuna de la Humanidad-, digo que tenemos la tarea de reivindicar los aportes que hicieron nuestros antepasados, como también los que hoy en día seguimos haciendo en beneficio de la Humanidad, de la Civilización. Toda la Historia de África debe ser esparcida entre nuestra gente negra, entre todos los pobladores de la Tierra. No hay que consentir que nuestra Historia sea sepultada antojadizamente.

Entrada del autor en "Curiosón invitado"
¡Cómo me duele África!

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Cómo me duele África


Nicolás Emilio García Palacios
Melanocosmos



Indudablemente, parte el alma tener que asistir al espectáculo donde África representa un papel dramático, espeluznante. Hago referencia principalmente al África Subsahariana, o África Negra; excluyéndose, entonces, el territorio identificado como África Sahariana o África Blanca, que corresponde a la zona septentrional: Egipto, Marruecos, Túnez, Argelia, Libia y Mauritania; países éstos de alta influencia árabe.

En efecto, lo que parte el alma es testimoniar cómo, pese a que desde hace muchos años se habla de la descolonización de África –proceso que arrancó en firme después de la Segunda Guerra Mundial-, hoy en día se puede decir sin lugar a equívocos que dicho continente todavía está sometido a las ignominias de muchas cadenas que lleva encima: Las altas tasas de morbimortalidad por epidemias como el sida y la malaria, principalmente; la inseguridad alimentaria (hambre, desnutrición), males causados por la miseria; el analfabetismo, la sobrepoblación –aunque haya pobreza las máquinas de hacer hijos funcionan sin tregua-; la trata de personas –esclavitud-, la inestabilidad política, la infaltable corrupción, el endeudamiento externo, los conflictos tribales que aún se heredan de generación en generación, el saqueo de los recursos naturales y, desde luego los conflictos bélicos internos –guerras civiles-.

Las guerras civiles, desafortunadamente, han estado presentes en África desde hace mucho tiempo; y lo más triste es saber, o presumir, que las esperanzas de que tal espiral de violencia y barbarie, y de postración social generalizada, encuentre la señal de stop como que se van desvaneciendo con el tiempo; pues, en lugar de que se vean mejoras, queda la percepción de que todo va empeorando, sin desconocer avances importantes que han tenido algunos países (Sudáfrica, Sierra Leona, Angola, Botsuana), en lo político, económico y social en general. Este panorama sombrío se advierte pese a los esfuerzos que se han hecho desde adentro y afuera tratando de poner orden en casa.

Se trata de conflictos armados que se desencadenan principalmente por el afán de construir y mantener hegemonías políticas –escenario en el que abundan la corrupción, el nepotismo y otras prácticas antidemocráticas que, a la vez, implican desigualdades sociales que se convierten en germen de la violencia-; por motivos religiosos y culturales en general, por el afán de conseguir dinero fácil (narcotráfico, tráfico de armas, contrabando...), por el control de los recursos naturales –petróleo, oro, cobre, marfil, estaño, uranio, coltán, diamantes, etcétera-. Vale tener en cuenta que esto no solamente está en cabeza de los africanos; sino, que aquí participan otros países interesados en tales recursos: Estados Unidos, Francia y China, mayúsculamente.

No me parece algo descabellado –y aunque no tenga las evidencias al respecto- manifestar que dichos países en determinados momentos propician encubiertamente los mencionados conflictos internos. ¡Claro!, mientras los africanos se matan ellos aprovechan para pescar en río revuelto. No es mentira que hoy hay en África unas multinacionales que han creado ejércitos de mercenarios; bien sea con el argumento de proteger sus intereses (infraestructuras físicas y dinero), o de atizar la hoguera precisamente para luego valerse del caos suscitado con ocasión de los conflictos civiles. En suma, esto corresponde a una dinámica donde prevalecen los intereses personales (los de los países extranjeros dominantes, y los de los gobernantes africanos corruptos), antes que los colectivos (los de los africanos en conjunto).

Las ayudas humanitarias que han llegado a África a lo largo de varios años, destinadas por la comunidad internacional –gobiernos y ONGs privadas-, sin duda han servido de algo –o mucho en otros casos- para mitigar males como el hambre, controlar los problemas de salud, y en cierto modo para lograr la pacificación de algunos territorios. No obstante, al hacer un balance detenido hay razones para inferir que los resultados no han sido los esperados. Es que mientras existan intereses –internos y externos-, en el sentido de lograr beneficios para unos pocos, siempre habrá rivalidades que se tratarán de resolver recurriendo a la violencia y a otras conductas reprochables. Mientras África esté plagada de gobernantes y dirigentes corruptos, tales ayudas humanitarias no son más que paños de agua tibia.

África necesita que los países que hacen presencia en ella se dejen de hipocresías –con el pretexto de ayudar van buscando los recursos naturales y otros intereses en torno a la geopolítica-, que se avance en los procesos tendentes a fortalecer la educación; que se intensifiquen los esfuerzos para prevenir el sida, el paludismo y otras enfermedades que producen muchas muertes en la población; que la corrupción sea metida en cintura (cosa difícil, más no imposible); que la comunidad internacional –en cabeza de la ONU, sin que esto se asuma como intervencionismo malintencionado- mire con una lupa más efectiva los grandes problemas que dan lugar a otros que, siendo menores, no permiten que avance la locomotora del progreso, de la transparencia, de la democracia y de la pacificación.

O, en últimas, habría que pedirle a Dios que baraje y reparta nuevamente el naipe en África, con la perspectiva de que surja un territorio libre de todos los males aquí señalados. Aunque, a decir verdad, esto de barajar y repartir de nuevo el naipe debería hacerlo Dios con el Mundo entero; pues, muchas cosas calamitosas que suceden en África también se presentan a lo largo y ancho de la Tierra, desafortunadamente.

Lo de que Dios baraje y reparta nuevamente el naipe en África y en el Mundo, desde luego, no es más que una expresión figurada en medio de la desesperanza que uno experimenta al evidenciar que la situación cada día parece tornarse más compleja. Indudablemente, pese a las grandes dificultades no hay que tirar la toalla, no hay que claudicar en los esfuerzos en procura de encontrar la brújula que permita que África y el Mundo en general se dirijan por los caminos que los conduzcan hacia buen puerto, hacia el destino correcto; lo cual, necesariamente, implica anhelar que la Humanidad prescinda de abrazar y poner en práctica los antivalores que son la génesis de sus males: Egoísmo, codicia, indiferencia social, intolerancia, oportunismo o arribismo, maquiavelismo (“todo vale”, “el fin justifica los medios”), entre muchos otros igualmente abominables.

En verdad, ¡cómo me duele África!

El autor invitado nació en Quibdó, Chocó, (Colombia). Estudió Filosofía y Letras. Escribe poemas, relatos, ensayos y notas de opinión sobre Historia, Política, Filosofía y Sociedad en general. Trabaja en la la Secretaría Distrital del Gobierno de Colombia.

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