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Agradecimientos y saludos

"Premio Iberoamericano a la Excelencia Educativa 2004", conjuntamente con un "Doctorado Honoris Causa en Educación" por su trayectoria, al escritor y Profesor Manuel Lozano.

Queridos amigos:

Una alta preeminencia de luz y felicidad guiaron mi viaje a Perú, viaje realizado con motivo de la obtención del Premio a la Excelencia Educativa 2004 y el Doctorado Honoris Causa, otorgados por el Consejo Iberoamericano de Educación.

La Ceremonia de Premiación, que prácticamente ocupó todo el día 16 y que se prolongara por espacio de casi 12 horas, me permitió conocer a una gama amplísima de educadores y pensadores de todo el mundo (había casi 1000 invitados especiales, entre ellos la educadora más antigua del mundo, con sus espléndidos 100 años y 75 de docencia ininterrumpida), con los que debatimos, fervorosos, los más variados temas que atañen a nuestra cultura. Al fin y al cabo, como rescaté en mi discurso de recepción de los Premios, "La Cultura es lo que separa a fin de reunir: separa del inmediato orden fáctico semihumano para reunirse (reunirnos) en el orden en que se cumple lo humano" (Héctor Alvarez Murena, "El Nombre Secreto", 1970.) Este discurso de recepción, será prontamente editado por diferentes publicaciones impresas y por la red.

Fueron días de hallazgos y sorpresas permanentes. En esta preeminencia de la luz está, también, el hecho de haber conocido a los excelentes escritores Leo Zelada, Miguel Ildefonso, y Héctor Ñaupari Belupú, quienes -fieles a la palabra que organiza la fiesta de este mundo- me esperaban con un afectuoso, inteligente y emotivo recibimiento en el "Centro Cultural Antares", de Miraflores, el mismo día de mi llegada a Lima.

Leo Zelada, impulsado a sangre y fuego contra las mediocridades de tanto pseudo-apócrifo-círculo literario, ha emprendido la titánica tarea de compilar lo más representativo del estadio poético de Iberoamérica en su novísima "Antología Hispanoamericana de Poesía", que, en lo que va del año, ha sumado ya su cuarta edición. Tengo, a mi vez, el honor de haber sido publicado en esas cuatro ediciones.

No olvidaré nunca el fervor de la gente (que interrumpía las lecturas con no disimulados y acariciantes aplausos, participando activamente), nuestras incesantes conversaciones hechas de presencias para el deslumbramiento: guardianas esfinges que nos miran con asombro sacratísimo, Blanca Varela de bendecidos puertos de sangre, la voz circular de Emilio Wesphalen por ínsulas extrañas, y los tatuajes en fuga de los cuerpos (estoy parafraseando un poema personal) llevándonos desde Deleuze a Octave Mirbau.

En la última conferencia y lectura de mis libros Mansión Artaud, Bizancio bajo las aguas, y La noche desnuda de rostro ciego (acaecida en el "Centro Cultural La Noche", ya en pleno casco histórico de Lima, a metros de la modernista y neoclásica Plaza San Martín), tuve el privilegio de conocer al no menos excelente poeta Gerson Paredes Groz, autor de "Kódigos de sangre", investigador y redescubridor de la inquietante "Ciudad Mística de Pachacutec", docente de la Universidad Nacional de San Marcos, con quien me reencontrara y sumergiera por la sed de los palimpsestos, por todo vértigo y temblor que es la escritura.

Estos fueron días en que un nuevo mundo sentó en mí nuevas piedras de fundación. "El poeta se demora contemplando las piedras", escribió Giorgos Seferis. La piedra es desdoblada alegoría de lo que está por venir. Perú me poseyó con esa savia, con ese mosto, con una poesía que es, sin lugar a dudas, una de las más hondas y nutrientes de nuestra América.

¿Fue "la Cena que recrea y enamora", de San Juan de la Cruz, estupenda metáfora de toda poiésis? Sí, sin lugar a dudas. Son, también, un puente de fuego: inconfundible. Gracias, queridos amigos, por los cientos de mensajes enviados desde los más remotos sitios del mundo, gracias -nuevamente- a los hermanos de Perú por todo el amor y la hospitalidad que me brindaron.

Manuel Lozano, 27 de abril de 2004

Potsdata: Por archivos adjuntos, les acerco una de las noticias aparecida en el diario "La Razón" de Lima, uno de los más importantes de aquella ciudad, que da cuenta de la primera de mis conferencias, y algunas fotos de la premiación (junto al Dr. Aldo Néstor Lozano Rodolfi, Secretario de nuestra Fundación FIED, y con el Lic. Willy Manuel Hidalgo Rojas, Presidente del Consejo Iberoamericano, luego de recibir las condecoraciones.)










Cuaderno de Manuel Lozano en nuestra revista Pernía
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A veces nos ocurre

A veces nos ocurre
que vamos por la calle
mirando los vestidos
de cosas con zapatos,
liando la tramoya
del circo del cerebro,
siguiendo la garrucha
del trole del tranvía,
leyendo las portadas
de pésimos poemas...
El viejo - ya sin prisa -,
el necio que vocea,
el niño que se emboba
mirando golosinas...

A veces nos ocurre,
-ya digo-, nos ocurre
que vamos por la calle;
a veces nos ocurre
que, sin salir de casa,
tiramos del cerebro,
cerramos la ventana
y vemos ese film
del mundo de la calle:
La nalga por el Metro,
el guardia con su pito,
el ruido de la moto,
que llega por la esquina...

Todo lo vemos, todo,
y sin salir de casa.

Antonio Matea Calderón


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Una ventana a la vida

Vivir es a veces difícil, doloroso. Sentimos que la cuesta se nos hace cada vez más costosa de subir. Y esa terrible sensación de que cuando algo nos sale mal, luego llega algo peor y más tarde otra cosa más y nos embadurnamos en la desazón de sentir que nuestra vida se ha convertido en un cúmulo de desastres, uno tras otro, y con los que no tenemos mucho que ver. No hemos hecho nada para merecer semejante sucesión de castigos. “Que se corte la mala racha”, pensamos una y otra vez tratando de imaginar porqué la vida se ha ensañado así con nosotros. A esto se agrega la tendencia de mirar a nuestro alrededor. ¿Y qué vemos? Si intentásemos ser imparciales veríamos gente en nuestra situación, otros en una mejor, aquellos que lo pasan muy bien como si vivieran en otro mundo (y que no siempre tiene que ver con las posesiones materiales o el dinero) y algunos que están aún peor que nosotros. Sí, peor. Aunque parezca mentira, siempre habrá alguien que estará peor que nosotros aunque no lo podamos creer. 


Rudy Spillman

Nunca llegaremos a figurar en el “Libro de Records de Guinness” por ser nosotros la persona que peor lo pasa en el mundo. Pero nuestra tendencia melodramática nos dejará ver solamente a aquellos que están mejor que nosotros. Incluso a los que son felices. Y ello nos sumergirá en un pozo todavía más profundo. “Somos los únicos y más grandes desgraciados”, nos diremos a nosotros mismos. No podemos advertir en aquel momento cuanto nos equivocamos y quizás inconscientemente tampoco deseemos hacerlo. De todas maneras duele, lloramos, nos deprimimos, nos angustiamos. Incluso por momentos quedamos paralizados por la maligna idea de que no importa lo que hagamos, de todas maneras todo irá cada vez peor. Lloramos, lloramos, lloramos. Pero nuestras penas no terminan de lavarse. La sucesión de inconvenientes, de situaciones no deseadas continúa. Pero el tormento debe cesar. Dicen que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo (y mente, diría yo) que lo resista”.
Entonces pareciera que en algún momento descubrimos que si las desgracias en el afuera no cesarán al menos debemos lograr que cesen las de nuestro interior, pues de esa manera es imposible continuar viviendo toda la vida.

En el momento que cada uno de nosotros lo deseemos de verdad, en medio de tanta oscuridad podremos producir el milagro de ver aparecer una ventana que se nos abre a una infinita sucesión de posibilidades representadas por el intenso brillo de un haz luminoso que sabrá traer a nuestras vidas la paz y el amor que deseamos, la felicidad que merecemos. La ventana será nuestra mente, la luz nuestros pensamientos. Así, la oscuridad y negrura que rodea nuestras vidas de pronto se hará tan clara que nos dará la sensación de estar viviendo dentro de un Sol propio que nos cobija y nos proteje ofreciéndonos su calor sin quemarnos. A partir de entonces descubriremos que nuestra ventana pende del aire permaneciendo siempre abierta y cerrada a la misma vez. En ese preciso momento advertiremos la inmensa fogosidad del tiempo. Lo efímera e inquieta que es cada fracción de segundo. Que tanto lo que nos place como lo que aborrecemos habrá quedado en el pasado apenas con un chasquido de nuestros dedos.

De pronto, cuando nos decidamos a crear esta realidad para nosotros, como por arte de magia podremos observar el milagro de que en nuestro entorno, en el exterior, las cosas también cambian. La oscuridad se desvanece, todo se aclara. Lo que fallaba empieza a salir bien. Todo comienza a ir sobre ruedas. Se ha producido el milagro. Pero sólo cuando advirtamos que no se trata de un milagro sino de algo que siempre ha estado allí a nuestra disposición y lo único que teníamos que hacer era tomarlo, recién entonces nuestra ventana quedará abierta por siempre sin posibilidad de volverse a cerrar y nuestra oscuridad… quedará reducida a la del descanso cotidiano, aquella que aparece detrás de nuestros párpados cuando hemos decidido visitar nuestros sueños.


* Miembro de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana (AIELC).
* Miembro de Escritores Club (Agrupación de Escritores Independientes de Habla Hispana).
* Asesor de la Academia Filosófica Hebrea "Sinaí".


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Una mujer en el orígen


Sus exhaustivos estudios les llevaron a creer que el origen común de todas las razas se encuentran en una mujer que existió hace 200.000 años en algún lugar del Continente africano.



Manoli García Gil


No sé si fue un filósofo el que dijo que "Ser hombre es ser mucho" (supongo que refiriéndose al género humano), y yo añado que ser mujer no es ser menos que ser hombre.

La mujer sigue aquí, ocupando una parte del suelo terrestre y buscando con el mismo ahínco de siempre el lugar que le corresponde. Madre del ser humano, por excelencia, raiz de una desmesurada humanidad... porque a esa conclusión han llegado un grupo de científicos de la Universidad de Berkeley (California). Sus exhaustivos estudios les llevaron a creer que el origen común de todas las razas se encuentran en una mujer que existió hace 200.000 años en algún lugar del Continente africano. Según los biólogos M.Storeking, Rebeca, Cann y Allan Wilson, esa teoría tiene un sólido fundamento. Textualmente declararon a la prensa:
"Se tiene referencias de un grupo de humanoides entre los que pudo figurar una mujer, que fue el origen de todas las razas".
El resultado del análisis de genes especiales en células de 147 parejas  de los más grandes grupos étnicos de los cinco Continentes así lo demostró. Esa nueva teoría no contradice en modo alguno la religiosa y tampoco la Científica, que intentan explicar la aparición de la vida en nuestro Planeta.
El biólogo Wilson destacó la importancia del descubrimiento de mitochondria, un gen especial encontrado únicamente en la estructura celular de las mujeres. Ese gen estaba ausente en la totalidad de los varones de todas las razas examinadas.
Con mitochondria o sin ella, la mujer está demostrando que es algo más que la madre de la humanidad. Tanto la mujer joven como la anciana, el ama de casa o la intelectual, saben cumplir a la perfección el papel que desean asumir en nuestra sociedad.

@Número 33 de Pernía, dedicado a la mujer escritora, 1988, Edita y Dirige: Froilán de Lózar.

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Un herrero en la Universidad


Lo que vamos a escuchar de Jesús Juez -fijáos qué nombre- va a ser una lección singular, una lección atípica; es decir, no va a ser la típica lección y, sin embargo, va a ser una lección magistral, el tipo de lección que los que tenemos por oficio darlas, o por obligación tomarlas, debiéramos estar siempre dispuestos a recibir. En este caso será la lección de quien supo hacer con los metales, y de los metales, lo que en cada momento necesitó, y lo hizo superando con talento, con intuición, con tesón, con humildad, lo que acaso le faltara de medios y de conocimiento básico.

Cuando yo se la escuché en una memorable sobremesa, gozando de su hospitalidad en la entrañable y hermosa Cervera del Río Pisuerga, pensé que había escuchado cosas que eran metalúrgica y humanamente, demasiado interesantes para ser el único beneficiario, y me propuse hacer lo necesario para, venciendo su modestia, preparar este encuentro. Por otra parte, la cosa ha sido fácil porque en la sección de Metalurgia de la ANQUE y en el Departamento de la Facultad hay sensibilidad para estos temas y, gracias a ello, aquí tenemos al Sr. Juez que, en esta ocasión, más que a dictar sentencia, viene a dar testimonio.

Jesús, me gustaría que repitiera ante estos buenos amigos, lo que me contó en aquella conversación con la misma naturalidad que lo hizo aquel día; que recordara en voz alta sus vivencias "fraguadas" en Arbejal dando formal hierro y carácter al acero.

Los metales no deben ni pueden renunciar a su historia y, desde esa perspectiva histórica, debemos ver en los herreros rurales, mientras queden -y que sea por muchos años- los descendientes, por la vía del arte de los metales, de aquellos Magos de Oriente que forjaron herramientas para labrar las piedras del Templo de Salomón o lo surcos en la tierra prometida; náufragos en el mar hostil de una civilización pedante que sabe, pero no entiende, no siente.

Estos amigos, Jesús, somos sus compañeros de oficio, pero menos diestros. Estudiamos para saber el por qué de lo que usted sabe hacer como ninguno. Estamos dispuestos a meditar sobre nuestra vanidad, ante su ejemplar sencillez y la noticia de su habilidad con el hierro. De las pocas cosas que sabemos bien quiero destacarle una: sabemos que algunos estamos en la Universidad porque hombres como usted y como Eusebio -nuestro querido Eusebio- han aceptado, pacientes, su destino, y nos dan cada día, sin proponérselo, con envidiable señorío, la gran lección de trabajar a gusto. Tenía ganas de decir ésto precisamente aquí, como homenaje a ustedes, a los Jesuses y a los Eusebios que a diario hacen tanto, tan bien, y de manera tan inteligente; desde forjar un hacha o una azuela y darlas el temple debido, hasta tallar con ellas una viga de roble o una almadreña, o dejarlas un momento para dar una batida al lobo, una mano al jabalí o al corzo, o catar una colmena.

Queridos amigos, si entendiésemos lo que Jesús nos diga, situándonos en su momento y en su mundo, y fuese verdad nuestro conocimiento de los metales desde otra perspectiva que la de este cabal herrero, estaríamos en trance de encontrar la conjunción de dos menesteres recíprocamente necesarios, conjunción que vengo viendo buscar sin demasiado convencimiento, desde que uso de la razón científica, aunque de cuya necesidad hablaba así Reamur hace ya más de doscientos cincuenta años.

"Qué nuevos perfeccionamientos no se hubieran producido si los estudiosos que hubiesen adquirido conocimiento y experiencia en las varias partes de las ciencias naturales se hubieran tomado la molestia de examinar y razonar los ingeniosos trabajos desarrollados por el hombre adiestrado en su taller. De esta manera, ellos mismos apreciarían las necesidades del oficio, las limitaciones que han tenido retrasado al artesano, las dificultades que han obstruido su camino y la ayuda que se pueden prestar mutuamente los oficios, todo lo cual raras veces está en condiciones de percibir el propio trabajador, al que sí se le pondría en situación de hacer nuevos y útiles descubrimientos. Al mismo tiempo, podrían aprender de él qué parte de la teoría debe cultivarse con más interés, con objeto de explicar mejor los aspectos prácticos, y cómo enunciar ciertas reglas útiles en relación con las delicadas operaciones que dependen, hasta ahora, de la intuición de un hombre hábil, cuyo éxito es demasiadas veces incierto".

Está claro que las naciones que entendieron ese discurso, y supieron desarrollarle, han encontrado el provecho propio e ilustrado al mundo en el capo tecnológico. Ciertamente entre ellas no está España.

No fue fácil convencer a Jesús Juez para que viniera a contarnos su vida en la herrería, en la fragua, a enseñarnos cómo hacía con sus propias manos, guiadas por su cabeza y por la experiencia del maestro. Espero que nos lo cuente todo, todo lo que dé de sí este rato, no estamos en la competencia. Confío en que cuando llegue el momento de hablar del rito del tratamiento térmico no nos diga como su maestro a los contertulios de la fragua: "salios, que voy a templar". No le obedeceríamos; en la Universidad se ha perdido la buena costumbre de echar de clase a quien no merece estar en ella.

Jesús, tome usted la palabra que me corresponde darle en nombre de todos; sabe usted con cuánto afecto y emoción lo hago; y acepte también nuestro agradecimiento por haber accedido a nuestro deseo de escucharle.

Entrevista a Jesús Juez para la sección "Protagonistas" en el Norte de Castilla" por Froilán de Lózar





Felipe Calvo, humanista palentino. 
Ensayos y escritos en "Curiosón".

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El favor denegado

¿Me puedes hacer un favor? Lee este artículo detenidamente hasta el final. Si no lo haces, no vuelvas más por aquí. Te retiro mi amistad para siempre.


Rudy Spillman



Sé que quienes me conocen estarán pensando que en estos precisos momentos escribo desde mi internación en algún instituto neuropsiquiátrico por haberme vuelto loco. Pero no, esto no es así. Todavía no.
De este pequeño conjunto de frases con el que comienzo el post se pueden aprender varias cosas. La principal de ellas consiste en las constantes contradicciones en las que incurrimos los humanos y de las que pareciera que no deseamos salir.

He traído estas cuatro primeras oraciones con las que comienzo mi escrito a los efectos de que analicemos juntos su contenido:

Empiezo pidiendo de ustedes un favor pero luego de inmediato los amenazo con una represalia en caso de no ser satisfecho en mi pedido. En realidad, lo que yo llamo "favor" es una "exigencia". Un favor es un pedido de prestación de servicio o entrega de algo material o no y puesto a consideración del eventual benefactor teniendo en cuenta la posibilidad de una respuesta tanto afirmativa como negativa. Si sólo aceptamos la primera no estaremos pidiendo un favor sino exigiendo algo en nombre de una amistad, relación familiar, favor brindado por nosotros con anterioridad, o cualquier otra excusa. En el caso específico de que el pedido se sustente en un favor hecho por nosotros con anterioridad y en nombre del cual a título de reproche realizamos el reclamo quedará en ese momento al descubierto que el tan mentado favor que creemos haber desinteresadamente realizado no era en nuestro inconsciente más que un "trueque" a futuro: "Yo te hago el favor hoy, pero tú quedas en deuda conmigo para mañana". Esta actitud no reviste ningún tipo de favor. Más se parece a una transacción comercial.

Bueno, aunque se me pueda acusar de no haberme apurado demasiado en aclararlo diré que todo parecido del texto al comienzo de esta nota, con la realidad es pura coincidencia. Siempre he sido y continúo siendo respetuoso de la libertad de cada uno a hacer lo que le plazca. Y me alegro de que así sea. Y de que cada vez que alguien me niega un favor me invada la seguridad de que por algún motivo que no necesito conocer, no ha podido hacérmelo. Es mucho mejor y seguramente más cierto que comenzar con esas acostumbradas cavilaciones que nos llevan a suponer que por algún vil motivo no ha querido hacérmelo. Y nuestro hasta ayer amigo de pronto se vea convertido sin razón, en enemigo.

De esa manera es como muchas veces vamos envenenando nuestro corazón con pensamientos que crean sentimientos en nosotros que no hacen más que ayudarnos a vivir una vida cada vez más miserable. Y lo más triste es que pensamos que han sido provocadas por los demás cuando en realidad siempre se originan en nosotros mismos.


* Miembro de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana (AIELC).
* Miembro de Escritores Club (Agrupación de Escritores Independientes de Habla Hispana).
* Asesor de la Academia Filosófica Hebrea "Sinaí".


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El mejor establo del mundo

Quien llega allí inadvertido esperando encontrar el refugio que promete desde lejos el magnífico edificio, se da de bruces con una barra americana para vacas, y experimenta tan aflicción, tal indignación, que hace inútil el buen propósito de denunciar el hecho utilizando el recurso del humor, por mucha gracia que, en principio, le haga a uno encontrarse a una vaca acostada en lo que pudieran ser suites de la segunda planta o rumiando el aperitivo en el lounge mientras el ternero lame el mostrador, o se rasca en un marco, o se asoma curioso a una canalización de aire acondicionado que a él, hecho al cierzo, le hace estornudar.

 
Felipe Calvo
Palencia, 1978

La vaca es un animal que me cae particularmente bien. A las razones obvias puedo añadir que, durante el verano y ocasionalmente en el invierno, las tengo en Polentinos muy cerca de mis sentidos y de mis sentimientos. Por eso, por lo que respecta a las vacas, registro con complacencia que la Excma. Diputación Provincial -según creo- las está permitiendo -es de suponer que en usufructo- el uso y el abuso de lo que, estoy seguro es, por esa libertad de la Excma. Corporación, el mejor establo del mundo. Y si no, que lo digan las vacas de la cabaña de Brañosera. Porque ¿en qué establo del mundo se puede tumbar una vaca -quien dice una dice veinte- en la barra de un lujoso Bar, o se puede asomar a terrazas ajardinadas colgadas sobre el valle que, además, ofrece pasto jugoso y abundante?¿en qué establo del mundo se le permitiría expulsar de su recinto a embestidas, al hombre intruso, reservándose para sí el derecho de admisión? ¿en qué establo del mundo dispone de tantas privacidad en segundas plantas con maderas nobles y vidrios dobles? ¿en qué establo del mundo podría hacerse del cuerpo en todo, sin la subsiguiente molestia de la operación de limpieza por parte de los bípedos? ¿en qué establo del mundo gozan su congéneres de accesos y servicios generales pensados para los, así llamados, seres inteligentes de las sociedades avanzadas? y, por último, ¿en qué establo del mundo puede hacer todo esto, y mucho más, sin que la toque una teta nadie más que su simpático ternerillo? Pues en ninguno más que en el Establo- Refugio de El Golobar, un alarde de buen gusto, mal calculado y, por lo que más quisiéramos no haber visto, peor gestionado, cuyo estado actual sí me alegra por mi simpatía a la vaca, me averguenza como palentino y, con perdón de los autónomos, como español.


Me había propuesto tratar este asunto por la vía del humor, pero no cabe el humor; es demasiado esperpéntico. En aquel paraje impresionante, al que se llega por una carretera labrada en la roca, una roca de varios kilómetros que ofrece a ambos lados hermosos brezos y sabrosos arándanos, en aquel paraje -digo- alguien, no sé quién, trató de hacer un refugio de montaña para hombres cuando, por lo visto, lo que allí se necesitaba era un redil y una cabaña. Quien llega allí inadvertido esperando encontrar el refugio que promete desde lejos el magnífico edificio, se da de bruces con una barra americana para vacas, y experimenta tan aflicción, tal indignación, que hace inútil el buen propósito de denunciar el hecho utilizando el recurso del humor, por mucha gracia que, en principio, le haga a uno encontrarse a una vaca acostada en lo que pudieran ser suites de la segunda planta o rumiando el aperitivo en el lounge mientras el ternero lame el mostrador, o se rasca en un marco, o se asoma curioso a una canalización de aire acondicionado que a él, hecho al cierzo, le hace estornudar.

Escribo, insisto, sin saber de quién es aquello, ni me importa. Estaría igualmente ofendido en el caso improbable de que un particular se hubiera dado el mal gusto, y se hubiera arruinado, en esta increíble trasmutación refugio-establo. Pero mucho me temo que sean organismos e instituciones de las llamadas públicas, los responsables de aquella indescriptible demasía. Id y ved para creer, palentinos; pasar por Brañosera bien vale este disgusto. Y, cuando lo veais, decidme si ya que no cabe el humor ante aquel panteón de millones, ante tamaño monumento a la despreocupación, ante tan gran desprecio al contribuyente, tampoco van a caber responsabilidades. Porque, si así fuera, si nadie fuese a responder al grito de condena que aquello arranca, cuando el próximo otoño subamos a saludar al viento recien hecho, a envolvernos de nubes que ruedan por la Sierra de Hijar, estrecharé la pezuña de la vaca y dejaré que me lama la mano su ternero, los únicos semovientes no responsables. Tan así lo creo que les llevaré un saco de hierba que este año ha sido buena la cosecha en Polentinos y no faltará quien me ceda unos canastos para el invierno de todos los animales del refugio.

Hace un mes que vengo retrasando el escribir lo escrito. Creía que el tiempo y la ocasión templarían esta invocación a la autoridad, moderarían la forma, suavizarían la condena... pero no ha sido así. Lo siento. No espero más; va como está. Quiero que los responsables -ya vereis como sale a relucir Fuenteovejuna- tengan tiempo de enmendalla: detener el vandálico despojo, reconstruir lo destruído, y darlo cometido reparando así el agravio social del abandono.

Si resultase que aquello no es de nadie, que nadie sabe para qué y cómo se hizo, que el asunto está tan complicado que lo mejor que puede hacerse es echárselo a las vacas, pues entonces, palentinos, apuntémonos a ternerillos para que no nos echen a cornadas de un refugio donde la única raza que cabría con razón sería la tudanca.






Felipe Calvo, humanista palentino. 
Ensayos y escritos en "Curiosón".

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Nadie tiene la culpa por nada

Si deseamos ahondar en un segundo nivel, podríamos aseverar sin temor a equivocarnos, que no existe un mortal en pie que pueda ser culpado por algo.

Rudy Spillman




Se entiende que viviendo en sociedades civilizadas no podremos dejar correr este principio. Esto significaría la anarquía total y absoluta. Todo depende del nivel de comprensión en el que nos encontremos. O nos queramos encontrar. Vivimos en una sociedad en que las leyes nos obligan a hacernos responsables por nuestros actos (incluyendo nuestros dichos como una forma más de actuar). Esto parece ser lo lógico, aunque exista cada vez más gente intentando evitarlo, como así también, endilgando sus errores en otros o adjudicándose aciertos que no les pertenecen. Las normas en cualquier sociedad vienen a poner orden instaurando principios de justicia y equidad basadas en la lógica según es entendida por la mayoría en el lugar geográfico y tiempo cronológico en que nos encontremos. Éste es un primer nivel de comprensión y por lo visto, el único viable y aplicable.
Si deseamos ahondar en un segundo nivel, podríamos aseverar sin temor a equivocarnos, que no existe un mortal en pie que pueda ser culpado por algo.

Sin embargo aquí nos referimos a una culpa que no puede ser tocada ni por las leyes de los hombres ni por la moral. Proviene de la ley física de causa-efecto y no carga con tilde moral o ético alguno.

El famoso actor Will Smith declaró en su oportunidad, con palabras similares, que Hitler había actuado convencido de que hacía lo correcto. Sus declaraciones causaron conmoción en el mundo periodístico. El actor estaba en lo cierto. Pero nadie se molestó en interpretar correctamente sus palabras.

En un primer nivel de comprensión y que corresponde al buen y normal desarrollo de nuestra vida terrenal, Hitler continúa siendo el mismo monstruo de siempre, responsable de una de las atrocidades más espeluznantes en la historia de los genocidios y pasible de las penas más severas.

En un segundo nivel, "profundizando", lo que no significa "justificando", todo hecho tiene su explicación (lo cual no significa que hubiera una razón para que sucediera), como todo acto humano la tiene también.
Siento en este momento la impotencia propia de quien ha tocado un tema que fácilmente podría llenar estanterías y continuaría siendo insuficiente. Siento la invalidez propia del tullido que desea avanzar aun sin piernas.
Los dejo con una escueta síntesis del tema que he tocado en mi último libro publicado. Es otra versión de lo que por "culpa" solemos entender.

Asumir Responsabilidad sin Sentir Culpa

Un fenómeno muy común entre nosotros, los mortales, es el corrosivo sentimiento de culpa que solemos sentir, en especial, los que somos considerados seres "normales", en contraposición con los seres "sin escrúpulos", entre los que se cuentan muchos criminales y también a veces los que no lo son. Los psicópatas conforman otro de los grupos dentro del género humano que no cuentan con la posibilidad de desarrollar el sentimiento de culpa.

Lo anteriormente expuesto no significa que la "gente buena y normal" esté haciendo bien cuando se tortura sintiendo culpas. Es importante distinguir entre los que poseen la tendencia a sentir culpa por todo (o casi todo). Ellos se sentirán culpables por los hechos sobre los que en realidad son responsables, pero también sobre los que no lo son o les atañen a veces en forma lejanamente indirecta: Si no le hubiese permitido viajar esto no hubiese pasado, diría una madre angustiada al enterarse del accidente sufrido por su hijo, sintiendo ser la responsable directa del hecho. Estos individuos suelen disponer de grupos enteros de familiares y amigos dispuestos a convencerlos de que en realidad no han tenido responsabilidad alguna sobre lo acontecido. Y están también los que suelen sentir culpa, a veces con la misma intensidad que los anteriores, pero sólo luego de haber realizado un balance más objetivo y llegado a la conclusión de que les corresponde la culpa que sienten.

Por último, están y que no son pocos, los que "a priori" han decidido no ser culpables prácticamente de ningún hecho. Su actitud suele ser inconsciente pero sistemática, revistiendo el carácter de "misión casi imposible" el lograr convencerlos de su responsabilidad en algún hecho. Es probable que el intenso dolor propio o ajeno vivido en alguna situación de culpa experimentada en el pasado haya creado defensas por las que el individuo decida no volver a sufrir una situación emocional y afectiva similar. Aun así, no son conscientes de que lo único que resuelven, en tal caso, compete sólo al factor exterior revestido por su relación con los demás. En su fuero interno, su subconsciente alberga ese sentimiento de culpa, el que de una forma u otra molestará al individuo hasta que logre concientizarlo y lidiar con él. La sociedad los suele tildar de personas que están siempre a la defensiva. Pero dentro de ellos mismos, muy profundo, se libra una constante batalla de la que no suelen lograr defenderse con éxito.

Sin descartar el escuchar la opinión de los demás y tomarla en consideración, en última instancia, cada uno de nosotros deberá realizar un honesto examen de conciencia a la hora de indagar sobre su probable responsabilidad respecto de hechos que hayan causado algún daño o perjuicio. Pero si corresponde, y no ha sido intencional, asumir la culpa reparando en la medida de lo posible el daño causado y la predisposición a aprender una lección de vida que nos evite repetir el mismo error en un futuro, es suficiente. Los seres humanos somos imperfectos. Sentir la culpa nos causará un daño anímico agregado que en ningún caso reparará el daño causado.

El sentimiento de culpa en sí mismo es un sentimiento estéril que no lleva implícito propósito alguno que no sea la autoflagelación. Por supuesto que, como todo sentimiento, no resulta fácil de manipular a voluntad. Si existe, no se puede impedir a uno mismo el sentirlo. Pero reflexionar sobre lo dicho probablemente permita disiparlo con naturalidad y criterio, evitando así, que éste nos continúe atormentando.

* Miembro de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana (AIELC).
* Miembro de Escritores Club (Agrupación de Escritores Independientes de Habla Hispana).
* Asesor de la Academia Filosófica Hebrea "Sinaí".


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La humanidad aún paga los efectos de aquella intervención asesina en 2003

Se nos caen las lágrimas viendo a los miembros del Estado Islámico destruyendo con placer libidinoso las obras insignes de sus antepasados, los tesoros de su moribunda cultura ancestral. Bibliotecas, museos…, todo lo que da consistencia e identidad a un pueblo y coherencia a una nación es quemado, derribado, incluso demolido con arduo esfuerzo y trabajo. Imágenes sobrecogedoras de hombres armados con martillos mecánicos, mazos y picas para convertir en escombros colosales esculturas datadas en siglos anteriores a nuestra era.

Es el colofón de un país en ruinas. Un país que, a pesar del funesto dictador, era en los años noventa del siglo XX cuna de las mejores universidades del occidente asiático para ser hoy líder del analfabetismo. Una sociedad que fue organizada y estructurada, con sus instituciones y una economía bien asentada en la producción petrolífera, se convirtió en la víctima de una destrucción programada por el ánimo imperialista y vengativo de un presidente americano con la complicidad pazguata de los ingleses y el engreimiento de un Sr. Aznar, presidente del gobierno español, apoyado por la unanimidad de su Partido Popular.

            El resultado ha sido de un millón de muertos, cuatro millones de heridos y cincode refugiados; la caída del poder en manos de pequeños grupos violentos armados por los mismos imperialistas que dicen combatirlos; la destrucción total de una sociedad con identidad propia, de un país entero que ya no tiene recursos sanitarios, ni instituciones de gobierno, ni orden, ni maestros, ni relaciones exteriores; niños nacidos con malformaciones, sin vacunas y sin escuelas; familias destrozadas; integrismo, anarquía, terrorismo y desestabilización de la región medioriental. Pero…, de las armas de destrucción masiva jamás se supo, aunque en España si sufrimos una el 11M, en venganza.

            El fuego arrasando la biblioteca de Bagdad en 2003 y el saqueo del Museo Arqueológico nos dieron escalofríos, millones de tomos, miles de incunables de contenido irrecuperable, un horror para la cultura mundial. Hoy, el Palacio de Ashurnasirpal en  Nimrud, el daño no es solo para los iraquíes, la civilización mediterránea es la madre de medio mundo. Todos perdemos. Para hacer desaparecer a un pueblo basta con destruir su cultura. Iraq ya no se puede reconstruir, tendría que renacer, si le dejan las injerencias foráneas.




A vuela pluma
Historias para la prensa de Elisa Docio, ahora también en © Curiosón

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Nuestra relación con el dinero

Toma la debida distancia del dinero a los efectos de poder atribuirle su verdadero valor. Si no permites que compre tu moral o que adquiera el dominio sobre ti, si logras adjudicarle su verdadero valor como herramienta de pago de todo lo necesario y lo utilizas como elemento de estabilidad material para hacer frente a las necesidades propias y las de los tuyos, lograrás servirte de él y no que él se sirva de ti. No lo utilices para obtener poder, no dejes que engendre en ti el sentimiento de codicia. No le permitas al dinero cambiar quien tú eres y estarás colocándolo exactamente en el lugar que le corresponde.Si has logrado purificar tu amor lo suficiente, sentirás la necesidad de compartir con el prójimo necesitado, una parte de tu dinero que consideres sobrante.


Rudy Spillman.



Siempre recuerdo una anécdota de mis años en la universidad. Yo cursaba una materia llamada "Economía Política" y me entusiasmaba el dinamismo práctico y tan poco protocolar que aquel profesor de baja estatura e incipiente calvicie solía imprimir a la materia. Tampoco tenía aspecto de profesor y mucho menos la figura de quien impartiera enseñanza en una Facultad de Derecho. Aprendí mucho de él y fue una agradable experiencia. Una tarde, durante una de sus exposiciones, intentó explicar a sus alumnos, qué era lo esencial que movía al mundo desde el confín de todos los tiempos. Y debido a que un profesor en la universidad, por más chabacano que pudiese ser, no daría su explicación cantando y bailando la famosa canción de la película Cabaret, con la gran Liza Minnelli: "Money makes the World go round", optó por mirarnos a todos en forma pausada y sonriente, y explicó: "Si seres extraterrestres lograran acercarse a nuestra galaxia y rodear las inmediaciones atmosféricas de la Tierra... ¿saben ustedes, señores, que harían si vinieran con fines de conquista pacífica a nuestro planeta, luego de una corta observación secreta? El jefe estratega le hubiese comunicado al resto de los invasores: "Debemos hacernos de todos esos papelitos que hay allí abajo, trás los cuales todos corren desesperados. Una vez los tengamos en nuestro poder, los tendremos conquistados a todos los humanos".

Desde mi humilde perspectiva, he querido aportar mi grano de arena, tocando este tema tan conflictivo y que tan confundidos nos tiene desde tiempos inmemoriales, dedicándole unas líneas en mi libro: Recopilando Reflexiones ¿Hacia dónde nos dirigimos?, y que transcribo a continuación.

"...y por si eso fuera poco y por el mismo precio..." (conocida y famosa frase utilizada en la jerga de los vendedores ambulantes en la vía pública de mi ciudad natal, cuando éstos ofrecían a quien comprara su producto, otros cuatro más a título de regalo), les propongo revivir esa inolvidable canción en la voz de Liza Minnelli y el maestro de ceremonias de la película Cabaret, a través del video clip. Nos permitirá disfrutar mientras reflexionamos sobre el tema.

Nuestra Relación con el Dinero

Difícilmente exista situación más engañosa que la que expone nuestra relación con el dinero. La mayoría de nosotros creemos saber cuánto lo amamos o lo odiamos (figurativamente), pero no sabemos advertir que este sentimiento nuestro, por así decirlo, se encuentra relacionado con qué cantidad del mismo poseemos o carecemos. A veces, también tiene que ver con qué hemos obtenido del mismo, además de posesiones y/o bienestar. O qué es lo que pretendemos obtener. Resulta que quien haya interrumpido su relación con un ser querido por desavenencias económicas, quedando un vacío en su corazón; o quien haya sufrido un ataque cardíaco o cualquier otro trastorno grave de su salud como consecuencia de las peripecias económicas vividas (por dar sólo algunos de los tantos ejemplos existentes), suponemos que no manifestará hacia él gran simpatía, aun cuando reconozca su necesidad de poseerlo, como un mal necesario. Quien haya padecido profundas penurias económicas, a veces junto a sus familiares (pobreza, hambre, enfermedades, hasta llegar a veces a la muerte por falta de atención médica y/o provisión de medicamentos) creará probablemente, un lazo indestructible con el dinero que colocará a éste en primer lugar en su lista de prioridades con el único objetivo de obtener poder a través de su posesión y evitar carencias futuras.

Es también conocida la situación psicológica de alta dependencia al dinero con motivo del mal manejo o manipuleo de sentimientos como el amor, los celos, la envidia y por supuesto, la codicia, entre otros. En todos estos casos, la persona se crea la ilusoria sensación de poder satisfacerse afectivamente a través de su posesión. Aun en los casos en que dichas personas lograran relacionarse con otras que accedieran a vender sus afectos por dinero, esta actitud no dejaría de ser un error, en cuyo contexto ambas personas quedarían convertidas en víctimas de la misma trampa.

La obtención de dinero no puede nunca configurar una meta en sí misma, sino ser sólo vehículo para la obtención de ciertos objetivos. Pero dichos objetivos, como la adquisición de la casa, el automóvil o la avioneta de nuestros sueños, se descubrirán como metas ilusorias para lograr la felicidad plena, ni bien sean adquiridas.

El dinero en sí mismo no posee ningún valor intrínseco. Se trata de un trozo de papel o moneda a los que por motivos de comodidad se les adjudica un determinado valor. Es el intermediario existente entre los objetos de valor, consumo y servicios, y nosotros. Es la versión moderna y ágil del antiguo trueque.

Colocar la obtención de dinero como una meta en nuestra vida es un error que arrastra errores creándonos la ilusión de que acumulando cantidades astronómicas del mismo, seremos felices. No precisamos explicar aquí que esto no es cierto. Los resultados están allí fuera, por doquier, al alcance de todos los que deseen enterarse.


* Miembro de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana (AIELC).
* Miembro de Escritores Club (Agrupación de Escritores Independientes de Habla Hispana).
* Asesor de la Academia Filosófica Hebrea "Sinaí".


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Algunos todavía no se ha enterado de que los ciudadanos queremos cambio

El culebrón cotidiano de los pactos atrae más la atención ciudadana que los folletines lacrimógenos o la clasificación de los equipos futbolísticos. Al final de cada jornada la pregunta estrella es: cómo quedan los ayuntamientos o las comunidades autónomas pospactos, quién se ha visto con quién, en reunión secreta o anunciada, si han cerrado algún tema, y hasta cuál ha sido el menú: tortilla francesa, ensalada y pescadito, en fin, comida sana y popular, lejos de los miles de euros de las escandalosas tarjetas negras. Gestos que acercan al pueblo. Eso está bien, transparencia y cercanía. Qué bonito.


Ahora vamos con la enjundia. Para los elegidos, consiste en darse por enterados de que los ciudadanos hemos votado cambio, no solo de partido de alternancia en el gobierno, sino en el amplio campo de las formas de hacer política, para que nos escuchen a lo largo de toda la legislatura y no olviden que solo son mandatarios públicos, mano ejecutora que cumplirá con su deber consiguiendo el bienestar y la justicia para sus mandantes.

Por nuestra parte, la de las mujeres, seguimos con especial atención los avatares a que son sometidas las valientes que han irrumpido en las alturas de la política sin proceder de los talleres de manufactura de los partidos. Manuela Carmena, Mónica Oltra y Ada Colau, entre otras, están sufriendo la doble persecución, primero la de los adversarios que quieren ocupar su lugar aunque los votos les hayan sentado en la fila de atrás, y además, como siempre, una especial asechanza por ser mujeres, ya se sabe, tenemos que demostrar doble valía que el más valioso hombre.

Los nervios atacan a PP y a PSOE. En su parafernalia preelectoral se han cebado en críticas e improperios contra las formaciones nuevas, ahora toca comerse las palabras y salvar el tipo a cualquier precio; el PP dice que es de centro-centro, vamos casi de izquierdas; el PSOE se siente portador de la reserva izquierdista española, aunque bloquee de forma furibunda a Mónica Oltra en la Comunidad Valenciana. El PP, quiere a Ciudadanos por vivir, los reconoce como hijos propios, y no andan descaminados. Albert Rivera es quien peor lo tiene, no puede pactar con izquierdas porque es centro-derecha, pero si se deja fagocitar por el PP sus días están contados. Un día queda, los pulsos se aceleran, momento histórico, no me lo pierdo.





A vuela pluma
Historias para la prensa de Elisa Docio, ahora también en © Curiosón

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Agur jaunak, maestro


Felipe Calvo
Madrid, 1982


Mundaca es un prodigio de hermosura en esta mañana radiante de enero. Está así dispuesto por quien puede. Se va a dar tierra a un maestro, a un vasco ejemplar, a un español superlativo cuya vida llena se acabó en Madrid. Había elegido la tierra de este camposanto colgado sobre la ría de Guernika, abierto al viento que se hace también vasco al pasar rozando el Machichaco o la isla de Izaro y sigue su camino, ría adentro, para mecer a un roble: el árbol. En este rincón inefable, balcón al mar entre su cuna y su sepulcro, está la tierra querida por él para el reposo en la esperanza cristiana; es la vuelta al hogar definitivo de los restos, que cierran una losa grabada con sus apellidos: Bustinza Lachiondo.

Ahí tienes, Mundaka, a Don Florencio, tu vizcaíno señor. Un hombre que cumplió como nadie la obligación de ser bueno sin ser visto.

Con qué ganas se habrán quedado los antibióticos de ganar a la muerte la batalla por la vida de Don Florencio, el gran compositor de su sinfonía, de la que, al menos una vez al año, interpretaba para sus alumnos, el solo del maestro. Su pasión magistral se vaciaba sobre el aula llena, en silencio, de una juventud pasmada que, puesta en pie, ovaciona durante minutos al profesor vencido y callado por la emoción.

¡Qué privilegio el mío haber tenido en cada etapa de mi vida, desde mi cuna a mi final, el maestro cabal!. El día que se acabe esta especie humana que nos compromete con su ciencia, con su oficio, y con su ejempo a bien hacer con generosidad, con mansedumbre, con fe, la humanidad, ahíta de leyes para el desgobierno, ayuna de educación, vacía de fe, llena de soberbia, acabará consigo.

En la lección del maestro no importa tanto la ciencia o el oficio como la conciencia, que es lo que transciende y se derrama por el prójimo siempre amado. En el caso de Don Florencio, era el recuerdo oportuno para los que sufren, su esperanza en los valores espirituales sin patria, su delicadeza, su honestidad, las calidades del "vir bonus".

Don Florencio se hizo tierra mientras los pagos de su Mundaka repetían el "Agur jaunak", para él tan querido. El sol no pudo con nuestro escalofrío. El mar de Viacaya que conoce bien este "agur" robusto que nos deja mudos de emoción, lo repetirá por nosotros, por todos sus discípulos. Dichoso este adiós a lo muertos que se quedan con los vivos, mientras su cuerpo espera en esta orilla. Un himno viril, rotundo, dicho en la lengua de ultratumba, cantada con la serenidad de una fe profunda.

Al coro se han unido una legión de voces y, forzando a gusto su garganta, han dicho en vasco el adiós de España a su maestro. Estos discípulos, Don Florencio, harán suyas las palabras de Scott con las que usted se despidió de sir Alexander Fleming:
"Nunca durante el curso de mi vida encontré a un hombre que me inspirase mayor admiración y afecto que usted. Sin embargo, nunca pude demostrarle lo mucho que su amistad significaba para mí, porque usted tenía mucho que dar y yo nada para corresponderle".
Su cuerpo ha llenado la vacante para su identidad y su amor filial en el panteón del camposanto de Mundaka. Quiera Dios seguir creando hombres de su condición y de su talla, y déjennos las leyes de la tierra seguir haciendo discípulos para vacantes de Elpidios, de Emilios, de Florencios. Porque aún es válido el sentido del texto en las "Partidas del Rey Sabio": "Discípulo deve ser antes el escolar que quiera aver honra de maestro".

Agur jaunak, maestro.





Felipe Calvo, humanista palentino. 
Ensayos y escritos en "Curiosón".

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Anarquía asolapada

El cinismo humano nos lleva a presenciar la lucha de los "buenos" por defender las democracias del Mundo en aras de que los pueblos puedan mantener sus legítimos derechos de decidir sus propios destinos, cuando la Humanidad toda se encuentra a expensas de las decisiones de unos pocos.
Cuando nuestro éxito dependa de la aplicación de violencia, el fracaso de nuestra empresa por haber renunciado a ella, nos proveerá el mayor de nuestros éxitos: la paz espiritual que nos brinda el amor, el que se purificará más con cada renunciamiento que practiquemos por tales motivos.


Rudy Spillman


Vivimos tiempos en que se nos hace cada vez más necesario expresarnos, diciendo con todas las palabras lo que sentimos y pensamos. Retrotraigámonos un tiempo en la historia. ¿Dónde están los "San Martín" de los países sudamericanos, los "Lincoln" de los E.U.A., los "Gandhi" de la India, los "Ben Gurión" de Israel? Y así podríamos continuar indefinidamente nombrando gentes, países, situaciones... remembranzas de un pasado no tan lejano. Pero que ha quedado atrás. Nos abraza cada vez con más fuerza, la sensación de que esos tiempos no volverán.

La tierra se ha podrido. Ya no crece nada sano y pareciera a veces, que no quedase lo qué cultivar en ella.
No hablamos aquí de política. Los personajes históricos mencionados son personas y los personajes de historieta de hoy día intentan serlo. La política la hacen las personas y sólo a ellas me refiero.

Dos palabras que nos han acompañado durante largos años de historia, hoy subsisten tan solo en nuestro vocabulario y nuestra memoria: interés común. Un mal que no reconoce fronteras se ha apoderado de nosotros. Amenaza con extenderse como una plaga hasta abarcarlo todo.

La inusitada expresión de la violencia con sus llamativos matices es sólo un síntoma del germen que nos ataca.

Debiéramos saber unirnos amén de los límites territoriales. Debiéramos saber recordar las sabias palabras de Jean-Jacques Rousseau, en su libro El Contrato Social: "El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado". Debiéramos poder advertir finalmente, que sólo cediendo de nuestras libertades individuales podremos recuperar como un todo, atesorando bienestar y seguridad.

Sepamos matar el germen y habremos eliminado la enfermedad.

Transcribo a continuación, y a propósito del precedente artículo, un fragmento extraído de mi libro: "Recopilando Reflexiones ¿Hacia dónde nos dirigimos?"

La Violencia

Es sabido que desde hace millones de años el hombre viene evolucionando como todos los seres vivos. Difícil resulta precisar cual es el momento exacto en que el germen de la violencia se instala con las características propias que lo hace en la especie. Es probable que sea con la aparición del homo sapiens, cuyo cerebro muestra características definitivamente diferenciales. Tanto el hombre de Cromagnon como el de Nederthal desarrollan la habilidad de producir fuego, mejoran notablemente la fabricación de herramientas inicialmente utilizadas para la caza, reuniéndose en grupos que encuentran la forma de comunicarse, aun sin idioma pero sí a través de ideas abstractas. No es éste el espacio adecuado donde analizar los motivos por los cuales la violencia se instala en el ser humano con parámetros de crueldad que exceden todo lo imaginable. Pero pensemos que no existe ser vivo aparte del hombre, capaz de ejercer su agresividad hasta el punto de torturar y disfrutar observando el daño causado a sus congéneres.

Pero aun así, hasta hace 20 o 30 años, la violencia en el hombre no había llegado a los niveles de intensidad y proliferación a los que nos hemos debido ir acostumbrando. Basta reparar en las muertes por enfrentamientos, ocurridas en las canchas de futbol, el excesivo y desproporcionado crecimiento de la violencia casera (entre familiares y amigos), destacándose la violencia de género, la que hoy cobra un asombroso número de víctimas entre las llamadas "mujeres golpeadas" o la violencia callejera en manos de la adolescencia, representada por jóvenes cuyas edades nos producen escalofrío; para advertir que en los últimos tiempos algo ha cambiado mucho entre nosotros y en nuestro propio detrimento.

Dejando a un lado los crímenes, la delincuencia, las guerras y otros factores de violencia que siempre han existido, no podemos dejar de mencionar el fenómeno de la aparición masiva en todo el mundo del método "kamikaze" o "bomba humana", que si bien ha existido anteriormente, nunca se había manifestado en las proporciones a las que llega en nuestros días.

La carrera armamentista, el desarrollo y evolución del poder nuclear, químico y biológico nos utiliza a todos los seres humanos de títeres, dependiendo de la salud mental de algunos pocos líderes que decidirán si continuamos con vida o no, según se les ocurra mover los piolines de los cuales nos sujetan, en un sentido o en otro.

* Miembro de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana (AIELC).
* Miembro de Escritores Club (Agrupación de Escritores Independientes de Habla Hispana).
* Asesor de la Academia Filosófica Hebrea "Sinaí".


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Zurriagazos al lomo ciudadano

  • Los 800 millones de la fianza de Bankia, también los pagamos entre todos.

Las trampas del lenguaje son cada día más sofisticadas. La caja común, el conocido erario público adónde van a parar nuestros impuestos y los rendimientos de la producción y del patrimonio que son de todos, va sumando nombres, cajas, cajitas, órganos y organillos, con los que llegado el caso pretenden y consiguen despistarnos.

            Veamos el caso Bankia. En origen una caja de ahorros con los privilegios fiscales correspondientes porque repartían dineros en la llamada Obra Social, resultó ser un nido de tejemanejes por parte de políticos y sindicatos para repartirse la buena vida de los consejos de administración y cambalachear en la autoadjudicación de créditos incobrables, dejando miguillas de la obra social para mobiliario de jardín y juegos infantiles en los pueblitos que se conforman con poco y aplauden mucho.

            La Caja Madrid se fue de vareta, se llenó de expolíticos, políticos, sindicalistas con bozal y otros amiguetes que no se denunciaban unos a otros porque todos estaban hasta el cuello, y así, cuántas más uvas comía el ciego, más pillaba el Lazarillo. Aquél avispero de ladrones estalló y sigue, sigue sin parar de arrebatarnos bienestar para tapar el todavía inconmensurable cráter relleno de casi todos los delitos económicos conocidos.

            Lo sorprendente es, que salga el sol por donde quiera, los ladrones institucionales de guante blanco tiene tan bien hechas las leyes que siguen trabajando y sin entrar en la cárcel. El presunto estafador y administrador desleal, Rodrigo Rato, ha sido fichado por grandes bancos y  megaempresas, parece que valorando sus dotes y cualidades de limpiarnos el bolsillo de una u otra manera, y ahí sigue sin inhabilitación preventiva, ni cárcel, ni limitación alguna, solo le falta sacarnos la lengua. Lección de supervivencia, de ser mangante, a lo grande; si robas chuches, a la trena.

           Además del multimillonario rescate de Bankia que nos dejó las cuentas en las cuerdas, ahora tenemos que poner una fianza también millonaria para responder del mal hacer de toda la pirámide de tragadores. Y,  se arrima al mismo lomo, el de los ciudadanos de a pie que sufrimos los recortes. Lo curioso es que lo explican tan ladinamente que parece que lo pagan otros, dicen: el FROB,  BFA, Bankia, el Estado. Esos y muchos más somos nosotros, nos llaman así, pero en realidad somos únicos, los pringaos.




A vuela pluma
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Homenaje a Javier Cortés

Queridos amigos, Querido Javier: En alguna de nuestras visitas a La Olmeda, escuché de ti que el señor de aquella villa fue un Senador, romano naturalmente. Si ello hubiera sido así, no deja de ser curioso que 1700 años después otro Senador, éste por Palencia, sea hoy el encargado de ofrecerte este homenaje, tan relacionado con la vida de mi colega.



No sé si habrás podido comprobar ese extremo relativo a la personalidad del señor de la villa, me imagino que será muy difícil documentarlo, como vosotros decís. Para mí este es un fallo de lo que pudiéramos llamar "tecnología vital", o una inexplicable imprevisión del Creador, porque, si bien contamos con sangre roja para los villanos y azul para la nobleza, que yo sepa, los huesos que son de nuestros cuerpos lo más permanente, lo que de referencia material queda de nosotros en el reposo de los siglos, nuestros huesos, digo, no tienen color, mejor dicho, son todos del mismo, tanto los de los colonos como los de los señores. De haber sido unos blancos, otros rojos, otros azules y otros verdes, por ejemplo, los arqueólogos habríais tenido resueltos muchos problemas de identificación en los enterramientos que descubrís. Así, ahora por ejemplo, podríamos saber si esa costilla o aquel fémur pertenecieron a un villano o a un Senador del Imperio que acabó con sus huesos ahí en la Vega.

Algo sé de estas tribulaciones arqueológicas porque también hice mis excavaciones como furtivo en las laderas del castillo, donde, naturalmente, no encontré más que huesos y todos del mismo color. Mis tías, Josefa y Serviliana, que me los descubrieron escondidos en la tenada, después de santiguarse siete veces y de llamarme judío, llegaron a la conclusión de que debían ser huesos de moros, dado el color oscuro. El ser de moros y no cristianos añadía un morbo especial al hallazgo y tuve que deshacerme de ellos, amén de someterme a una especie de exorcismo, con invocación, claro está, a la Virgen del Valle, para que me salieron los demonios morunosos del cuerpo. Así acabó mi precoz y corta experiencia arqueológica.

Como por los por huesos, Javier, no lo vas a poder saber, en la duda me quedo con la hipótesis de que el fémur en cuestión pudiera ser de un Senador aunque no esté coloreado. Necesito que así sea porque quiero en nombre de aquel colega además de en el mio propio, ofrecerte y unirme a este merecidísimo homenaje. Aquí está tu pueblo, tu Saldaña y su comarca que te dirán, por boca del Señor alcalde, lo orgullosos que estamos de ti; por mi parte estoy encantado de atribuirme la representación del Senado romano. Estoy seguro de que estén donde estén sus huesos, se habrán conmovido, como se está conmoviendo de emoción nuestro esqueleto entero en este acto.

Queridos saldañeses, no voy a descubriros nada que vosotros no sepáis de Javier Cortés. Pocas veces se podría decir con más propiedad que vosotros tenéis de él un conocimiento más cabal que el que yo pueda tener; pero suele ocurrir que la proximidad tiende a trivializar los hechos y las conductas más extraordinarios, los más ejemplares. Por eso mi testimonio de saldañés en el exilio, un saldañés de huesos blancos y admirando con perspectiva la vida y la obra de Javier Cortés.

Javier es para mí un asceta a quien le fue dada la Vega para que hundiera en su tierra la reja de su fe, en ella y en sus pobladores. Con esa herramienta espiritual, y con la casualidad que nunca niega Dios a quienes la buscan y la trabajan, Javier hizo el gran descubrimiento de la primera piedra de una ruina culta que estaba enterrada. Alumbró así la Villa de La Olmeda que ha permitido reconstruir la peripecia en Hispania de un
romano ilustre, e iluminar con ello la historia de la meseta romana.

Permitidme una brevisima puesta en escena de lo descubierto por Javier.

La región vacía que ocupaba principalmente las tierras de nuestra actual provincia, era eminentemente agrícola, como lo es ahora, antes de ser conquistada por Roma; se cosechaban ya en ella excelentes y abundantes cereales; de entonces nos han llegado el trillo (tribulum) y los graneros.

Aunque la conquista romana debió de herir profundamente a la vitalidad hispana, es preciso reconocer que los romanos aportaron mejores técnicas, racionalizaron los cultivos y salpicaron los lugares más propicios con una red de Villas como sistema idóneo para la explotación de la tierra cultivable. Las de nuestro entorno -La Olmeda, Quintanilla, Añoza, Villatoquite, ...- son patrimonio intelectual de Javier Cortés.

Él es ahora su verdadero señor por virtud o de su descubrimiento o de su desprendimiento, y, en todo caso, de sus afanes. La villa como idea, es el antecedente de la casona, de la casa grande, llena de buen gusto y empapada de la autoridad del dueño, en medio del campo cultivado; no hubo villas en baldíos.

Las rodeaba un campo adecuado y fértil, llano, a la ribera de un río; y las comunicaba una calzada por la que exportaba sus productos y recibía los beneficios. Las vías y las calzadas de itinerario de Antonio o del Anónimo de Ravena, fueron los medios de penetración e implantación de formas de vida y de modelos económicos, técnicos y culturales, cuyo conjunto constituye lo que se conoce como la romanización de los pueblos peninsulares prerromanos, cuyas ciudades a diferencia de las villas, estaban situadas en lugares estratégicos, rodeadas de sólidas murallas que encerraban viviendas rústicas para un pueblo rudo.

Dos siglos antes de Cristo necesitó Roma para llegar a someter a los diversos pueblos hispanos con la ayuda de los primeros vencidos y captados, lo cual debió acentuar los rasgos vigorosos de las primeras formas de los hispanos nativos. La hispania primitiva era el confín de la tierra, de una tierra áspera y de comunicaciones muy difíciles, de la que los historiadores y geógrafos griegos y romanos empezaron a hablar cuando su pueblo, al que me vengo refiriendo, era ya milenario. A este pueblo le había tocado ocupar o defender este extremo del mundo conocido y esta circunstancia determinó  según D. Claudio Sánchez Albornoz que fuese: "ávido de aventuras, amador de libertad, sufridor de dolores y fatigas, gustador de caudillaje, nada razonador, xenófobo, acerado, orgulloso, ariscado, bravo, impulsivo y vehemente". No pudo ser de otra manera el nieto de las comunidades más audaces, más inquietas, del mundo antiguo.

Pero, insisto, la dominación de Roma fue fecunda y muy importante para que se hiciera lo que fuera España: favoreció el contacto entre culturas diferentes, la relación entre personas de distinta procedencia, e inspiró la unidad superior de Hispania mediante la creación de Instituciones.

El largo señorío de Roma, que duró aproximadamente cinco siglos, dejó entre otras cosas, la huella casi insuperable de sus textos de Derecho, la de sus obras públicas, la de sus villas con todo su significado.

Sirva esta referencia para que cuando volváis a visitar La Olmeda, amigos, os asoméis a La Morterona, tratéis de recrear su momento en la historia; que penséis en sus protagonistas y en sus circunstancias, en sus artes, en sus materiales, ... Preguntaos cómo sería esta Vega, esta campiña. Acaso las cárcavas de las cuestas de Relea y del Castillo -que no sería más que uno de tantos sitios- no estarían aún corroídas por los aguaceros. ¿Qué habría cuando no hubo pinos? ¿Habría en la ribera, verderas o plantíos, o habría árboles recios?
Prescindid del puente, de la barbacana, de los gaviones y tened vías de piedra, volved al carro y caballo. Escuchad en la fronda el grito de la res en celo; dejad a oscuras el campo, y en silencio como cuando el señor mandara... Situaros a más en roble una Virgen que reinaría en esta comarca.

Al volver en sí de aquel momento y os encontréis con la realidad tangible de esta Saldaña, enlazada, por la sangre de sucesivas generaciones, con aquella recreada que produjo el hecho histórico de La Olmeda, cuando volváis a encontraros con vosotros mismos haced el propósito de trabajar tanto y tan bien como lo hicieron nuestros antepasados. A los más próximos los tenéis todos, estoy seguro, en una fotografía de familia como la que yo he contemplado con especial atención estos días. En ella nuestros abuelos, nuestros padres, nuestros tíos y una canalla que cuesta identificar están dispuestos jerárquicamente -como debe ser- alrededor de los patriarcas en mi caso Isabel y Tomás.

La fotografía, como recordareis, se tomaba en el corral. El piso de tierra, paja y cagalitas, se cubría con mantas de labor, la tapia con una colcha; los personajes también se cubrían de pies a cabeza con un paño negro y faldas de fiesta y con lino blanco en camisas, puntillas, puñetas y lazos. Allí no había más carne al aire que la cara y las manos; ni en los niños - la canalla- que gastaban medias de punto y faldas largas pero enseñando las enaguas. Botas altas para todos; para ellas abotonadas con la horquilla.

Probablemente os estaréis preguntando a qué viene en esta ocasión este comentario. Verdaderamente puede que me haya pasado; pero viene a cuento porque en el mosaico de Aquiles que descubriera Javier aparecen en unos medallones de la cenefa los que se piensa que pudieran ser retratos de los señores y parientes de la Villa. No quiero decir que los personajes allí representados tengan parecido físico con los de mi fotografía, pero sí antropológico. Mi tío Epifanio, mi tía Seviliana y mi tía Secundina tienen nombre y faz de romanos ilustres, eso es evidente. Y digo más: a juzgar por los retratos de tu villa, querido Javier, que más hubieran querido sus señores que parecerse a mi madre y a mis rudos tíos.

Lo que quiero decir con ésto es que tu descubrimiento, Javier, además de ser intrínsecamente hermoso es como un eslabón perdido y recuperado de una cadena de acontecimientos -la historia- que a veces se nos ocultan pero que nunca se interrumpen.

Gracias ascético Javier por habernos descubierto que hace 1600 años hubo una Palencia romana creadora, culta. Gracias por tu permanente lección en la que uno no sabe qué apreciar más si tu dedicación, si tu sabiduría, si tu humildad o si tu liberalidad. Nos tienes admirados.

Yo creo, amigos, que con este acto hemos formalizado el casamiento siempre difícil de un buen partido soltero Hijo Predilecto de Saldaña, con Doña Olmeda, la Villa predilecta de la Castilla romana.

Que tengas muchas villas más.





Felipe Calvo, humanista palentino. 
Ensayos y escritos en "Curiosón".

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Libro de costumbres

TERCERA EDICIÓN



El día 12 de diciembre de 1859, a las siete y treinta minutos de la mañana, le nacía un hijo de su mujer legítima al cirujano de Támara, un pueblecito de noventa vecinos situado en la provincia de Palencia, y del cual no tienen la más leve noticia los demás habitantes del mundo.


Así recupera la profesora Beatriz Quintana Jato la palabra de Sinesio Delgado, un costumbrista noventa y nueve años mayor que yo, con clara ascendencia montañesa por su lado paterno, que mira con añoranza y arrojo hacia el ayer de sus días, volcado en el empeño de valorar lo que fue quedando en el pasado, un tiempo de juegos y costumbres que hoy nos sirve a sus paisanos de alimento.

Nace esta colaboración con una pretensión muy parecida: volver la mirada hacia esa puerta por la que cruzamos, mostrar a nuestros hijos aquellos caminos; vislumbrar aquellos rostros que a nuestros ojos infantiles habían ganado sobradamente el cielo vadeando los desiguales prados, sembrando la avena en primavera, en cuanto el sol abría los brazos, en las tierras ligeras (se dice de las tierras que se dejan descansar desde septiembre a marzo), recogiendo los frutos, remendando las huertas con las mejores artes del cestero.

No sé bien si por la edad o por la lejanía, me motivan aquellas historias que ya me impresionaron siendo joven, como el hecho natural del aprovisionamiento, cuando los carreteros purriegos venían a cargar sus sacos de trigo y sus cubas de vino a Castilla, dejando sus cebillas y garaujas de apeas, engordando de ese modo –dicen los costumbristas càntabros– su rico cancionero.

Hace sesenta años dejó huella por el norte el cardador de Santibáñez de Ecla, que venía desde Prádanos de Ojeda a ofrecer su servicio por los pueblos, dejando en el mejor punto la lana que luego se encargaban de hilar nuestras mujeres. Esta labor, que para él suponía cuatro o cinco meses de trabajo, le reportaba pingües beneficios, como lo demuestra el hecho de aquella anécdota que llegó hasta nosotros: “Tío Tonino, …me tiene que enseñar el oficio –le pidió un día, seguramente en bromas, un mozo del lugar–. Pues no andas descaminado, porque en la temporada de cardar tenías pa un jato cojonudo”. 

Yo asistí, y creo que tomé parte alguna vez, en aquel hábito de varear la lana. La lana, extendida en un tablero y los miembros de la familia “arreando estopa” con una vara de avellano. Antiguamente, en algunas casas, una vez que el trillo lo había sobado bien, se ponía debajo del colchón de lana un jergón, elaborado con paja de centeno o de maiz, fórmula que al decir de las gentes disimulaba mejor la lana y ayudaba al descanso. Cuando la paja se iba moliendo con el uso, lo quitaban y colocaban otro nuevo. Cuentan a este respecto lo que le ocurrió a una pareja de Polentinos que emigró al extranjero recién casada. Después de algunos años, volvieron, compraron un terreno, edificaron una casa y el dinero que les sobró lo metieron en un jergón de aquellos. Un día, pasado el tiempo, pensaron en cambiarlo echando el viejo al cubil de los cerdos, olvidando en un principio que con aquel gesto estaban tirando us ahorros. La historia acabó bien, porque, aunque rotos y pisoteados por los animales, Juan Lores e Isabel recuperaron su dinero y pudieron dormir a pierna suelta en jergón nuevo.

Como quien encuentra un billete en un bolso de su chaqueta o entre las pastas de un viejo libro, yo paladeo estos episodios, repaso con más intuición que documento los pequeños enigmas, que son tentáculos que van fortaleciéndose en tu cerebro a medida que transcurren los días. No hay pretensión de ningún tipo en esto. Noto como si me invadiera un extraño reposo. Converso con ustedes, que ya es mucho. Pergueño una vereda que nos conduzca hacia la historia de aquellas gentes, deudos como son de nuestras vidas.

@De la sección del autor "Vuelta a los Orígenes", en Diario Palentino, 26 de abril de 2000.
Imagen: Editorial Aruz, tercera edición del libro de Froilán de Lózar: "Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería", Julio de 2014






Cuaderno de @Froilán
De la sección del autor "La Madeja", para "Diario Palentino" y Globedia.

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