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La montaña en nuestros días

  • Resulta difícil acercarnos a la "cultura rural". Quizá porque quienes están inmersos en ella y son un agente activo que socializa, y recibe, y emite rasgos distintivos de la misma, la considera parte de sí, de su mundo, y la tiene tan interiorizada que no permite a "otros" y menos a los "urbanitas", que le digan qué tiene que pensar o sentir, cuando tantas veces se le ha cuestionado desde "aquellos" que devoran los productos que tanto mima, y tanto trabajo, tiempo y esfuerzo le ha costado obtener, aún a costa de sus "no vacaciones", de sus "exiguos descansos", de sus "casi ausentes relaciones sociales que no sean con un entorno que tan de cerca y bien conoce".



Quizá porque los que no vivimos inmersos en esa forma de vida, nos dejamos casi siempre llevar por los prejuicios de quienes la minusvaloran y además tachan peyorativamente de "popular" "ignorante" y otros apelativos peores.

Lo cierto es que al llevar eso a cabo estamos idealizando  la cultura de una sociedad post-industrial e idealizada (cuando la que es un "constructo" y la "rara" e "ignorante" muchas veces es precisamente la post-industrial y no la otra que durante miles de años nos ha permitido llegar donde estamos, aún a costa de "triturar" el campo y "cargarnos" una forma de vida sin la cual careceríamos de la herramienta más básica y primaria: Nuestra alimentación).

Hay otras disciplinas científicas que abordan el estudio del comportamiento humano desde otras premisas, pero la antropología precisamente no busca el conocimiento objetivo de lo que ha ocurrido en esa comunidad de seres humanos, sino cómo lo han vivido sus individuos cómo tales o cómo grupo. Es decir busca conocer no los hechos que fueron importantes sino qué parte o cómo se produce la interrelación social y económica o mágico-religiosa entre los mismos para que tenga tanta importancia.

Por lo tanto no trata de discernir entre los hechos y la realidad, sino de comprender el funcionamiento de la realidad subjetiva del "nosotros" y cómo se refuerzan las relaciones frente al "ellos" que no forman parte de nuestro grupo.

Evidentemente los planteamientos teóricos y metodológicos son muy diferentes dependiendo de los investigadores que los lleven a cabo. Si tenemos todo esto presente y si a mayores le unimos la propia duda existencial de ¿quién es un analfabeto?.  Probablemente si dejamos a un "urbanita" o persona de ciudad sin luz ni energía durante un invierno en una zona de montaña, esa persona no sobreviviría pues no conoce ni el entorno, no sabe plantar, cultivar, recoger, cuidar de los animales, echará en falta los supermercados y esa multitud de electrodomésticos y aparatos tecnológicos de los que parece que sin ellos el ser humano no llega  a lo que Maslow denominó autorrealización. Por lo tanto hay muchos tipos de conocimiento y "lo superflúo" en ocasiones cambia y el objeto de las burlas se puede convertir en el sujeto que las emite.

Además la historia lo que sí nos muestra, a poca perspectiva con la que la observemos (y tampoco hay que caer en el debate clásico de Oswald Spengler yArnold Toynbee sobre si las civilizaciones siguen unos ciclos que se repiten en la historia y si nuestra mal llamada "Civilización Occidental" pueda escapar o no a ellos) es el cambio y alternativa que se producen entre el campo y las ciudades. Produciéndose un desarrollo de los primeros para alternar con una caída y desarrollo posterior de los segundos y así constantemente ante sucesivas "crisis", ante la mirada impasible de esos habitantes de la montaña, forjados por el sol y el frío, por la intemperie y lo rudo de una vida que también otorga alegrías y sentimientos cómo a cualquier ser humano.

Por lo tanto las montañas y sus gentes, no son ajenas a las modas, a los cambios, a la minería, al desarrollo expansivo en apenas decenios y a la pérdida de todo aquello con lo que con tanto ahínco se amó y de lo que tanto cuenta desprenderse tras su pérdida y abandono.

Que determinados seres humanos sean más callados no quiere decir que no hayan sufrido impasibles, sino que su carácter les ha enseñado a luchar, a aguantar y a levantarse de nuevo pues ante la nieve y la soledad de nada sirve quejarse.

Estoy convencido, aunque no llegó un año el que yo mismo me crié en una zona de alta montaña, de que somos nosotros los que tenemos que aprender mucho aún de esas gentes de la montaña y no ellos de nosotros y más en tiempos de crisis en las que antes o después las ciudades se transforman y son las montañas y el campo los que albergan una cultura rural de la que nunca podemos ni debemos dejar a un lado.

Cuaderno de Chema
De la serie, "La curiosidad hizo sabio al gato".

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Insultamos a quien no debemos


  • Es bastante curiosa la utilización de los insultos en las sociedades actuales de habla española. Aquellos que nos salen solos ante un hecho rápido, injusto, con mala intención por parte de la otra persona y que debemos concentrar en una o muy pocas palabras; serán todos ofensivos para colectivos minoritarios de los que no tienen ninguna culpa ni responsabilidad pero que echamos en sus espaldas todo lo malo de nuestras acciones cotidianas.




Y sino hagan la prueba, imaginen que están a punto de cruzar un paso de cebra, perfectamente señalizado y actuando correctamente y en ese momento un coche a toda velocidad irrumpe y está a punto de atropellarles. La reacción mayoritaria es girar el cuerpo hacia la estela del automóvil y apretando los dientes soltar un improperio… pero ¿Cuál sería? “Subnormal”, “Idiota”, “Impotente”, “Zorra”, “Gilipollas”, “Hijo de puta”, “Jue’puta”  ¿Pero qué han hecho realmente esos colectivos de personas o animales para que de tan mala manera utilicemos su nombre? Realmente nada… entonces ¿Por qué los utilizamos como chivos expiatorios de todos nuestros males perentorios cuándo nos acaece algo malo y repentino? Son los colectivos marginales o peor vistos y qué tememos por ignorancia o por mala fe, por estereotipos los que fundamentan el blanco de los apelativos para insultar a alguien. ¿Actuamos bien acaso cuando utilizamos oprobios que se ceban con estos colectivos para desahogarnos en semejantes situaciones? Es decir ¿insultamos a quien debemos?

Lo mismo ocurre, como explicaba magníficamente Alexis Valdés en un monólogo, donde todo lo malo recibe el apelativo peyorativo de “negro”. “Humor negro”, ”día negro”, ”alma negra”, “negro porvenir”, “mercado negro”, “cine negro”, “beso negro”, hasta el dinero si es “negro” es malo… y no digamos lo peor y más destructivo conocido un “agujero negro”. Si hasta el s. XVI cualquier persona negra para la Iglesia no tenía alma y si uno echa un vistazo a las estadísticas históricas sobre la esclavitud entre África y el Caribe u observa las pinturas románicas verá como hasta el rey Baltasar de los Reyes Magos era blanco y no negro. Podemos inferir que el contexto socio-cultural en el que se generan los improperios va a ser fundamental para la creación del mismo. Otro caso es hasta cuándo pueden y deben seguir dando vueltas y rulando tantos y tantos oprobios con un base cultural tan errónea e injusta.


Aunque los insultos sean una práctica social desaprobada y rechazada. No vale con engañarnos a nosotros mismos con argumentos pueriles. Con sólo la represión, pensando en no volver a decir palabras malsonantes o soeces, puesto que en determinados momentos nuestra condición humana nos obliga a comunicarnos y a soltar por nuestra boquita una ristra de vocablos muy específicos y que deben cumplir una función social e individual. Los insultos no se pueden quitar de nuestro vocabulario. Sólo se pueden sustituir unos por otros y con práctica, pero quien pretenda eludirlos totalmente se engaña o simplemente quiere quedar bien delante de otros.

Por mucho que a los niños en su proceso de socialización, tanto primaria como secundaria, se reprima y categóricamente trate de cortarse de raíz en sus inicios (la doble moral que toda sociedad posee) el hecho que se produce en sí, es una jocosa hilaridad al escuchar a un retoño emitir con soltura semejantes exabruptos. La consecuencia que se produce es la contraria a la deseada y, quien aprende la lengua española, tanto sea como lengua materna o secundaria (y sino observar cómo cualquier extranjero lo primero que aprende charlando en un idioma son los insultos) los interioriza rápidamente como una forma de expresión fecunda a la hora de poder comunicarse.

Para que exista un vituperio, debe haber intencionalidad en el emisor de hacer daño concentrado en una o pocas palabras emitidas con fuerza y animadversión, pero también debe darse de manera ineludible en el receptor la sensación de sentirse lastimado. Y quizá aquí se da la peor parte, puesto que significa por parte de todos esos colectivos, empezando por las madres y acabando por las prostitutas o disminuidos de cualquier condición o clase que tienen asumido e interiorizado el rol de tener que sufrir y aguantar semejante escarnio público cada vez que alguien hace uso de un insulto en esas circunstancias, es una manera de legitimar y que se consolide y se mantenga en la sociedad el machismo y la condición sumisa de madres y mujeres; la marginalidad a la que muchas veces se ven abocados minusválidos, inmigrantes, colectivos LGTB´S.

¿Por qué no hacemos nada para evitar que eso siga así años y años?

Hace algún tiempo el jugador búlgaro del Barcelona Hristo Stoichkov ejecutaba los insultos a la perfección y había pasado por varios países y aprendido varios idiomas pero al árbitro o a sus contrincantes siempre les insultaba en castellano. Y es en este hecho donde adquiere su significación el lenguaje y para que se dé tiene que existir previamente un contexto social y cultural, una base ética convencional (con un origen más o menos reciente) admitido por casi todos y por casi todas como algo real y trémulamente ofensivo.
Por aquello del doble sentido, es curioso como desde sus comienzos el quizá utilizado como peor insulto en lengua castellana “Hijo de puta” en todos los tiempos de la misma, también tenía el sentido encomiástico y adulador. Ya en El Quijote Sancho aclara:

-Digo -respondió Sancho- que confieso que no es deshonra llamar hijo de puta a nadie, cuando cae debajo del entendimiento de alabarle.

Como muy apropiadamente nos muestra la Wikipedia en un estudio Paralelos y Meridianos  de Guillermo Sheridan sobre El Quijote para explicarlo dentro del contexto social y cultural de la época “Hijo de puta” sería un insulto poliédrico que afectaría a varias facetas. La primera se trataría de “El que no es procreado de legítimo matrimonio”. La segunda “se insulta a la madre [por puta] y al padre [por permitir ser puta a su mujer] (...) es además un insulto gerundial, pues el hijo de puta lo fue al nacer, sigue siéndolo en el presente y lo será aún en el futuro (...) Un hijo de puta lo es a perpetuidad. Yo añadiría además que se llama cornudo al padre, puesto que si la madre yace con otro hombre por dinero o no… O lo que es lo mismo una mala persona.

Ya en las Españas del Lazarillo de Tormes o en las del Buscón de Quevedo se deja claro la importancia del nacimiento de cuna noble y la tan habitual figura del Hidalgo o Fidalgo. Y de cómo en tiempos de escasez y penuria se busca el aparentar, la exención de impuestos y gozar de una vida que socialmente es considerada como “por encima de tus posibilidades” por parte de los pudientes y como “el sueño español” de los siglos XVI al XIX pasa por ser noble. La Hidalguía aunque surgió con la Reconquista allá por el siglo X para premiar a quienes ayudaban a los reyes en sus luchas, consistía en un título que otorgaba el monarca con ciertos privilegios.

Hidalgo apócope de Hi(jo)d(e)algo se otorgaba por ser hijo de algo o de alguien [respetado o de noble cuna] aunque no tuvieran muchos bienes. Podían ser de sangre o por que los monarcas le habían concedido ese título, con el que en cualquier caso no pagaban impuestos. En el siglo XVIII en Asturias llegaron a ser el 80% de la población, en Cantabria el 90% y en Vizcaya todos los que nacían eran considerados Hidalgos (origen de los fueros que aún hoy perviven en la actualidad). Lo cierto es que incluso en el siglo XIX la burguesía se ennoblece y la nobleza se aburguesa perpetuándose y extendiéndose el apelativo como insulto por doquier.

Por todo ello no nos sorprende que durante tantos años y con tanto fervor se haya utilizado como el peor de los insultos meterse con el origen desconocido de la familia de uno o de una. Más si atendemos al papel casi sumiso y sin personalidad que tanto por entonces como hasta hace escasos años otorgaba la sociedad a la mujer. No será hasta la Constitución de 1978 en su artículo 39.2 en la que los poderes públicos aseguren la protección integral de los hijos, iguales estos ante la ley con independencia de su filiación, y de las madres, cualquiera que sea su estado civil y en el artículo 39.3 Los padres deben prestar asistencia de todo orden a sus hijos habidos dentro o fuera del matrimonio, durante su minoría de edad y en los demás casos en los que legalmente proceda. Y aunque el artículo 39 tenga la misma protección que el 47 el derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada, supuso un gran avance social para el reconocimiento de los derechos de todos.

De la misma manera que hasta hace muy poco todos aprendimos de pequeños valores culturales en los cuentos tradicionales donde la Cenicienta debe esperar a que un príncipe la rescate de su desgracia, o la Bella durmiente (el colmo de la sumisión) dormida durante años incluso esperando a que un príncipe (eso sí por supuesto también de noble cuna y nada de un Hidalgo cualquiera de tres al cuarto sino un auténtico heredero a la corona) la despierte.

El insulto utiliza para sus campos semánticos a la sexualidad, a los progenitores, a la apariencia, a las discapacidades físicas y mentales, a las minorías que se consideran marginales y con las que la sociedad se ceba y se recrea. Quizá sea muy atrevido por mi parte intentar cambiar la manera de agraviar al otro cuando en el “habla” se necesite pero lo que sí podemos es a nivel personal generar otros insultos y tratar de utilizarlos sustituyendo los clásicos para así socializar en valores, al menos a niños y a extranjeros, para que algún día desaparezca de nuestro vocabulario definitivamente la denigración que supone para cualquier madre, mujer o prostituta que alguien se acuerde de ella en esos términos.

La riqueza de nuestro idioma nos lleva a una ingeniosa forma de crear insultos de manera automática, simplemente eligiendo la tercera persona de singular del presente de indicativo de un verbo y un sustantivo detrás al que se adhiere formando dos palabras en una. Así es como se crearon los ya míticos “abrazafarolas”, “correveydiles”, “chupacuartos”, etcétera. Y es una bonita y a la par original forma de crear con ingenio un insulto para la ocasión sin tener que acudir a la sexualidad, ni a denigrar colectivos minoritarios y malconsiderados marginales.

Por supuesto que todos tenemos la libertad de elegir nuestros insultos con las limitaciones del código penal, eso sí, que considera que “Hijo de puta” puede ser delito o falta dependiendo de lo que interprete el Juez. Pero también tenemos la obligación de conocer o cuando menos que seamos conscientes de toda la carga social y cultural que conlleva seguir insultando a quien no debemos.

Cuaderno de Chema
De la serie, "La curiosidad hizo sabio al gato".


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Recogida de castañas

  • Dicen que las investigaciones producen sus efectos y que antes o después aparecen los resultados. Dicen que los árboles no se plantan, ni se cuidan solos y que después con paciencia recogen sus frutos.




Es precisamente como los castañicultores esperan hasta recoger kilos y kilos del ansiado rendimiento que tantos usos alimenticios posee puesto que se puede comer cruda, asada, hacerla pasta, harina, pastel, y hay hasta licor e incluso miel de castañas.

A pesar de que los resultados palpables de las investigaciones de la Justicia lleguen tarde, muy tarde; cuando aparecen nos aportan un hálito de esperanza. De confiar en la diosa de la venda en los ojos y que antes, o después, muchos que se lo merecen morderán el polvo que se genera entre las rejas.


Y no me refiero a los “robagallinas” a los que parece ser estuvo básicamente dedicado tanto la Ley de Enjuiciamiento Criminal como los Códigos Penales que ha habido desde sus comienzos. Tampoco me refiero a cualquier ciudadano que por alguna situación kafkiana más o menos imprevista acabe en algún proceso ingresando en prisión, sino a los que han campado a sus anchas con tarjeta o gasto de representación adueñándose a gran escala de lo ajeno con total impunidad.



Cuando los poderes fácticos se confabulan desde la sombra, durante años y años, para que el peso de la Ley caiga sobre el que roba para comer y no sobre el que nos roba a todos para que no comamos ninguno... Cuando aumentan un 24% los millonarios (considerados los propietarios de más de unos 39 millones de euros) sólo en el último año y tarde en bajar el paro poco más de un 1% desde 2011 a 2014. Supone que pase quien pase por el poder no cambia el statu quo de los de arriba y mucho menos de los cada vez más “fuera del sistema”...
Cuando tenemos que acudir a nuestros vecinos europeos del norte para que obliguen a nuestros gobernantes a ejecutar lo que ellos no se atreven (como tantas y tantas sentencias de David contra Goliath frente a la triada capitolina de Constructores-Políticos-Bancarios)... Cuando los del sur nos piden ayuda a gritos en forma de intentos masivos de entrada... Cuando los de al lado se han quedado sin nada y lo único que nos importa es no acabar como ellos... 


Lo que parece funcionar es el trabajo lento e impasible de la hormiga que trabaja para la Justicia.


Más de diez veces la Tierra dando una vuelta completa al sol, desde que empezó a instruirse el caso Fabra en la Comunidad Valenciana y, que si no llega el indulto va a acabar con el presunto (hasta que no haya sentencia firme sigue siendo presunto) culpable en la cárcel. Tantos y tantos casos de corrupción ya era hora de que llegara la recogida de las castañas. Que parece… por fin va a llegar. Porque hasta ahora ¿Cuántos señoritos y señoritas han sido condenados por altos casos de corrupción? ¿Y de éstos, cuántos han entrado de forma real en la cárcel? Muy pocos en comparación con los sucesos acaecidos.


Y es que, aunque “castaña” sea una palabra bastante polisémica en nuestro lenguaje, va desde, recibir un cachete, cogerse una borrachera, hasta darse un leñazo como un piano, o ser una persona tremendamente aburrida. Pues bien, tantos y tantos consejeros de las entonces Cajas de Ahorros y Monte de Piedad, que han dilapidado con la ayuda y aquiescencia de los políticos profesionales que los pusieron en sus cargos, los ahorros de millones y millones de personas bien pueden recibir el apelativo de “castañas” y ahora en este tiempo llega su recogida.


Con mucho tesón y con una falta de medios y de sueldo acordes a los resultados que acaecen a la sociedad entera. Pues el resultado de su labor ahorra muchísimos millones a las arcas públicas y privadas. Y sin embargo, nadie parece darse cuenta, ni valorar, ni aportar en los presupuestos las partidas necesarias para modernizar y dotar de pleno significado a cuantos luchan por acabar con la corrupción y las soflamas de las que tanto adolece la sociedad. Ya lo decían en The Wire, la serie televisiva de culto norteamericana, hay que seguir el rastro del dinero y ver donde acaba…


Sin embargo, tanto aquí como allí, se enfrentan a un sinfín de trabas, que sortean entre decisiones políticas y zascandiles recolocados a dedo para meter palos entre las ruedas, es muy difícil que el carro de Ben-hur pueda ni siquiera acabar la carrera. Pero en ocasiones acaba socavando desde dentro un gran árbol de la familia de las fagáceas. De tronco ancho, copa espesa, color verde intenso, y por fruto una nuez parda, escondida en un estuche con pinchos, del que se saca un fruto blanco que durante largas y numerosas generaciones (si hacemos caso a las palabras de Estrabón más de 2000 años) se ha recogido de forma tradicional por este tiempo. Verde y blanco como Bankia, negro como sus tarjetas y ojalá preferentistas y ahorradores puedan recuperar parte de lo “amasado”, de lo conquistado “al hurgue”, de lo afanado sin reparo.


Eso sí, ese fruto siempre cuando se come deja un regusto amargo si comes poco y si comes mucho un largo ardor de estómago. Y es que las castañas, aparte de difíciles de coger directamente del árbol (o con las manos en la masa), también les ocurre que al igual que le pasaba al caballo de Atila por donde pisaba no volvía a crecer la hierba, pues aquí salvo que llegue algún Goirogolzarri de turno, ocurre lo mismo.


Entre finales de octubre y primeros de noviembre hay muchos lugares de la península donde se recogen castañas. Fiestas con solera, magostus, castañadas, recogidas y asadas se celebran juntándose ante una lumbre y compartiendo historias, música o esa cultura popular que tanto posee de cultura y que tan poco valorada es a veces por los repeinados de trajes caros y coches de empresa, por los súbditos del dinero ajeno, por aquellos que siguen haciéndonos creer que son casos puntuales y excepciones que confirman la regla de la honradez de la política y sus relaciones con la banca y la empresa. ¡Sigamos con la tradición recogiendo castañas!


Mientras no se haga responsable a los partidos políticos, como responsables subsidiarios de las decisiones tomadas por algunos de sus miembros y tengan que acarrear multas y resarcimientos a los estafados por semejantes robos y tropelías con patrimonio de los propios partidos políticos y por supuesto de sus responsables e incluso de sus militantes si procediera...


Mientras no se pongan medios reales para combatir semejantes casos, ni inspectores suficientes, ni medios humanos y materiales para destaponar la justicia, en vez de marear la perdiz con debates más morales que éticos, que nos dividan de manera diametralmente opuesta, para mantener abobados a los ciudadanos-corderos de forma interesada para aumentar la polémica y dejar a un lado estos verdaderos problemas endémicos de nuestra Administración de Justicia, no se pondrá remedio.


Mientras el Notario Mayor del Reino no sea de forma verdadera y auténtica el Defensor del Pueblo (o a éste se le tenga atado de pies y manos), habrá que convertir en héroes y reconocer semejante gesta (casi tan grande como la del Cid para entendernos) a aquellos que se juegan su vida sin llegar a mil euros al mes para ver tantas y tantas carpetas apiladas de situaciones humanas que esperan a que se dirima su caso.


Tendremos que escuchar cada día como se ríen en nuestra cara de “ciudadanos” puesto que ya no pueden llamarnos “súbditos” aunque en algunas cuestiones poco ha cambiado desde aquellas situaciones que generaron e inspiraron la Marsellesa el himno de nuestros gabachos vecinos. Aquella marcha desde Marsella hasta París en 1789 para luchar contra los privilegios de unos pocos que amasaban grandes fortunas y no permitían apenas una comida caliente a los hijos de los demás, puesto que en el coto de los ciervos sólo podía cazar la familia real o sus consentidos. Entonces consiguieron que se acabara con los “súbditos”, sin embargo, hoy pocos son los “ciudadanos” honrados y muchas las castañas que esperan en los árboles a ser recogidas.


Cuaderno de Chema
De la serie, "La curiosidad hizo sabio al gato".


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En estos días en los que vivir es un arte…



En estos días en los que vivir es un arte como cantaban los "Celtas Cortos" nos damos cuenta cómo, casi siempre, que todo cambia para que nada cambie demasiado. Vivir nunca ha sido fácil.



Miles de personas se suicidan cada día con toda la sociedad, casi al completo, dándoles la espalda. En los últimos 45 años las tasas de suicidio han aumentado en un 60% a nivel mundial. Casi un millón al año. Una muerte cada 40 segundos. Y los intentos de suicidio son 20 veces más . Y precisamente es con los que sobreviven a estos últimos con los que se puede interactuar. Pero por no dedicar los suficientes medios y presupuestos para reducir ese gran problema e ignorándolo, no nos damos cuenta que nos afecta a todos y que cada día va en aumento en todo el mundo.

Con el resto de la población ocurre desde tiempos inmemoriales un carroñeo para poder sobrevivir, cuando nuestros “tatata… rabuelos” robaban algún despojo a las hienas para hacerse con algo de carne fresca allá por el Pleistoceno. La situación actual de “crisis” que domina el mundo globalizado y buena parte del emergente con hileras de personas rebuscando en los contenedores-estercoleros lo ha modernizado. Convertido en “carroñeo urbano” y es a otras hienas que se alimentan del soma que los “mass media” ofrecen, a las que se hurga en sus basuras. 

También se ha pasado por épocas de gloria y alabanza hacia unos pocos dirigentes en los que residían las mejores condiciones de vida, pero sin embargo quienes no pertenecían a esas élites su modus vivendi resultaba de lo más duro. Como se puede achacar a cualquier Imperio, cacique o dictador que haya habido en la Historia. 

Ha sido precisamente en esas épocas, intermedias entre Imperios, esos cambios convulsos cuando ha surgido y resurgido la bandera de la mejora de las condiciones del pueblo, aunque fuera “todo para el pueblo, y en nombre del pueblo, pero sin el pueblo” como ocurría en los tiempos de la Ilustración. 

Más bien se convertía en ese dicho popular que escuché muchas veces de los labios de mi abuela diciendo: “Come con el guarda, vive con el guarda, duerme con el guarda… y cuando puedas líbrate del guarda”. Así se crearon a sí mismos, y por desgracia siguen surgiendo cada día, muchos dirigentes que endiosados a ojos de los pueblos, por sus propios sistemas de propaganda y de represión; siguen subyugando a una mayoría que simplemente pretende salir adelante con lo que buenamente puede. 

No hay que mirar a otro tiempo. Al de las postguerras y “el hambre”, los “Tiempos de Silencio”, los “Santos Inocentes”, las “Colmenas” y los “Pascual Duarte”. Siguen vigentes viviéndose hoy en día y en muchas partes del mundo y en tu propia esquina y sino, observa un contenedor durante horas, te sorprenderás de cuantas personas se acercan a husmearlo. Aunque no se hable de ello, no dejan de existir por eso, dichas situaciones. 

Quizá si nos atenemos a las estadísticas y a la historia económica llegaríamos al sorprendente resultado siguiente: “Nunca se ha vivido tan bien como en este momento” como comentaba en sus escritos el economista austríaco Ludwig Von Mises hace no tantos años. Pero por paradójico que resulte no podemos contentarnos con dar el visto bueno a estas reflexiones para caer en los postulados de Milton Freeman y por seductores o lógicos que nos parezcan sus teorías dejar de denunciar que podían ser mejores aún y desde hace ya mucho tiempo, no para todos pero sí para quien más lo necesita a costa de quien ahora más lo disfruta.

No es un alarde de optimismo, o una defensa de los planteamientos políticos, y mucho menos de su aplicación práctica socio-económica de quien actualmente ostenta el poder, sino que nos estaríamos refiriendo a lo largo de toda la Historia en qué momento se han dado las condiciones mejores para el mayor número de personas de todas las dadas hasta ahora. 

Aunque por supuesto en determinadas regiones, como la Europa actual más la periférica sur sí cabe, no sea el mejor ejemplo. Por otro lado la percepción de la sociedad de esta situación no tiene por qué encajar con la situación práctica de lo comentado. De hecho ahora mismo, salvo por unos pocos se percibe todo lo contrario (cuando quizás quienes defienden eso han vivido mejor hace algunos años).

Dejando a un lado la nostalgia con los argumentos de “cualquier tiempo pasado fue mejor” y, teniendo en cuenta que la mayor parte de los individuos del mundo actual la situación no es precisamente la más aconsejable. Personalmente pienso que debería ser mucho mejor y conseguir una mejor redistribución de la riqueza. Los modelos no deben apuntar a países ricos y países pobres, sino a mejorar las condiciones de la mayor parte de individuos que habiten cualquier país.

Esta torre de marfil en la que nos quieren hacer vivir y creer la mayoría de los políticos. Como si fuera una realidad utópica a la que llegaremos algún día si se cumplieran a rajatabla sus programas electorales. Cuando en realidad se trata de un futuro distópico cada vez más cercano y cada vez más difícil del que evadirse.

Existen modelos buenos o malos (y algunos son criminales), pero quizá haya que poner el énfasis en sus aplicaciones, en su praxeología, si se prefiere en la realidad de lo que acontece tras unos años de práctica. Cada partido político emula una serie de ideas apriorísticas en las que confía como fe ciega. Como Dios de su religión. Ensalzando su propio pasado, metiendo bajo la alfombra a sus peores dirigentes y a sus episodios de ruina. 

Y resulta que si todos fuésemos hormigas o abejas sacrificados en pos de la causa común, dejándonos la piel en nuestro cometido, llegaríamos a la conclusión de que lo bueno o lo malo ya no es tanto el modelo, sino que siempre el peso y las peores condiciones recaen en las hormigas obreras, en las abejas soldado en las exploradoras que mueren a cientos cada día empotradas en los parabrisas de los cristales de nuestros coches. Por desgracia hoy apenas se habla de la siniestralidad laboral como problema, cuando sigue estando ahí y es muy relevante. Y que unos pocos representantes, con cientos de privilegios son los zánganos que gozan realmente de las mejores condiciones de la vida. Y a los que ni siquiera se puede investigar… como debiera.

Hace pocos años recordaba alguna entrevista en la que le preguntaban a Jordi Pujol por el desprestigio de la política y él aludía a Aristóteles cuando hablaba del Zoón Politikón y lo traducía como que el ser humano era un “animal político” y la política debía de ser ensalzada. Humildemente creo que Aristóteles no se refería a eso, sino a que el ser humano es “un animal de la Polis (o ciudad-estado de la Grecia Clásica) a medio camino entre los animales y los dioses”. Lo que no decía Pujol es que el propio Aristóteles postulaba que nunca existiría una Democracia sin esclavos que pudieran ocuparse de las labores más denigrantes o duras de una sociedad. Está claro que el ex-presidente de Cataluña, quien hasta que un juez diga lo contrario sigue manteniendo intacto su derecho a la presunción de inocencia; y Aristóteles se equivocaban.

Estoy de acuerdo en que la política de los políticos anónimos con cuentas corrientes necesitadas, aquellos que se desviven por mejorar las condiciones de todos y que creen realmente que lo que hacen sirve a la mayoría y no a ellos mismos o a los intereses de sus partidos, deberían ser ensalzados y encumbrados. Y no expulsados y acallados, como demuestra la práctica. Pero es culpa de todos cuando no salimos a la calle para defenderlo con uñas y dientes, en vez de hacerlo para defender una identidad o cuando desciende un equipo de fútbol.

La autocrítica de los partidos debería hacer hincapié en quién y por qué lo ha hecho mal dentro de los suyos en el pasado para mejorar la aplicación de su modelo. Empezando por explicarnos realmente qué están haciendo para acabar con la corrupción cada uno de sus filas. Y no en defender epistemológicamente un modelo, que como cualquier otro se basa en axiomas que hay que dar por válidos y por lo tanto siempre tendremos que aceptar algo por bueno para poder construir lo siguiente. 

Los modelos se acaban convirtiendo en tautologías, cortinas de humo para enriquecer a los de su cuerda, subterfugio de corrupciones cada vez más frecuentes independientemente de los partidos o de sus ideologías; sino mejoran la renta per cápita de los miembros de las distintas comunidades que conforman la sociedad y no sólo de los propietarios de los amarres de los puertos deportivos más caros en un país con más de 6000 kilómetros de costa no sirven. Sea el modelo ideológico que sea.

Mientras haya un grueso de la sociedad que mire hacia otro lado, seguirán aumentando los suicidios, los niños-esclavos trabajando horas y horas, seguirán las mujeres vendidas como esclavas sexuales, seguirán las industrias armamentísticas y los artículos de lujo enriqueciendo cada vez más a unas pocas familias… seguirá aumentando el paro, seguirán los recortes, seguirán el culto a las personalidades… seguirá cambiando todo para que nada cambie demasiado. 

En estos tiempos en los que vivir es un arte y en pocos años han subido todos los impuestos, menos el de la compra-venta del propio Arte que ha bajado, acabaremos viendo en un museo ya no “La fuente” (el inodoro) de Marcel Duchamp sino grupos enteros de personas que antes eran considerados clase media y qué, para poder comer y refugiarse bajo techo, tendrán que acudir cada día a ese museo para trabajar interpretando el papel de estatuas humanas y haciendo de ellos mismos en el pasado. “Alcántaras” de otro tiempo para poder sobrevivir en estos días en los que vivir es un arte.


Datos de la OMS publicados en agosto de 2012, publicados en who.int


Cuaderno de Chema
De la serie, "La curiosidad hizo sabio al gato".


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Cuaderno de Chema García


Su formación como arqueólogo-prehistoriador le llevó a formar parte de los equipos de investigación en relación con la excavación y estudio de yacimientos arqueológicos tan significativos como el Monasterio de Yuste (Cuacos de Yuste, Cáceres), la Cueva de la Garma (Omoño-Cantabria), la Cueva de las Caldas (Priorio-Asturias),  Fressignes (Argenton-sur-Creuse, Francia), Castanheiro do Vento (Vila Nova de Foz Coa, Portugal) o más recientemente en Cueva Guantes (Santibañez de Arriba, Palencia) donde coexistieron muy probablemente Neandertales y Sapiens.


 
La curiosidad hizo sabio al gato
Una serie para Curiosón

En estos días en los que vivir es un arte
Recogida de castañas
Insultamos a quien no debemos
Carta al desuso, al olvido, a mi cercana muerte
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La Frase
  • Un exagüe culpable 
Otras entradas de Chema en este blog
  • Curiosón, una palabra que no existe  | "Curiosón invitado"
  • Comillas histórico,  | "Curiosón viajero".

Publicación de artículos científicos y reseñas:
  • "Útiles prehistóricos. Forma, función y uso” de Calvo Trias, 2003. Revista Zephyrus. USAL. 
  • “La explotación de recursos en el Cantábrico en el Pleistoceno Superior: Líneas interpretativas en Paleoeconomía”. (VV AA). Actas del 1er Congreso de Estudiantes de Prehistoria, 2003. URV.
  • “Procedimientos de análisis y experimentación: una aproximación a las secuencias de aprovechamiento y consumo en el Paleolítico”. (VV AA). Actas de la XI Reunión Nacional de Cuaternario, 2003. UO. 
  • “Cultural Identity in the Roman Empire” de Laurence Ray y Berry Joan, 2004.  Revista Studia Histórica, Historia Antigua. USAL.

Prólogos y Textos
Ha sido prologuista de 
  • Compendio de Relatos (2012) de José Carlos López Martín, Editorial Gram ( y autor de su contraportada).
  • Microhistorias surrealistas nacidas en la realidad (2013) del artista y diseñador gráfico Chema Barragán, Rayajos en el aire, el libro. 

Poemas:
  • "Sangre y letras de arena" Letras en el Sahara, poemario (2011) Editorial Gram.
  • "Mi voz pide tu música", Revista Entropía (2011) Editorial Gram.
  • "Estos días azules y este rojo sol de la infancia", 150 Poemas homenaje a Antonio Machado (2014) Editorial Artgerust.

Relatos cortos
  • Las cuatro valientes mujeres, Revista Entropía (2013) Editorial Gram.

Premios y menciones
  • Finalista del Premio al mejor relato publicado en 2011 de la Revista Entropía .
  • Finalista en el I Concurso de Poesía Artgerust. Homenaje a Antonio Machado (2014).

J.M. (Chema) García actualmente es Auxiliar Administrativo y escritor amateur.
Creador y administrador de la bitácora “Varlania. Tierra de leyenda” donde da salida a su vena más creativa, tocando de alguna u otra forma, casi todos los géneros.

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