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Castro Izaguirre (y VII)


Por Ignacio Mª Zangitu Castro

CAPÍTULO VII
Último y fallido intento


En la nochevieja de 1938, con su barco reparado y listo para el combate, Juan Antonio se dispuso una vez más a la pelea.
La escuadra republicana seguía bloqueada en Cartagena y el "José Luis Díez" parecía estar destinado a continuar  su lucha en solitario contra toda la flota nacional.
Las autoridades gibraltareñas estipulaban que todo barco anclado en puerto debía de mantener constantemente una luz de señalización que al mismo tiempo servía para que los buques nacionales que patrullaban el Estrecho conocieran sus posiciones. Una vez más, haciendo gala de su audacia e ingenio, nuestro hombre deja una boya con una luz conectada a una batería y silenciosamente enfiló su barco fuera de puerto.
Arrimado a la costa, bordeó Punta Europa y a toda máquina enfiló hacia mar abierto. Pero todo fue inútil. El "José Luis Díez" se había convertido en un símbolo de la marina republicana y los mandos franquistas no estaban dispuestos a dejarle escapar. Todos sus movimientos habían sido espiados desde varios puntos de la Roca y una vez que el barco se puso a toda máquina las potentes llamaradas que expulsaba por su chimenea delataron su posición.
Repentinamente, el "José Luis Díez" se encontró rodeado por los buques "Júpiter", "Saturno", "Neptuno", "Calvo Sotelo", el dragaminas "Vulcano" y dos lanchas torpederas. Todos ellos enfocaron con potentes reflectores al destructor y abrieron fuego sobre él.
La batalla que se inició a 10 millas de La Roca fue tan feroz como desigual. El destructor arremetió contra el "Vulcano" rasgando su estructura y dejándolo fuera de combate. El "Calvo Sotelo" abordó al "José Luis Díez", produciéndose a sí mismo averías en la alimentación de vapor, lo que le hizo encallar en la Bahía del Catalán.
Sin munición con la que continuar la lucha, con varios muertos y numerosos heridos a bordo y con serios desperfectos en toda su estructura, el "José Luis Díez" arribó de nuevo a Gibraltar, donde su comandante entregó el barco a las autoridades locales.
El "José Luis Díez" fue de nuevo reparado con cargo al gobierno franquista y remolcado al puerto de Algeciras el 25 de Marzo de 1939.
Su timón fue colocado como efímero trofeo de guerra en el despacho del Cónsul español en Gibraltar. Con la guerra perdida, pero pletórico de fama y honores, Juan Antonio Castro Izaguirre se refugió en Gran Bretaña.
Pero eso ya es otra historia.
  • Epílogo
Lamentablemente, muy poco he podido encontrar sobre su vida después de que huyera de Gibraltar. Hay un suelto en IBS que le coloca al mando de un barco torpedero, a la caza de submarinos alemanes en el Mar del Norte pero sin dar más detalles. Posteriormente se enroló en la armada francesa, la cual andaba muy escasa de mandos, y allí participó en las operaciones navales del Mediterráneo. De esto tampoco he encontrado datos fiables.
Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, Juan Antonio Castro Izaguirre, fue condecorado por el Presidente de la República Francesa, Charles de Gaulle, y después de diversos destinos en la Armada, fue promovido al puesto de Comandante del Puerto de Toulón.

Fuentes de Información:
Archivo Diocesano de Guipuzkoa
Asturias Republicana
Círculo Naval Español
Enciclopedia Auñamendi
Euskonews & Media
IBS Partner (Gibraltar)
Museo del Ejército
Nautigalia
Portal de la Historia
Registro Civil de Tolosa
Tolosako Udal Artxiboa

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Castro Izaguirre (VI)



Por Ignacio Mª Zangitu Castro

CAPÍTULO VI
Escapada hacia el Mediterráneo

A mediados de Agosto de 1938, Juan Antonio decidió que ya era hora de intentar llegar a Cartagena para integrarse a la flota republicana bloqueada en este puerto del Mediterráneo. Dado que su barco era un modelo fusilado de una popular serie de destructores ingleses, decidió camuflarlo con las marcas del H.M.S. Grenville (D-19), para así intentar llegar al Mediterráneo sin ser molestado por la flota franquista.

Después de cruzar el Cantábrico y bordear la costa portuguesa, llegó al estrecho de Gibraltar el día 27 de Agosto. Para entonces los servicios de información del bando nacional ya habían informado de su llegada y el destructor "Velasco" junto con dos barcos auxiliares le estaban esperando.

El "Velasco" envió señales conminando al capitán Castro Izaguirre para que se rindiera y cambiara su curso hacia el puerto de Ceuta, respondiendo éste con toda su artillería y hundiendo a los dos barcos acompañantes del Velasco. Dado el mayor poderío y velocidad del "José Luis Díez", el "Velasco" hubiera seguido la misma suerte que sus acompañantes, pero entonces apareció en liza el mostruoso "Canarias" que disparando desde gran distancia sus poderosas baterías alcanzó de lleno al destructor republicano.

Un disparo estalló sobre la cubierta y el otro sobre la línea de flotación, dejando al "José Luis Díez" sin energía eléctrica ni comunicación por radio.

El destructor enfiló hacia Gibraltar a toda máquina, consiguiendo entrar a puerto en un estado lamentable, con un boquete de 8 pies de circunferencia en la línea de flotación. Este boquete fue tapado con un encerado para que los espías españoles que iban a trabajar a La Roca no pasaran información alguna sobre el estado del barco.

Imagen:
Foro por la memoria



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Castro Izaguirre (V)













Por Ignacio Mª Zangitu Castro
CAPÍTULO IV
Cambio de barco

A su llegada al Puerto de Musel el "Ciscar" fue fondeado con el fin de serle efectuadas varias reparaciones con tan mala suerte que el día 20 de Octubre de 1937 fue bombardeado y hundido por los aviones alemanes Heinkel He 111, los mismos que participaron en el bombardeo de Gernika y otras poblaciones. A la toma de Asturias por los franquistas, el "Ciscar" fue reflotado y reparado permaneciendo en servicio hasta 1957.

A Juan Antonio le había sido confiado unos meses antes, el mando del "José Luis Díez". Su capitán y parte de la oficialidad habían desertado  en el último viaje a Francia. Poco imaginaba nuestro hombre que esta circunstancia iba a ser la causante de su salto a la fama en la prensa de la época.

La Guerra del Cantábrico tocaba a su fin y la superioridad de la flota franquista era abrumadora. El frente asturiano se debilitaba por momentos.
Nuevamente hacían falta los servicios de un barco rápido y escurridizo para poner a salvo a cientos de personas comprometidas con la República.


Numerosos viajes llenos de peligros jalonaron los últimos días previos a la ocupación de Asturias. La flor y nata de los mandos republicanos fueron salvados gracias a la velocidad del José Luis Díez y a la pericia de su capitán. Finalmente, el 21 de Octubre de 1937 finaliza la evacuación y tanto el "José Luis Díez" que se refugió en "El Havre", como el resto de los grupos participantes en la misma quedaron anclados en puertos franceses.

La mayoría de los mandos y tripulantes de las embarcaciones de todo tipo que habían participado en tan masiva evacuación, pasaron de Francia a Barcelona con el fin de seguir participando en la guerra, pero la intención de Juan Antonio no pasaba por ello. Su concepto de "este es mi barco y yo no lo abandono" lo tenía muy claro. Con una tripulación dispuesta a seguirle hasta donde fuera, hizo oídos sordos a los recados que recibió  por parte de ambos bandos. Por el bando franquista cantos de sirena invitándole a que se quedara con su barco a cambio del perdón y consiguientes honores. Y por parte de sus superiores para que se presentara en Cartagena donde estaba concentrada la flota republicana con escasez de mandos. "Sin mi barco no soy nada. Arribaré a Cartagena con él, o nos iremos los dos a pique".

Pero eso es ya otro capítulo.


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Castro Izaguirre (IV)


Por Ignacio Mª Zangitu Castro

CAPÍTULO IV
Con la flota vasca


A principios de 1937 el Gobierno Vasco, después de haber fortificado los enclaves costeros y previniendo un fuerte bloque al puerto de Bilbao, estaba artillando su flota pesquera, principalmente los barcos grandes de pesca de altura así como algunos mercantes requisados al efecto. Con el fin de reforzar esta improvisada flota, el Gobierno Republicano decidió enviar en su ayuda los dos destructores rápidos, el "Ciscar" y el "José Luis Díez".

La labor principal de ambos barcos fue la de dar escolta a los numerosos convoyes de suministro que procedentes de Inglaterra arribaban a Bilbao. Estos suministros, bien en forma de comestibles, materias primas o armamento eran fundamentales para la defensa de Bilbao y sus frentes.

Las labores de escolta se centraban en las 50 millas que comprendían la llegada a puerto desde las aguas internacionales. Los intercambios de fuego artillero eran frecuentes entre los dos destructores, la flota auxiliar, que así se llamaba, y el "Almirante Cervera" el cual con su superior potencia de tiro hundía con cierta frecuencia los barcos de suminitro.

Juan Antonio no dejaba de notar cada vez menos entusiasmo entre los mandos de ambos barcos, estos con sus mentes afines al mando rebelde, las misiones de ambos buques cada vez se hacían más chapuceras. Así fue como el día 21 de mayo del 37 el Ciscar abordó sospechosamente en el Abra al submarino D-18 provocando su inmediato hundimiento. Otro caso similar había protagonizado el "José Luis Díez" un mes antes, al derribar supuestamente por error al aviador lider de la avición republicana Felipe del Río, el cual con solamente 21 años ya había derribado siete aparatos enemigos.

Como consecuencia de estas desgraciadas actuaciones, el 31 de mayo fuerzas de la policía y del ejército vasco asaltan en El Abra a ambos buques deteniendo a sus mandos y tripulantes que fueron sustituídos por mandos y marineros vascos. La excepción fue nuestro protagonista que libre de toda sospecha fue promovido a comandante del Ciscar. Tenía 26 años y seis meses de antigüedad en el empleo de Alférez de Fragata.

La situación en el Golfo de Bizkaia comenzó a dar un brusco cambio a finales de primavera. Al almirante Cervera se le había unido el poderoso crucero Canarias, la bestia negra de la marina nacional. Este enorme buque botado el 28 de mayo de 1931, con sus 200 metros de eslora, 8 piezas de artillería de 203 milímetros y otras 8 de 120 milímetros, amén de sus ametralladoras, lanzatorpedos y otros ingenios bélicos, se había desplazado desde el mar mediterráneo con el fin de intervenir en la caída del frente vasco. Con sus 13000 toneladas de desplazamiento y más de 1000 tripulantes, enfrentarse a este barco era una misión suicida.

En esta tesitura el "Ciscar" y el "José Luis Díez" comenzaron una nueva misión consistente en evacuar de Bilbao a Francia a las personas que con el enemigo a las puertas, tenían que expatriarse si querían salvar sus vidas. Cargos políticos, militares y sindicales, se tuvieron que valer de estos buques y de otros de la Marina Auxiliar para ponerse a salvo.

Al regreso de una de estas misiones y a pocas fechas de la ocupación de Bilbao por las tropas franquistas, el "canarias" sorprende a los dos destructores a la altura del cabo Matxitxako, comienza a disparar sus salvas a 20 kilómetros pero tiene que alejarse al recibir cumplida contestación desde las baterías costeras de Punta Lucero. Sin otra opción, los dos destructores pusieron rumbo a su base de orígen en el Musel.

Todas las unidades de la Flota Auxiliar que pudieron hacerlo, también evacuaron hacia Santander o Asturias.

La Guerra en el golfo de Bizkaia había terminado.



Próximo capítulo
Cambio de barco
Imagen: 
El José Luis Díez, en Usuaris

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Castro Izaguirre (III)



Por Ignacio Mª Zangitu Castro

CAPÍTULO II
La guerra en el Cantábrico


Juan Antonio recibió la orden de presentarse en Gijón donde estaba concentrada la flota republicana del Cantábrico. A su llegada, enseguida captó un ambiente un tanto cargado. Con la base de El Ferrol declarada adicta al levantamiento militar, el gobierno de la República desconfiaba de los mandos navales estacionados en Gijón. De hecho ya se habían producido graves incidentes entre la marinería adictos a la República y sus mandos, partidarios en su mayoría de sumarse al levantamiento. Varios mandos habían sido tirados por la borda de sus barcos y el ambiente estaba en una situación de tensión e incertidumbre.

De hecho, la mayor parte de la flota había quedado en manos republicanas, pero la citada desconfianza de las autoridades republicanas sobre la posible reacción de sus mandos, mantenía a la flota inmovilizada.
A poco de su llegada a Gijón, arribó al puerto el destructor Ciscar, recién botado en los astilleros de Cartagena y pendiente aún de varios detalles de terminado, principalmente de la instalación artillera. Con el despacho de Alférez de Fragata adjudicado con un año de antelación, Juan Antonio fue asignado a la oficialidad de este crucero.

Tanto el Ciscar como su hermano el "José Luis Díez", eran unos destructores de 100 metros de eslora que alcanzaban los 36 nudos, poderosamente armados y dotados de una tripulación de 350 hombres.

En el otoño del 36 el crucero "Almirante Cervera" con base en "El Ferrol", acompañado de otras unidades menores en manos de los sublevados, había cañoneado Donosti propiciando su rápida ocupación por las fuerzas de tierra franquistas. Este buque botado en "El Ferrol" en 1925 tenía 175 metros de eslora, 7475 toneladas de desplazamiento y una tripulación de 600 hombres. Este barco iba a ser otro de los contrincantes del protagonista de nuestra historia.


Próximo capítulo
Con la flota vasca
Imagen:
Vida Marítima

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Castro Izaguirre (II)

Juan Antonio Castro Izaguirre, nació en Tolosa en 1911. Su pasión por los temas marinos le llevó a elegir la profesión de Marino de Guerra. En el censo de Tolosa de 1934 ya figura en su ficha la profesión de Guardamarina. Mientras Juan Antonio realizaba sus aventuras bélicas, su familia se refugió en Donibane hasta que en 1940 regresó a Tolosa. No hay ninguna constancia de que Juan Antonio volviera nunca más a Tolosa, aunque en el archivo parroquial figura que en 1945 se casó en Bayona con una tolosana, posiblemente su novia de antes de la contienda.

Por Ignacio Mª Zangitu Castro

CAPÍTULO II
Verano del 36


Este verano nuestro protagonista cumplía su cuarto año como asíduo visitante a Deba. Desde su ingreso en la Escuela Naval siempre había preferido pasar la mayor parte de sus vacaciones en la Estación de los Ferrocarriles Vascos de Deba, es decir, la "casa del Tío Tomás", el primo carnal de su padre y único habitante, junto con su familia en la casa-estación.


El advenimiento de la República no había supuesto ningún retroceso en la actividad veraniega de la costa guipuzkoana, los antiguos aristócratas mantenían sus casas en Donostia y Zarautz ahora acompañados por vecinos de la nueva clase dirigente, cada uno en sus parcelas dejando para septiembre sus debates en el Congreso.


Deba seguía en su papel de paso obligado hacia la Corte, aunque éste ya no existía. El tren, o lo que es lo mismo, la estación, era el lugar donde se reunían personajes de la época que contando con la amistad del Jefe Tomás, aparecía de vez en cuando para platicar y disfrutar de su amena compañía. Tengo registrada en mi memoria la anécdota de que una noche de verano de 1934, fue denunciada a la Guardia Civil de Deba la presencia en el puente de tres individuos que, a las cuatro de la madrugada, estaban cantando en mitad del puente impidiendo el sueño a los vecinos y visitantes de Deba. Efectuadas las correspondientes identificaciones, los alborotadores resultaron ser Jaime Castro Richard, factor de la estación e hijo de la misma; Juan Antonio Izaguirre, guardamarina y sobrino del mencionado jefe de estación y Manuel Fleta, famoso tenor aragonés, al que le gustaba visitar Deba y a su paisano, el jefe de la estación.

Otro asíduo visitante era el gran pintor Ignacio Zuloaga, en honor a su amistad con don Tomás le pintó una preciosa miniatura vestido con el uniforme de jefe de estación. Yo recuerdo haber visto el cuadrito ovalado con la firma del autor, pero después de tantos años la pista se perdió y ya no creo que vuelva a aparecer.

Creo que me estoy desviando del tema principal y no quiero hacerlo. Trataba de explicar que nuestro protagonista, a pesar de que tenía opciones para pasar sus vacaciones en Donosti o Zarautz, prefería pasarlas en Deba, sin protocolos y más acorde con su forma sencilla de ver la sociedad.
Qué poco imaginaba Juan Antonio que aquel sábado 18 de Julio de 1936 iba a cambiarle totalmente su vida, la de él y la de millones de españoles.

Después de haber pasado la mañana en la playa, junto con su primo Jaime, provistos de sus clásicos bañadores de tirantes al gusto de la época, habían asombrado ambos al personal femenino con sus hazañas natatorias y después de haberse tomado sus Martinis con aceitunas en el Casino, se encaminaron hacia la estación. Allí las malas noticias les estaban esperando.

Efectivamente, nada más llegar observaron en el semblante de don Tomás que algo malo estaba ocurriendo. Encerrándose en el despacho con ambos jóvenes, les mostró un telegrama de su primo Luis donde requería la inmediata vuelta a casa de su hijo Juan Antonio. El telegrama no explicaba nada más, pero don Tomás les comentó que la dirección del ferrocarril le había comunicado algo sobre un levantamient militar en África.

Con la incredulidad propia de su juventud comentaron durante la comida la faena que suponía perderse el baile del Casino de este sábado por la noche e intentaron observar en la actitud de don Tomás algún detalle que apoyara su forma de pensar, pero el hombre, o estaba bien informado, o era un pesimista nato, les dijo que la cosa no estaba para bailes.

Sin tiempo de tomar el café, un coche oficial llegó a la estación para conducir a Juan Antonio a su casa.
Ya no volvió a ver Deba más que desde el puente de un barco de guerra.


Próximo capítulo
La Guerra en el Cantábrico

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Castro Izaguirre (I)

Esta semblanza que iremos subiendo a "Curiosón" todos los lunes de los dos próximos meses, fue publicada por Ignacio Mª Zangitu Castro (recientemente fallecido) en "Deba" una pequeña revista de Guipuzcoa,  resultado del largo invierno de 2004 que nuestro amigo se pasó recopilando datos de aquí y de allá, tocando puertas y más puertas, buscando información, al mismo tiempo que exprimía "mi ya un tanto decadente memoria", hace unos días mencionado en el diario vasco "Deia".
Zanguitu se remonta hasta los tiempos de su niñez, cuando ni siquiera se disponía en los hogares de un modesto aparato de radio que amenizara un tanto las tertulias familiares en las largas tardes-noches de invierno. Aquellas sobremesas después de cenar a las ocho, haciendo tiempo para que llegara la hora de acostarse, eran la gran asignatura para almacenar en la memoria cuentos, leyendas y también hechos verídicos que son a la larga una parte fundamental de nuestra historia.

Así fue como, de tanto escuchar a mi madre, sobre las aventuras de su primo José Antonio, éstas me quedaron tan grabadas que, ahora, 60 años después, son el soporte de esta semblanza.
Como en todos los relatos épicos, nunca sabremos dónde termina la historia y donde comienza la leyenda. Eso queda a jucio del lector.

Bilbao, Semana Santa de 2005


Ignacio Mª Zangitu Castro

CAPÍTULO 1
El protagonista


Juan Antonio Castro Izaguirre, nació en Tolosa un martes de 26 de Junio de 1911. Hijo de don Luis Castro Casal, abogado, natural de Logroño y de doña Timotea Izaguirre Izaguirre natural de Tolosa. Don Luis fue cofundador del Centro Republicano de Tolosa, sito en la Plaza de Euskal Herria y ostentó durante la República los cargos de Gobernador Civil de Bizkaia y por dos veces el de Diputado General de Guipuzkoa.

Consta que Juan Antonio tuvo varios hermanos pero no hay datos sobre ellos. Lo que sí está claro es que su pasión por los temas marinos le llevó a elegir la profesión de Marino de Guerra. En el censo de Tolosa de 1934 ya figura en su ficha la profesión de Guardamarina. Mientras Juan Antonio realizaba sus aventuras bélicas, su familia se refugió en Donibane hasta que en 1940 regresó a Tolosa. No hay ninguna constancia de que Juan Antonio volviera nunca más a Tolosa, aunque en el archivo parroquial figura que en 1945 se casó en Bayona con una tolosana, posiblemente su novia de antes de la contienda.



Imagen: Euskomedia
Próximo capítulo: Verano del 36

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